Querido Jack…

Querido Jack:

25 Cervezas en dos horas.

Quien iría a pensar que ello fuera posible. Yo, por lo menos, nunca había visto algo así y, desde aquel día nunca he vuelto a ver algo similar. Es una de esas historias que uno va a recordar durante toda la vida. Porque las mejores amistades se construyen con base en este tipo de hazañas, aquellas que quizá para muchos no tienen mucho sentido, pero para quien las vive se convierten en parte de una narrativa que adquiere tintes épicos. Lo impresionante no fue solamente el hecho de que hayas bebido tal cantidad de latas de cerveza sino todo el contexto: fue en el asiento de atrás del legendario Caribe amarillo de Fabio, en un viaje memorable a la mitad de la nada yucateca y con varios amigos de esos que duran toda la vida. Jamás voy a olvidar la cara de Snake cuando abrió la nevera que contenía el preciado líquido y se dio cuenta que la mitad del arsenal que habíamos preparado para el fin de semana fue bebido con singular prestancia por una sola persona. Lo más increíble: después jugaste “pintamonos” con alegría y a la mañana siguiente te levantaste y subiste la pirámide de la zona arqueológica de Ek Balam como un verdadero campeón. Eso sí, le pagaste a un tricitaxi para que te regresara al estacionamiento porque tu hazaña había rebasado todos los límites humanamente posibles.

Es una anécdota increíble que siempre, tal y como sucede ahora, me saca una auténtica carcajada. Lo mejor de todo, mi estimado amigo, es que muchas de nuestras vivencias juntos tienen esa capacidad: la de generar felicidad al regresar de los baúles más recónditos de la memoria.

Y es que 25 Cervezas en dos horas…aún me maravillo de ese hecho….

Querido Jack:

No puedo recordar exactamente cuando nos conocimos porque parece ser que fue en otra vida. Ya sabes, aquella vida antes de que llegaran las cuentas por pagar. Esa en la que lo más importante es ser feliz. Tal vez yo tendría unos 12 o 13 o años y tu 15 o 16, que más da. Pero lo que evidentemente recuerdo es el lugar: el Campamento Porvenir. Aquel sitio tan lleno de magia y que está ubicado en una de las playas más hermosas del estado de Yucatán y al que íbamos, supuestamente, para aprender a ser buenos cristianos. Pero en plena adolescencia lo que menos nos importaba era recetar versos bíblicos de memoria. Lo importante era pasársela bien y, en la medida de lo posible, evitar cualquier actividad de carácter religioso porque – seamos sinceros – nos parecían enormemente aburridas. Lo que no nos parecía aburrido era la enorme diversión que encontramos en compañía de esa bandita tan especial y tan selecta de amigos que armamos en esos años. Ese “club”, como le llegó a llamar el buen Marcos Celis, al que no cualquiera tenía acceso. Sí, éramos un poco mamones y lo más chistoso es que nos regodeamos en ello mientras tratábamos de convertirnos en los dueños del lugar.

Lo que si recuerdo es que en aquellos años lucías una rockera melena y ambos carecíamos de esas protuberancias abdominales que después hicieron un juramento de fidelidad hacía nosotros y se convirtieron en compañeras inseparables. ¡Que tiempos amigo!, en aquel primer campamento en el que coincidimos te sacaron a los tres días porque según fuiste demasiado indisciplinado. Los mojigatos directores de la actividad se asustaron por que llevabas un cigarro, ¡Un cigarro! como si con ello se iban a cerrar las puertas del cielo para ti y para todos los que nos hicimos tus compañeros de parranda campera. Creo que estuviste vetado un año del Campamento y cuando regresaste…te sacaron de nuevo. No puedo parar de reír al recordar eso, porque yo o alguien más podíamos portarnos mal y al que terminaban sacando era a ti. Después las aguas se calmaron un poco y durante los años siguientes lograste llegar hasta la última noche no sin antes ser coronado como el más feo del campamento (sí tu ganaste aunque después no quisieras recordar que fuiste el acreedor del preciado título), terminar liado a empujones con el legendario SoPoncio de la Ponzoneta Ponzoña, y haberte confundido al lavarte el cabello y en lugar de shampoo haberlo hecho con un bronceador y culpar a Fabio por el error que te pegó el pelo por toda una semana.

Mientras escribo pienso un poco en que Porvenir y en como su aislamiento del exterior tenía la capacidad de generar amistades duraderas, algunas de ellas completa y totalmente inagotables. La nuestra fue de esas. Es curioso porque varios años después regresamos como parte del equipo organizador de un campamento. Estábamos a punto de entrar a la treintena de años, y mientras el director de la actividad se paralizaba ante los problemas que se presentaban tomando su guitarra en lugar de buscar soluciones, comprendimos mucho mejor a los jóvenes y adolescentes que formaron parte de ese único campamento en el que estuvimos del otro lado. Algo habíamos aprendido ya de la vida y algo pudimos comunicar a los chicos. Fue también un tiempo inolvidable y que creo acercó más a los pocos miembros del club que estuvimos ahí.

Querido Jack:

¿Cómo olvidar aquellas mañanas y/o aquellas tardes en tu tienda del centro? Cuando yo era feliz trabajando en la radio universitaria y, mientras hacía alguna pausa en el trabajo, caminaba un par de cuadras hasta la calle 61 para tomar algo contigo en tu negocio. Esa tienda por la que desfilaban una gran parte de los personajes que transitan diariamente en el centro de Mérida y que nos hacían reír montones. Nunca vi una galería tan diversa y tan bizarra de tipos que pululaban por la tienda para refrescarse, comerciar algún tipo de vianda callejera o incluso ayudarte a  vender guayaberas a algún despistado turista. Para ellos y para nosotros fue una tragedia cuando decidiste cerrar la tienda, independizarte y mudarte a otra parte de la ciudad. Creo que el centro perdió uno de sus lugares más emblemáticos y jocosos. Sin embargo las risas que ahí se produjeron seguramente aún resuenen en el local donde alguna vez dejaste huella sin importar que negocio sea el que lo ocupe ahora.

Querido Jack:

Siempre admiré la manera como te metiste luego en tu negocio. Te convertiste en un auténtico experto de las guayaberas y llevaste la prenda a muchas latitudes. Creo que hoy muchos de los que se dedican a fabricarlas en Yucatán te deben mucho aunque tu marca no tenga tanto tiempo en el mercado. Estoy seguro que esa fue la mejor etapa de tu vida tanto en lo profesional como en lo personal. Fue justo cuando conociste a tu pareja perfecta y junto a ella construyeron algo más que un simple negocio: construyeron un gran proyecto. Lo mejor es que tuviste la oportunidad de verlo desarrollarse y crecer, de cumplir tu sueño y eso es algo que muy pocos logran. Siempre estaré agradecido porque en aquellos años patrocinaste algunos de mis  propios proyectos profesionales mostrándote solidario y completamente desinteresado. Fueron grandiosos días de esas fiestas en el “monasterio”, de las noches de parranda en todos los antros meridanos (inolvidables aquellos reventones en “Barroco”), de viajes a la Rivera Maya con amigos que se fueron convirtiendo también en entrañables y de aprovechar cualquier excusa para encontrarnos y compartir más risas. Por aquel entonces tuve el gran honor de ser testigo de tu boda (luciendo una impecable guayabera de JK) y de ver como salías del altar acompañado de la mujer de tu vida. Que afortunado fuiste mi amigo y que afortunados todos lo que estuvimos mirando a un lado del camino como te convertías en el esposo, padre y empresario que siempre quisiste ser.

