De “Destrozares. Canciones Para el Final de los Tiempos” (o el disco más triste del año)….

Seven Readers!!!…

Robe Iniesta editó el año pasado “Lo Que Aletea Sobre Nuestras Cabezas“, un álbum  que emocionaba hasta las lágrimas por la sensibilidad, la honestidad y una coloquial poética de la que era imposible sustraerse. No puede escucharse el disco y salir inmune del mismo. Es un compilado de 8 canciones que termina afectándote en más una forma.

En el crepúsculo del 2016 Robe, líder de la legendaria banda Extremoduro,  ha editado su segundo trabajo en solitario el cual va en oposición a Lo Que Aletea. Si aquel era un disco que desbordaba ternura, “Destrozares. Canciones Para el Final de los Tiempos” es un un trabajo mucho más oscuro, que habla sobre pérdida, desolación y el fin de la fe. Robe no parece encontrar esperanza en la humanidad, pero sí en el amor al que emplaza como la última bandera que puede darle orden al caos.

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Aquí si puede conocerse lo que tendrá el disco al mirar su portada. Esa desoladora imagen en la que se mira a un mundo en llamas mientras sobre los restos de un edificio una pareja de amantes se abraza y observa en lontananza una explosión que acaba con una ciudad. La pareja parece fundirse en un abrazo de consuelo como si no les importara el paisaje que contemplan, ese paisaje en el que el mundo se cae a pedazos.

De eso va el disco. Del mundo post Trump, del mundo en el que los odios parecen estar sembrando semillas que al ser cosechadas darán paso a odios que se encuentran cociéndose en una olla de presión que está a punto de explotar. Es un planeta en el que razón parece haber abandonado a la humanidad y así lo canta Robe: “Puede ser que la razón me abandonó y ya no la espero“. Es “Hoy Renuncio al Mundo“, la canción con la que abre el disco. Una melancólica introducción de guitarra que da paso a un violín que parece lamentarse al ser tocado, la melodía es agridulce, hermosa, con las cuerdas empeñadas en ser un contrapunto de la letra. La canción es un perfecto prólogo para Destrozares y refleja el hartazgo que Robe parece sentir sobre la especie humana.

Hartazgo que invoca a la tristeza como un arma fundamental para enfrentar al fin de estos tiempos. Esa tristeza que destroza el alma en “La Canción Más Triste del Mundo“, tema en el que Robe estalla en una dulce y melancólica rabia: “He llorado tanto que he apagado hasta el infierno“. La canción es un desgarrador lamento, una oda a la pérdida que no tiene remedio.

Aparentemente Robe está harto de la especie humana. Y quizá luego de lo que hemos visto en el año es posible que muchos compartan tal sentimiento. Con ironía se burla de la situación del mundo en una canción cuya instrumentación difiere de la melancolía con la que se aborda a la letra. Aquí Iniesta se decanta por una alegre melodía que funciona perfectamente para ahondar en el contenido irónico de “Puta Humanidad“. “Bienvenido al Temporal” canta Robe para luego ironizar sobre la buena idea el borrar al hombre de la faz de la tierra con una guerra nuclear. Claro, lo hace mientras ve las noticias tumbado en el sofá. Se burla así de los activistas de sillón y al final se recrea en el deseo del ser amado como si de esta manera esa desesperanza mostrada al principio de la canción encontrara su cura a través de la evocación sexual.

Iniesta parece encontrar de nuevo esperanza teniendo al tiempo como aliado. “Del Tiempo Perdido” quizá sea la canción más emparentada con su trabajo anterior. El tiempo parece ser un aliado para el olvido pero también para la recuperación, para levantarse de las caídas, para contemplar al mundo con nuevos ojos: “Si olvidara decir que depende de mí que un rojo atardecer, que aún está sin mirar, se mirara y, feliz, se pudiera marchar…“…

El disco entero va a transcurrir en la búsqueda por