Querido Jack:

Lamentablemente el tiempo y la distancia a veces nos cobran facturas. Yo me mudé a otra ciudad y tu decidiste pasar más momentos en compañía de tu nueva familia. Eso hizo que nuestros encuentros fueran más espaciados. Pero siempre que nos veíamos era como el quitar la pausa del tiempo y reiniciar la película de nuestra amistad.

Por ello me sorprendí mucho cuando me enteré de tu problemas de salud y de como pronto tu situación se agravó. Porque creo que alguien como tú no merecía pasar por lo que al final tuvo que pasar, más cuando te hallabas en la plenitud profesional y personal. Me hubiera gustado mucho verte antes de tu partida, pero decidiste que los últimos momentos en el planeta los ibas a pasar solamente en compañía de tu familia y yo respeté esa decisión. Porque creo que la amistad verdadera se sustenta en el respeto y el soporte de las decisiones que uno u otro tomen aunque no necesariamente se esté de acuerdo con ellas. Lamento profundamente no haberte podido dar un último abrazo, compartir contigo una última anécdota, una última discusión, una última carcajada…pero así fueron las cosas. Hoy me entristece brutalmente tu partida hacía las estrellas pero me quedo con tu mejor imagen: la del tipo bonachón, simpático, siempre dispuesto a ayudar y a pasar buenos momentos con los muchos amigos que tuviste en tu transitar por este mundo. Soy muy afortunado de haber sido parte de ellos.

Querido Jack:

En toda esta misiva, mi hermano, hay una palabra que se repite: risas. Hoy estoy realmente triste por todo lo ocurrido pero no he podido dejar de reír al recordar tantas cosas vividas a través de tantos años. La huella más grande que dejaste amigo fue esa: tu capacidad para generar alegría en todos los que te rodeaban. Alguien escribía hoy en mi Face que la verdadera inmortalidad recae en el recuerdo de los momentos vividos, no podría estar más de acuerdo. Vas a vivir por siempre en la memoria de todos cuantos te conocimos y por ello nunca te vas a ir, siempre estarás presente en cada reunión, en cada historia que recordemos, en cada cerveza que destapemos, ahí vas a estar, siempre. Nosotros nos encargaremos de aquí se sea.

Me queda nada más decirte: adiós mi querida Libélula. Vas a convertirte muy pronto en parte del polvo estelar que se mantiene fluyendo infinitamente en el universo. Vas a subir hacía las estrellas a las que son generadoras de toda la vida y desde ahí formarás parte de la eternidad universal. El mundo es un poco peor porque ya no estás hoy en él. Pero qué le hacemos: así es la vida, siempre la vida, esa que a veces sigue como muchas de las cosas que no tienen sentido.

PS…¿Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo?, 
racatapun chinchin el gallo sube, 
echa su polvorete racatapun chinchin 
y él se sacude…la cantabas como nadie…

…25 Cervezas en dos horas…

 

 

 

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

De Blade Runner 2049…

Seven Readers!!!…

 I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser gate. All those moments will be lost in time… like tears in rain… Time to die.

Roy Batty

Blade Runner, 1982

La anterior es una de las mejores líneas en la historia del cine, una con un enorme significado existencial y filosófico porque se refiere a lo que somos los seres humanos: lágrimas que se pierden en la lluvia, que se pierden en la nada junto a todo lo que somos, todo lo que hemos visto y que forma parte de nuestra memoria. Todo se desvanece en un fluido existencial que forma parte de un río infinito que va corriendo por un universo al que le somos completa y totalmente indiferentes en el que nos sentimos únicos y especiales.

Esa alusión al constante fluir de la humanidad y la manera como nos perdemos en la infinidad cuando dejamos de ser, era fundamental en Blade Runner de Ridley Scott y lo sigue siendo en Blade Runner 2049 de Dennis Villenueve. Pero en la secuela resulta aún más explícita, porque en los momentos más importantes del filme el agua está presente, siempre como una liga a aquella frase – como una metáfora de lo que somos – pero también como generadora de vida y como un ente capaz de terminarla. Todo ello crea una relación constante con el universo del primer filme pero a la vez  va generando una simbología propia, creando nuevos sentidos en el espectador y maquinando un universo propio y particular.

Scott imaginó a la primera película en un año 2019 que ahora está muy cercano. En su Blade Runner las ciudades se habían convertido en espacios decadentes y superpoblados, en los que los autos volaban y la industria había desarrollado a los replicantes, esos humanoides esclavizados que servían al ser humano en más de un sentido y que habían iniciado una revolución al adquirir el principal rasgo que diferencia al hombre del resto de las especies conocidas en el planeta: la conciencia de existir. Por ello se habían convertido en un peligro, pues por su fuerza física superior en determinado momento podían revelarse en contra de sus creadores. Uno de los retos de Villenueve era continuar con esa concepción que se tenía del futuro en 1982 y dotarla de credibilidad para una audiencia que está por llegar al año 2019 sin que muchas de las cosas que planteaba Scott vayan a suceder. Pero es lo suficientemente inteligente para hacer creíble tal situación al mencionar un “colapso en los ecosistemas”, algo de lo que ya comienza a hablarse como una realidad a dos años de llegar al mítico 2019 del filme. Ello hace que el espectador no dude ni por un instante que el mundo dentro de 30 años será un mundo desértico, sombrío, caótico, falto de árboles y animales y con ciudades que han sido abandonadas porque ya no representan una alternativa de vida para la humanidad, mientras que las que existen son espacios impersonales, grises y claustrofóbicos. Es un mundo ideal para que Villenueve reflexione sobre la humanidad, sobre su existencia y sobre todo aquello que la hace posible.

De manera paradójica esa reflexión no viene a partir de los personajes humanos del filme, sino a partir de un replicante: el agente K (Ryan Gosling, extraordinario). Un policía cuya misión es destruir a los replicantes de primera generación que han adquirido conciencia de su existencia y que por lo tanto representan una amenaza para la humanidad. K, se dedica a su labor pero en su interior existe un deseo reprimido de humanizarse como respuesta a un vacío existencial que poco a poco se ha ido formando en su interior. Ello es evidente en una de las primeras secuencias del filme cuando, en el medio del un lugar árido, se encuentra con una flor que había logrado sobrevivir en el sitio. K parece maravillarse con el hecho y la contempla tratando de entender como una planta puede intentar aferrarse a la vida el más hostil de los ambientes. Mira a la lucha de la flor como una metáfora de su propia existencia pues el contexto en el que un replicante se desenvuelve es completamente adverso para cualquiera de sus mismo tipo pues es despreciado por los humanos, pero también por los replicantes los que persigue constantemente. K tiene un sentido del deber con el trabajo para el que fue creado pero ello no le impide cuestionarse sobre las razones de su propio de ser. Y esos cuestionamientos llegan a partir de tres vías: un complicado caso policíaco en el que tendrá que encontrar a un replicante con características muy particulares y eliminarlo, los recuerdos que le han sido implantados y que alcanzan un alto grado de realidad al punto de que K comienza a cuestionar si realmente se trata de implantes y el amor que siente por Joi (Ana de Armas) un programa de inteligencia artificial que es capaz de generar un holograma real de una mujer.

Estamos entonces a partir de tres hechos que son propios de la experiencia humana: el trabajo, la memoria y el amor. Lo que hará de manera muy inteligente y emotiva el guión de Hampton Fancher y Michael Green, es entrelazar esas características propias de lo humano a partir de la empatía que K comienza a desarrollar por las tres y por todos aquellos que se ven involucrados en la mismas. Es cuando surgen las mejores preguntas de todo el filme: ¿somos humanos porque desarrollamos actividades únicas en el universo, acaso podemos perder esa parte de nuestra humanidad si logramos inventar a entes que sustituyan a los hombres y mujeres en tales actividades?, ¿somos humanos porque somos capaces de recordar, por que poseemos una memoria que inevitablemente está ligada a sentimientos, a sensaciones y a personas con las que nos encontramos en el camino?, ¿o somos humanos porque desarrollamos la capacidad de amar, de ese sentimiento único que nos lleva a hacer cosas que tal vez sin el mismo podríamos considerar como imposibles como lo es el hecho de dar la vida por alguien?. Las respuestas que plantea Villenueve en el filme pueden llegar a ser dolorosas, ¿pero no es acaso el dolor también parte de la propia experiencia humana?.

Villenueve va a englobar todas esas preguntas con una soberbia y lírica imaginaría visual. A través del espléndido trabajo cinematográfico de Roger Deakins y del diseño de arte de David Doran, Bence Erdelyi y Lydia Fry, el director franco-canadiense es capaz de presentar planos profundamente hermosos a pesar de que retratan a un mundo gris, oscuro y cuya única tonalidad diferente viene de un profundo desierto naranja o en un complejo industrial en el que los tonos negros y amarillos se mezclan generando una atmósfera minimalista y apabullante. Para profundizar en ello contará con la extraordinaria partitura de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch compuesta con base en sintetizadores pero que también marca una distancia importante con la que Vangelis compusiera para el primer filme. Todo lo anterior implica un uso en extremo artístico del lenguaje audiovisual en el que cada plano tiene una vida propia pero que, a partir del montaje de Joe Walker, adquieren un nuevo sentido, una narrativa única que le da vida un filme cuyas imágenes son sonora y visualmente espectaculares y que siempre están al servicio de una historia contada con gran exquisitez.

Muchos tenían dudas sobre la secuela de un filme tan importante, tan influyente y tan querido como Blade Runner. En lo particular yo no dudaba de Villenueve sobre todo después de haber visto lo que hizo anteriormente en la maravillosa Arrival. Y si en aquel filme el director ya era capaz de generar una historia en la que la memoria y el lenguaje jugaban un papel vital en la vida de los seres humanos, ahora expande su capacidad de cuestionamiento sobre temas inherentes al proceso de construcción de la humanidad. Blade Runner 2049 se plantea que somos cuerpo, pensamientos, recuerdos; somos emociones y tenemos la capacidad de representarlas a través del lenguaje pero también de nuestras acciones. El filme va a ahondar en nuestras características humanas en un mundo imaginado, con una otredad imaginada (los replicantes) y en el género que mayor capacidad de reflexión tiene sobre todas estas cosas: la ciencia ficción. Blade Runner 2049 es una magistral lección de cine, de un cine espectacular, dotado de una gran dosis de humanismo, de expresividad, de emotividad. Es un espejo en el que podemos mirarnos cada vez que nos queramos preguntar que es aquello que nos define como especie.

Una Obra Maestra, un auténtico logro.

Así las cosas hoy martes…

Salud Pues……

 

Posted in Obras Maestras, Maravillas, Cine | Tagged , , , | Leave a comment

De 10 Canciones Para Conducir…

Seven Readers!!…

Uno de los mejores inventos del hombre ha sido el autoestéreo. No sé quien tuvo la genial idea de que manejar sería mejor con música pero evidentemente tenía mucha razón. Los equipos de sonido para el automóvil son indispensables y es prácticamente inconcebible que un vehículo que no lo posea. Esa unión del volante con la música se ha convertido en algo especial, mágico. Los dispositivos personalizados que sustituyeron a la radio permiten que uno pueda elegir la música de su preferencia para acompañar al trayecto en el carro. Por supuesto que se puede elegir música al azar y dejar que sea cualquier cosa la que suene en las bocinas del auto, pero si se siguen ciertas reglas el disfrute de esa comunión entre el acto de manejar y las notas musicales puede resultar en una experiencia inigualable.

Hay factores que siempre se deben considerar al momento de elegir la música para el automóvil. Destaco a continuación algunos:

1.- La hora del día en la que uno se sube al vehículo. Esto es importante porque, por ejemplo, por las mañanas nos subimos al carro para ir a la escuela o al trabajo y la canción que elijamos puede determinar el ánimo que tendremos durante el resto del día, mientras que por la noche quizá estemos regresando a casa y necesitaremos otro tipo de música para hacer del trayecto algo que nos permita recordar u olvidar el día que hemos tenido.

2.- La distancia a recorrer. Para trayectos cortos quizá la elección se remita a una canción, mientras que para trayectos largos uno debe pensar en todo un playlist en el que se tomen en cuenta los diversos momentos que tiene el viaje pues no es igual la música que se escucha al principio del recorrido que aquella que se necesita luego de dos o tres horas de carretera.

3.- Si se va a manejar en carretera o en la ciudad. El contexto en el que uno se mueve siempre es importante pues el paisaje visual de la ciudad suele ser muy cambiante al de las carreteras por lo que la música que acompañe a uno u otro recorrido debe encajar dentro de ese contexto.

4.- Si se va sólo o con compañía. Cuando uno va sólo la elección va en consonancia con los gustos personales del conductor, pero cuando se va con compañía es importante pensar en aquellas personas que van con uno y en canciones que puedan ser de su agrado, canciones que puedan involucrarlas también en el acto de manejar, aunque es sumamente importante recalcar que la elección siempre dependerá de quien conduce pues su estado de ánimo es el más importante para llevar el trayecto a buen puerto. Esto no es una democracia.

Estas son reglas básicas que si se toman en cuenta van a hacer que se disfrute más esa combinación de ruedas con música. Una vez explicadas vamos a la lista. Aquí tienen ustedes 10 canciones que son ideales para manejar.

Band On The Run – Paul McCartney & Wings

En La Lista Por: Es una “road song” por antonomasia. Su letra habla de una banda que escapa, que toma el camino para huir, para perderse. McCartney recuperaba con la canción el sentido de libertad que sentía que había perdido en los últimos años con The Beatles y al mismo tiempo impregnaba de ese sentido a todos aquellos que escuchan el tema. Una joya.

Ideal Para: Puede funcionar perfectamente como la banda sonora para iniciar un viaje por automóvil en el que el destino solamente estará marcado por el camino. También resulta perfecta para ser la primera canción que se escuche en el día al subirse al vehículo. Cualquier playlist carretero que inicie con Band on The Run tiene muchas posibilidades de convertirse en la perfecta banda sonora para sentir esa sensación de libertad en la que puede convertirse el acto de manejar.

Hotel California – The Eagles

En La Lista Por: Don Henley ha dicho que la canción trata sobre el culto a los excesos que se vivían en la época dorada del rock. En su letra describe precisamente un viaje por carretera que termina en un misterioso hotel en el que el protagonista de la canción se ve atrapado y termina por sucumbir ante la experiencia que el recinto le ofrece. Un tema que induce a manejar largas distancias.

Ideal Para: Trayectos largos, preferentemente por la noche y en caminos angostos y libres de vehículos. Si además sobre el parabrisas caen algunas gotas de lluvia la sensación de conducir y al mismo tiempo escuchar a Felder y Walsh demostrar maestría en la guitarra el efecto producido puede ser que más estimulante.

Have A Nice Day – Stereophonics

En La Lista Por: Los galeses han escrito una extraordinaria canción sobre lo que significa el encontrarse en una ciudad nueva y extraña para al final dejarse llevar por los choques y las coincidencias culturales y disfrutarla al máximo.

Ideal Para: Ser la primera canción que uno escuche al prender el vehículo, los primeros kilómetros de recorrido van a ser mucho mejores mientras el tema suena por las bocinas. También puede funcionar si se viaja por carretera hacía un destino nuevo que ansiamos por conocer.

Que Bien – Izal

En La Lista Por: Seguramente sin proponérselo Mike Izal y su banda han escrito una canción perfecta para sentirse bien en el camino. Es imposible no dejarse llevar por esa explosión de felicidad que viene cargada en su letra y por una instrumentación rítmica y feliz que nos hace pensar que estamos ante uno de esos pequeños momentos únicos e irrepetibles que a veces, muy a veces, tiene la vida.

Ideal Para: Escucharla mientras se viaja junto a un paisaje espectacular como un bosque, un paisaje montañoso o un camino junto al mar. Puede funcionar muy bien si se viaja en compañía y los ocupantes del vehículo conocen la letra y la cantan todos al unísono, ello puede significar el preámbulo de una de esas grandes aventuras que suelen venir después de varios kilómetros de carretera junto a los amigos.

Cadillac Solitario – Loquillo & Trogloditas

En La Lista Por: Loquillo y una canción monumental. Aquí no solamente se habla del camino, sino también de la experiencia de recorrerlo en un vehículo con gran personalidad que se convierte en la nave ideal para viajar al mismo tiempo que se cuenta la historia de un amor perdido. Toda la canción es un auténtico viaje por las subidas y bajadas del desamor, del forzoso recuerdo de aquella persona a la que se quiere olvidar. Es un monumento a la dolorosa nostalgia que se va dibujando mientras transcurren el camino y sus paisajes.

Ideal Para: Ser escuchada después de una fiesta sobre todo los copilotos van con varias copas encima acompañando al sujeto que ha sido nombrado como el “conductor designado” (Es obvio decir que no debe mezclarse el alcohol con el volante). El auto se llenará de rabiosos nostálgicos que cantan a todo pulmón al mismo tiempo que van a recordar a todos sus amores pasados mientras devoran las calles de una ciudad dormida.

Heart is A Drum – Beck

En La Lista Por: Manejar también puede ser un acto relajado. Deslizarse con tranquilidad por el camino a una velocidad moderada mientras se va observando todo lo que nos rodea o simplemente cuando se va disfrutando de la comunión entre el conductor y su vehículo. Para ello nada mejor que  Beck y Heart is a Drum. Una linda y reflexiva canción sobre el viaje de la vida, los baches que se encuentran en el camino y como el corazón se mantiene siempre en sintonía con aquello que realmente es importante.

Ideal Para: Un viaje solitario por una carretera iluminada por los últimos rayos de un sol que se pierde en el horizonte. Una canción para hacer del viaje toda una experiencia cinematográfica, con grandes tomas del paisaje, tomas en close up al conductor mientras el sol se refleja en los lentes oscuros y tomas en movimiento de las ruedas del vehículo mientras va devorando la carretera. Manejar con este tema es una experiencia única.

Es Como El Día – Kevin Johansen (ft. Miranda Johansen)

En La Lista Por: Una estupenda canción para la carretera. Desde el principio de la misma los Johansen parecen invitar al escucha a subirse al vehículo con los primeros rayos del sol y disfrutar de un camino lleno de sorpresas en el que puede aparecerse de todo incluso un sorpresivo vendaval que lo único que hará será que el trayecto sea aún más interesante. Un tema bonito, sencillo y perfectamente producido.

Ideal Para: El comienzo de un viaje carretero en pareja, un viaje sin un destino concreto en el que los dos se disponen a disfrutar de lo que el camino vaya presentando. Si ambos se saben la letra y la cantan juntos la experiencia mejora mucho.

Take Your Mama – Scissor Sisters

En La Lista Por: Jake Shears el vocalista de Sccisor Sisters tenía un problema: cómo explicarle a su madre que el ser homosexual no era sinónimo de ser un reventado y un pervertido. Así que decidió escribir una canción en la que invitaba a todo aquel que decidiera salir del clóset a llevar a su respectiva progenitora de fiesta para que entendiera de que va realmente el ser gay. Lo que Shears no sabía es que la canción se iba a convertir en la perfecta banda sonora para una noche de “marcha” en cualquier parte del planeta.

Ideal Para: El inicio de cualquier recorrido previo a una noche de fiesta o antro. Es muy difícil encontrarse otra canción que caliente el ambiente en el auto tal y como lo hace esta genialidad. Cuando uno llega a la fiesta evidentemente ya se está en total y completa buena onda.

Roll On – Kid Rock

En La Lista Por: Kid Rock canta sobre todo aquello que va dejando atrás en el interminable camino de la vida. Es la historia de alguien que ha recorrido muchos kilómetros de carretera dejando recuerdos en cada pueblo, en cada ciudad que se visita y que a pesar de todo aquello que ha representado un revés sigue disfrutando al máximo del trayecto.

Ideal Para: Otro viaje por carreteras solitarias, uno en el que se busca huir de lo cotidiano para reflexionar sobre nuestro propio recorrido y todo aquello que hemos dejado atrás y lo que ha significado en nuestra vida mientras pensamos en como todo eso va influir en los caminos que nos esperan. Una gran canción para conducir con ella.

Tu Ciudad – Havalina

En La Lista Por: Una estupenda canción sobre la añoranza de conocer una ciudad que nos ha sido descrita por aquella persona a la que amamos. Sueños de viaje, sueños de carretera que se comparten y que juntan aún más a quienes han decidido viajar juntos por la vida al ritmo que ambos van marcando.

Ideal Para: Experimentar la sensación de libertad que viene intrínseca con un nuevo viaje por carretera. Una canción para sentir el viento del camino entrando por las ventanillas del auto, el sol quemando los brazos,  y disfrutar de esa felicidad de estar junto a quien se comparte los mejores viajes que la vida ofrece.

La combinación de música y el camino es perfecta. Ofrece, cada vez que se combina de manera correcta, una serie de vivencias increíbles y que, como los kilómetros recorridos, nunca jamás vuelven a repetirse.

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

Posted in Maravillas, Música, Obras Maestras, Viajes, Vida Cotidiana | Tagged , , | Leave a comment

De Breves Crónicas Habaneras…

Seven Readers!!!…

Vamos a caminar
se está poniendo el sol
y La Habana se muda
a malecón.

Vamos solos tú y yo,
atravesando G
la luna nos espera
en 23…

Ireno García

Hace ya varios años alguien me regaló un cassette en el que venía la música de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Y aunque Cuba siempre estuvo presente musicalmente en casa (Siboney, quizá fue una de las primeras canciones que le escuché cantar a mi Madre) la música de los dos representantes de la “Nueva Trova Cubana” fue la que me hizo voltear hacía un país tan cercano en términos territoriales pero desconocido para mi entonces yo adolescente. No puedo decir que mi relación de enamoramiento lejano fue igual que la sostuve desde muy temprana edad con España, pero Cuba despertó mi atención no solamente por su música sino por toda la información que llegaba de ella. Por eso trataba de entender por que Milanés cantaba que nunca pisaría tierra firme pues estaba prendido de esa Isla musical y que expedía cierta magia desde una cercana lejanía.

Desde entonces tuve el deseo de ir alguna vez a La Habana. Y siempre quise hacerlo mientras Fidel Castro estuviera en el poder. Su figura me parecía enigmática, atrayente e interesante. Con todo lo que pudiera criticarse del Comandante, su resistencia y la dignidad con la que la enarbolaba, eran algo que yo creía que tendría que vivirse desde dentro, desde las entrañas mismas de esa isla a la que revolucionó en 1959. Pero nunca pude hacerlo. Fidel se fue y yo llego a La Habana un par de años después de su partida. Pero su figura sigue presente en cada esquina de esta ciudad, en los grandes espectaculares que uno ve desde que se va adentrando en la urbe habanera. Es como si su fantasma siguiera embriagando con el humo de su puro a toda la urbe, a todos los que en ella habitan y a quienes le visitamos.

Dicen, los que aquí ya han estado, que quien viene a La Habana nunca deja de querer volver a ella. Creo que quiero volver aún sin haberme ido.


Llegué a La Habana en un domingo. Junto al hostal en el que me quedo se desarrolla una fiesta. La Charanga y el Son se cantan y se bailan a todo pulmón. Los cubanos parecen festejar como si de ello dependiera su vida. El lugar se llama Casa Balear y la primera vez que le vi no imaginé que se iba a convertir en uno de los mejores refugios habaneros. La sangría que ahí se sirve parece tener todas las respuestas a cualquier pregunta que uno tenga sobre Cuba y sobre la vida misma.

En La Habana se puede todavía fumar y beber en la calle y quizá por esas razones las dominicales arterias de esta ciudad parecen contagiarse de un ambiente festivo.  Es domingo y el bellísimo malecón de la ciudad se encuentra lleno de gente. Turistas y locales que se dejan seducir por la brisa del atlántico que ayuda a que el calor disminuya un poco. Se venden helados, raspados y cerveza, mucha cerveza que es un paliativo indispensable ante el intenso bochorno que impregna el ambiente.

 


Hay días en los que La Habana tiene un olor muy particular: a gasolina. Tal vez sea por el humo de una refinería que se encuentra en el extremo de la bahía del puerto, o porque la mayoría de los viejos automotores que circulan por sus calles despiden una buena cantidad de humo por sus tubos de escape. Hay otros días en los que la humedad y sus olores dominan el ambiente, otros en los que esos aromas son el preámbulo de una copiosa lluvia en la que el cielo parece tener prisa por derramar toda su agua acumulada para luego permitir que el sol aparezca de nuevo de manera intempestiva. A eso hay que añadirle que en esta época del año (junio) el calor tropical penetra por cada uno de los poros haciendo que la ropa se pegue al cuerpo como si estuviera llena de cinta adherente. Nadie, ni siquiera los que vivimos en tierras de un eterno verano, puede soportar la sensación de caminar bajo el astro rey cubano en días en los que parece levantarse con la intención de calentar a todo el Caribe.


George Gershwin escribió la Rapsodia en Azul en 1924. Es una de las obras fundamentales de la música clásica norteamericana. Lo es porque toma elementos netamente estadounidenses en su composición pues en la pieza se pueden identificar a los espirituales negros, al jazz y al blues. La versión para orquesta sinfónica y piano fue arreglada por otro hombre importantísimo para la música de la Unión Americana: Ferde Grofé. La pieza es fantástica y uno al escucharla no puede evitar ser transportado a ese Nueva York de ensueño de los años veinte, los años previos a la Gran Depresión, cuando la ciudad hervía en arte, talento y gente como Gershwin quien llevaba el jazz a las salas de concierto más importantes de aquella urbe que despuntaba en su versión más cosmopolita.

Pienso en lo anterior mientras salgo a tomar un poco de aire después de haber escuchado la primera parte del concierto de clausura del V Encuentro de Jóvenes Pianistas que se realiza en el Teatro José Martí de La Habana. Acabo de escuchar una impresionante versión del Concierto No.1 en Re Bémol del Ruso Sergei Prokofiev en las manos de un joven llamado Aldo López-Gavilán quien, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba bajo la batuta de Daina García, ha hecho un alarde de técnica en la interpretación de la compleja composición del ruso. Pero la Rapsodia es una pieza que, pienso, requiere no solamente de un gran dominio de la técnica clásica, sino también de la jazzística y, sobre todo, de que quien la ejecuta sea capaz de transmitir con el piano todas las emociones que Gershwin plasmó en su obra. Al término de la presentación todas mis dudas han sido despejadas. Mientras aplaudo hasta que las manos terminan doliéndome, mi cabeza no deja de pensar en que lo que hubiera sentido George Gershwin al escuchar la interpretación que se ha hecho esa noche de su obra en uno de recintos teatrales más importantes de La Habana. Si tal vez también hubiera sido de la opinión que López-Gavilán no solamente ha reflejado lo que él dibujó en su partitura, sino que le ha añadido una serie de sensaciones propias del Caribe, que ha logrado que esas calles de Nueva York que uno imagina desde que el clarinete da inicio con la obra, se hayan fundido con las de La Habana gracias a la magia que López-Gavilán posee en cada uno de los diez dedos de sus manos, El joven talento cubano ha hecho de la Rapsodia en Azul un emotivo viaje cargado de felicidad y aventura.


Todo en Cuba es una aventura. Todo. Desde el buscar un sitio público para conectarse a internet y enviar un mensaje a casa, hasta experimentar todos los sabores y modalidades que tiene el arroz para cocinarse. Es una aventura caminar por las calles de La Habana Vieja. El perderse entre sus edificios en los que conviven puerta a puerta un restaurante de lujo y la ropa tendida en los balcones de las altas y viejas casonas para que el buen sol se encargue de dejarla seca. Es una aventura el viajar por autobús dos horas hasta Viñales y maravillarse con los mogotes que forman uno de los paisajes más espectaculares del mundo. Es una aventura subirse a al mirador del mural de la prehistoria y abandonar a las rodillas en los 120 metros de escalada. Es una aventura llegar a la cima y descubrir que has sido engañado y que no existe una escalera para descender y que tendrás que hacerlo por el empinado y pedregoso camino por el que subiste. Es una aventura llegar hasta Varadero para zambullirse en el agua más transparente y colorida que uno pueda imaginar. Es una aventura buscar un lugar donde comer en Varadero, terminar montado en un carruaje de caballos que te lleva hasta un restaurante en el que la comida se ha terminado. Es una aventura caminar por 23 y comer en una pizzería de ventana una pizza cuyo sabor y precio jamás habías imaginado antes. Es una aventura entrar a un cine y escuchar a toda la gente hablando sobre la película con el mayor desparpajo posible mientras la función transcurre. Es una aventura mirar “Últimos Días en La Habana” de Fernando Pérez y reafirmar que el cine cubano sigue contando historias importantes, humanas, dolorosas, historias de un país con muchas heridas que siguen abiertas y que busca desesperadamente su cicatrización. Sí, todo en Cuba es una aventura para aquel que esté dispuesto a dejarse llevar por sus vaivenes y por una ciudad como La Habana en la que el tiempo se ha detenido como si esperara a los vientos del cambio que poco a poco comienzan a soplar en la hermosa isla.


He visto muchos atardeceres en la playa pues desde niño he pasado gran parte de mis días de vacaciones junto al mar, pero mis ojos nunca imaginaron que verían uno como el que presencié en una tarde de junio de 2017 en la fortaleza del Faro del Morro. El sol parece vestirse con sus mejores rayos para asistir a su cita diaria con el horizonte cubano. Luce gigantesco e imponente ante un mar cuyo azul va adquiriendo nuevos tintes mientras se devora a su invitado de honor hasta un punto en el que ese azul marítimo se pinta de tonalidades oscuras y  estremecedoras generando contrastes que provocan una vista cargada de arrebatadoras sensaciones. Atrás, la ciudad entera observa ese espectáculo y se funde con él en una imponente mezcla de colorido y emoción. En ese momento la gigantesca e imponente bahía de La Habana se devela con elegancia a si misma para adquirir un papel protagónico en la obra que la naturaleza ha ido pintando con el transcurrir del día, mostrando una faceta que quizá solamente es perceptible en ese sitio, en esa hora de la tarde. Se trata de una faceta llena de colores que contrastan los unos a los otros: grises, naranjas, azules, amarillos, rojos intensos, que dibujan a una ciudad en donde no existen los puntos medios y en la que se percibe una diversidad única que le brinda de una personalidad estremecedora y envolvente, la de una ciudad en la que el tiempo parece haberse detenido, como si Latinoamérica entera decidiera tomarse un respiro en esa ciudad maravilla.


Nuestra vida está llena de personas que pasan por ella. Algunas se las ingenian para hacerse de una pequeña habitación en el edificio de nuestra memoria y quedarse ahí para siempre. ¿Cómo llegan hasta ahí?, son muchas circunstancias pero quizá una de ellas es que tenemos que compartir con ellas un momento determinado generado por esas coincidencias únicas que pasan por simple accidente. En La Habana he conocido a gente maravillosa. Cubanos que orgullosos nos muestran su ciudad, su país, que hablan sobre los grandes problemas que su nación afronta mientras no pueden dejar de reflejar el gran amor que sienten por esta Isla. Latinoamericanos provenientes de Centro y Sudamérica junto a los que he caminado por las calles de La Habana observando con singular asombro la vida que pasa por una ciudad tan diferente a cada una de las nuestras, aprendiendo de ella, de su gente y entendiendo un poco mejor a nuestros países a partir de un infinito intercambio de experiencias, cervezas y muchas risas. Llegamos a La Habana siendo extraños y tengo la impresión que nos vamos de ella hermanados por esos lazos irrompibles que suelen atar y acercar a la amistad verdadera aún cuando la distancia y el tiempo medien irreparablemente entre los amigos. Pero también pienso que esos lazos son más profundos porque fueron forjados lejos de tierra firme, en una Isla que iza sus velas en el Atlántico para navegar por el planeta con la sonrisa reflejada en los horizontes que la rodean.


Habáname es una de las mejores canciones de Carlos Varela. En ella el cantautor cubano habla sobre una ciudad que ha perdido mucho con el paso del tiempo. La canción está llena de añoranza, es el canto de un hombre que contempla a una urbe cuyas ilusiones se derrumban pero que en el medio de ese derrumbe guarda un tesoro que está en la espera de ser descubierto. Varela canta con agonía a la capital cubana, pero que finalmente su canto está impregnado del dolor que muchas veces es inherente al amor más profundo y sincero. Creo que ahora, después de haber estado de La Habana entiendo mejor lo que el músico expresó en esos emotivos tres minutos. Porque uno no puede salir inmune de La Habana, porque a veces la ciudad duele pero también genera una admiración profunda y sincera, y es capaz de despertar una alegría que difícilmente pueda encontrarse en alguna otra parte del mundo.

Algún día he de volver…

Así las cosas durante aquellos días…

Salud Pues……

Posted in Ciudades, Maravillas, Viajes, Vida Cotidiana | Tagged , | 3 Comments

De los 100 años del Colegio Americano de Mérida, Yucatán…

Seven Readers!!!…

De niño siempre tuve una certeza: mi única escuela desde mi primer día de kínder hasta el último de la preparatoria iba a ser el Colegio Americano de Mérida Yucatán. Tal certidumbre tenía dos sustentos: casi todos los miembros de mi familia paterna habían estudiado en la escuela y el cariño que por ella comencé a sentir desde que entré a mi primer año en el jardín de niños.

Para mi, nunca hubo otra escuela que el Colegio Americano. En sus aulas aprendí a leer y a escribir, ahí tuve mis primeros contactos con la historia y la geografía, y ahí supe que jamás iba a ser bueno para la química o las matemáticas. En sus pasillos hice a mis primeros amigos, muchos se fueron, algunos aún permanecen conmigo. Mi vida siempre estará marcada por la escuela y por todos los años que pasé en ella.

Por eso me da mucha tristeza lo que ha pasado con la que debería ser la celebración más importante en la historia del Colegio Americano: su centenario. Llegar a tal efeméride no ha sido fácil. La historia de la escuela está marcada por hechos que la pusieron entre las mejores del estado, pero también por otros que casi le cuestan su desaparición. La crisis en la que se sumió a principios de este siglo fueron un golpe tremendo a su prestigio y las estrategias para levantarla si bien han funcionado en cierta medida no han sido suficientes para poner al Colegio en los lugares en los que debería estar en un mercado escolar yucateco cuya oferta ha crecido considerablemente.

Por lo tanto, el centenario se presentaba como el escenario ideal para no solamente reconocer los grandes aportes que el Americano tuvo para la educación yucateca en el siglo pasado, sino también para relanzar a la escuela y buscar posicionarla nuevamente en un lugar preponderante entre las escuelas tanto públicas como particulares de Mérida y Yucatán. Pero no fue así. Las razones no me son aún del todo claras pero, después de investigar un poco sobre el centenario, creo que tienen que ver con una visión miope y limitada por parte de la actual dirección del Colegio y por esa perdida de la vocación laica que siempre tuvo el colegio a pesar de haber sido fundado por misioneros presbiterianos.

La actual dirección del Colegio nunca entendió la oportunidad histórica que tenía ante sí. Nunca realizó una extensa convocatoria a ser partícipe de los festejos a ex alumnos que sienten un enorme cariño y respeto por la institución. ¿Por qué no conformó desde hace un par de años un amplio comité de celebración en el que involucrara a quienes pasaron por sus aulas, para generar un programa diverso que tuviera una réplica importante en los medios de comunicación y redes sociales?, ¿por qué no generaron alianzas para realizar publicaciones amplias sobre el colegio y lo que han hecho sus egresados y se limitó a un lamentable librito cuya edición es penosa?, ¿por qué no ha involucrado al Congreso del Estado para que que realice una sesión solemne en homenaje a la escuela?, ¿por qué no organizaron una serie de actividades culturales, artísticas y deportivas en las que estén involucrados todos los que pasaron por las aulas junto a los actuales estudiantes?, ¿por qué no hacer una celebración realmente digna de la escuela y limitarse a una serie de actividades tan planas, tan elementales, tan comunes y difundidas (es un decir) por un panfleto triste y sin ningún tipo de diseño alusivo al Colegio?, ¿por qué no buscar en los archivos de la escuela los nombres de los ex alumnos y extender invitaciones personalizadas haciéndolos parte del festejo?, ¿por qué no hacer del 2017 el año del Colegio Americano y limitarse a una semana que ha pasado prácticamente ignorada por la gente en Yucatán?.

He podido recabar información sobre las actividades que se realizaron la semana pasada. Es muy triste el escuchar que muchos de los maestros que dejaron huella en tantas generaciones de alumnos fueron excluidos de los “festejos”. Aparentemente solo fueron invitados y reconocidos aquellos que son también miembros de la Iglesia Presbiteriana. Eso solo puede explicarse también a partir de la pérdida de los valores laicos de la escuela. Como ya he dicho si bien siempre estuvo ligada a tal denominación evangélica, por lo menos en el tiempo en el que yo estuve en el colegio jamás se escuchó un solo verso bíblico en alguna de sus aulas. Ese laicismo engrandecía aún más a la escuela y a sus fundadores. Es muy triste pensar que ha habido un retroceso y que hoy esos valores se hayan perdido, sobre todo cuando hoy se requiere de una educación moderna en la que lo laico sea el carácter principal en el que se funde el respeto a la diversidad cultural como uno de los valores más altos de la sociedad moderna.

Es una pena lo que ha sucedido con el aniversario de mi querido Colegio Americano. Es una pena que tal efeméride haya coincidido con la actual dirección y su estrechez profesional e intelectual, es una pena que la escuela no haya tenido la celebración que se merecía y todo se haya resumido a un desayuno, una cena y una serie de charlas que si fueron interesantes pocos pudieron disfrutarlas.

Una pena, una gran pena…

Así las cosas hoy lunes…

Salud Pues……

Posted in Yucatán | Tagged , , , | 2 Comments

De Mi Caída Cósmica…

Seven Readers!!!..

Existe un pensamiento que me agobia pues mi cerebro es completamente incapaz de comprenderlo. Va así:

Nací en un día como hoy del año de 1972. Antes de ese preciso instante el mundo tuvo una historia, el hombre la tuvo y el universo también. Antes de que por casualidad yo llegara a sumarme a los habitantes del planeta estuve muerto por millones de millones años. No sé cuanto tiempo me quede exactamente, pero cuando me llegue la hora de colgar los tenis, estaré nuevamente muerto por una cantidad inimaginable de millones de años.

Eso me parece maravilloso pero a la vez siento una enorme presión en la cabeza cuando me pongo a pensar en la pequeña fracción de tiempo que uno tiene en la el cosmos . Nuestros años son absolutamente nada en el calendario cósmico, somos algo más que efímeros, somos tan pasajeros como el segundo que acaba de terminarse, somos un leve destello entre dos oscuridades uno que tuvo un principio y otra que quizá sea infinita. El adquirir conciencia de lo anterior te hace sentir verdaderamente humilde. No creo que exista un mayor acto de humildad que aceptar que en el concierto cósmico realmente uno es absolutamente nadie.

Lo paradójico es somos parte de una especie que ha evolucionado y se ha empeñado en hacernos sentir importantes, únicos y privilegiados, cuando en realidad somos completamente algo opuesto. Cada vez existe más evidencia de que somos parte de un universo que es completamente indiferente a nuestra existencia tanto individual como colectiva y ello no es ni bueno ni malo, simplemente así es aunque aceptarlo sea una empresa casi imposible.


Me encanta ver fotografías viejas porque siempre me ponen a pensar, particularmente fotografías que fueron tomadas mucho antes de que yo naciera. Fotografías como esta:

strand

Es una imagen tomada en México en los años treinta por un fotógrafo norteamericano de nombre Paul Strand. No estoy seguro de donde fue tomada y quizá ello es mejor. Cuando me topo con una imagen de este tipo siempre me detengo a mirar los rostros de aquellos que aparecen en la imagen. Lo más probable es que la mayoría de ellos ya estén muertos y no deja de asombrarme que también tuvieron sus segundos de eternidad en el planeta. Me pongo entonces a mirar los rostros de esas personas desconocidas que fueron capturados en un momento específico de su existencia, en una décima de segundo de su andar por el universo. Los miro y no dejo pensar en que también quizá ellos se sintieron especiales solamente por el hecho de estar vivos, que tuvieron metas, sueños, ambiciones, amores, tristezas y alegrías. Los miro tratando de escudriñar en sus miradas, en sus posturas para tratar de encontrar alguna pista de lo que fueron, de lo que soñaron con ser o de las frustraciones causadas por su propia condición y por aquella que les fue determinada por la sociedad en la que vivieron.

Y me queda entonces aún más claro que a pesar de que nos separe el tiempo, la distancia, las creencias, en realidad los seres humanos no dejamos de buscar la trascendencia de una forma u otra, de dejar eso que llaman “huella” en el mundo, en el universo. Las personas de la foto seguramente lo intentaron siendo mejores en sus trabajos, tratando de superarse al máximo, teniendo una familia, viajando o encontrando eso que llaman amor.


Volvamos entonces al principio, a ese pensamiento que me agobia e inquieta, a esa idea que nuestra vida dentro del calendario cósmico tiene el tiempo equivalente a lo que tarda una gota de lluvia en caer de las nubes hasta el suelo. Tengo entonces una solución para dejar de sentirme abrumado por ese pensamiento: lo importante entonces resulta en lo que se hace durante esa caída. La vida, toda la vida, se encuentra precisamente ahí en esos minúsculos instantes entre el principio y el final. Porque podemos mirar a un pasado perfectamente documentado por la naturaleza y por todas las ramas de la ciencia y solamente podemos imaginar lo que sucederá en el futuro una vez que al golpear al suelo nuestra conciencia se termine y nos evaporemos para que nuestros átomos formen de nuevo parte de ese indiferente universo.

Hoy me doy cuenta que, salvo que algo extraordinario o fuera de lo normal me suceda, estoy llegando a la mitad de mi propia caída cósmica. A las 2:24 de la mañana del día de mi cumpleaños varias cosas suceden. En mis audífonos suenan Simon & Garfunkel cantando sobre viejos amigos, sobre envejecer y sobre la importancia de preservar las memorias porque al final eso es lo único que nos queda. Mi perro le ladra al gato que acaba de pasar por la ventana, lo hace como si su vida dependiera de que el felino nos deje en paz. La casa está sumida en la oscuridad y en la habitación contigua duerme mi gran compañera de las aventuras de la vida misma. Tengo las rodillas desechas de dolorosa felicidad por haber jugado un día más al basquetbol y un bostezo emerge desde el sueño que me llama a la cama como sugiriéndome que es mejor descansar para rendir mejor en un trabajo que disfruto mucho. En otras palabras, en este momento me suceden cosas sencillas, cosas felices.

Entonces lo comprendo. Antes de nacer he estado muerto por millones de años, cuando muera volveré a ese mismo estado por otros miles de millones más. Me dirijo de manera inevitable a ese destino al que todos llegaremos. Me gusta entonces pensar que probablemente en el próximo siglo alguien hurgue en los archivos virtuales que hoy dejamos como huella y se encuentre con la foto de un desconocido, tomada en un momento muy particular de su existencia, en un lugar que para él o ella tal vez sea desconocido. Quizá se pregunte cómo era el tipo de la imagen, quién era, cuáles eran sus sueños, sus miedos y sus metas, quizá se sienta identificado con él por ser parte de una misma especie y porque también entendió que ningún ser humano en toda la historia es especial para el universo y en ello recayó parte de su felicidad; la otra parte, la mayor, quizá le permanezca oculta, escondida tras ese rostro porque ella la conforman los detalles individuales y propios que todos tenemos. Pero es posible que los infiera y si lo hace correctamente encontrará a un ser humano para quien lo mejor de su caída cósmica estuvo conformado por las cosas más sencillas  que se encontró en su muy efímero camino.

img_20170108_221347

Así las cosas hoy viernes…

Salud pues……

Posted in Vida Cotidiana | Tagged | Leave a comment

De “Destrozares. Canciones Para el Final de los Tiempos” (o el disco más triste del año)….

Seven Readers!!!…

Robe Iniesta editó el año pasado “Lo Que Aletea Sobre Nuestras Cabezas“, un álbum  que emocionaba hasta las lágrimas por la sensibilidad, la honestidad y una coloquial poética de la que era imposible sustraerse. No puede escucharse el disco y salir inmune del mismo. Es un compilado de 8 canciones que termina afectándote en más una forma.

En el crepúsculo del 2016 Robe, líder de la legendaria banda Extremoduro,  ha editado su segundo trabajo en solitario el cual va en oposición a Lo Que Aletea. Si aquel era un disco que desbordaba ternura, “Destrozares. Canciones Para el Final de los Tiempos” es un un trabajo mucho más oscuro, que habla sobre pérdida, desolación y el fin de la fe. Robe no parece encontrar esperanza en la humanidad, pero sí en el amor al que emplaza como la última bandera que puede darle orden al caos.

robe

Aquí si puede conocerse lo que tendrá el disco al mirar su portada. Esa desoladora imagen en la que se mira a un mundo en llamas mientras sobre los restos de un edificio una pareja de amantes se abraza y observa en lontananza una explosión que acaba con una ciudad. La pareja parece fundirse en un abrazo de consuelo como si no les importara el paisaje que contemplan, ese paisaje en el que el mundo se cae a pedazos.

De eso va el disco. Del mundo post Trump, del mundo en el que los odios parecen estar sembrando semillas que al ser cosechadas darán paso a odios que se encuentran cociéndose en una olla de presión que está a punto de explotar. Es un planeta en el que razón parece haber abandonado a la humanidad y así lo canta Robe: “Puede ser que la razón me abandonó y ya no la espero“. Es “Hoy Renuncio al Mundo“, la canción con la que abre el disco. Una melancólica introducción de guitarra que da paso a un violín que parece lamentarse al ser tocado, la melodía es agridulce, hermosa, con las cuerdas empeñadas en ser un contrapunto de la letra. La canción es un perfecto prólogo para Destrozares y refleja el hartazgo que Robe parece sentir sobre la especie humana.

Hartazgo que invoca a la tristeza como un arma fundamental para enfrentar al fin de estos tiempos. Esa tristeza que destroza el alma en “La Canción Más Triste del Mundo“, tema en el que Robe estalla en una dulce y melancólica rabia: “He llorado tanto que he apagado hasta el infierno“. La canción es un desgarrador lamento, una oda a la pérdida que no tiene remedio.

Aparentemente Robe está harto de la especie humana. Y quizá luego de lo que hemos visto en el año es posible que muchos compartan tal sentimiento. Con ironía se burla de la situación del mundo en una canción cuya instrumentación difiere de la melancolía con la que se aborda a la letra. Aquí Iniesta se decanta por una alegre melodía que funciona perfectamente para ahondar en el contenido irónico de “Puta Humanidad“. “Bienvenido al Temporal” canta Robe para luego ironizar sobre la buena idea el borrar al hombre de la faz de la tierra con una guerra nuclear. Claro, lo hace mientras ve las noticias tumbado en el sofá. Se burla así de los activistas de sillón y al final se recrea en el deseo del ser amado como si de esta manera esa desesperanza mostrada al principio de la canción encontrara su cura a través de la evocación sexual.

Iniesta parece encontrar de nuevo esperanza teniendo al tiempo como aliado. “Del Tiempo Perdido” quizá sea la canción más emparentada con su trabajo anterior. El tiempo parece ser un aliado para el olvido pero también para la recuperación, para levantarse de las caídas, para contemplar al mundo con nuevos ojos: “Si olvidara decir que depende de mí que un rojo atardecer, que aún está sin mirar, se mirara y, feliz, se pudiera marchar…“…

El disco entero va a transcurrir en la búsqueda por recobrar la fe de un ser humano que perdido prácticamente todo, incluso la dignidad y el honor. Alguien que trata de recuperar a su propia humanidad mientras mira a los absolutos hacerse del control. Es el poeta que con poesía trata de enfrentarse a un mundo cada vez más áspero.

La esperanza se transforma en Destrozares. Canciones Final de Los Tiempos, en algo radical. Para Iniesta el amor y el deseo son los únicos caminos hacía la redención. Los únicos surcos por los que puede fluir el hálito de vida con el que la humanidad pueda comenzar de nuevo. Es un disco triste, muy triste, pero que al final parece abrir una puerta por la que pasan aquellos dispuestos a levantar las nuevas banderas. Robe invita a la disidencia, a pensar diferente, permanecer fuera del establishment: “Vivo siempre fuera de todas las reglas, mi única bandera son sus bragas negras y veo todo pasar desde fuera”, la intimidad no solo es un escape sino es allá en donde reside la germinación del cambio.

Destrozares. Canciones Para el Final de Los Tiempos no es un disco fácil. Por el contrario – como en todos los trabajos de Robe Iniesta – estamos ante un álbum que requiere la complicidad del escucha y la disposición para dejarse envolver por las letras y las melodías de un músico, de un poeta urbano, que con los años no ha perdido la rabia sino que ahora tiene la sabiduría para recetarla ahora a través de tristes y dulces cápsulas musicales.

Una Obra Maestra…

Así las cosas hoy jueves…

Salud Pues……

Posted in Discos, Música, Obras Maestras | Tagged , , , | Leave a comment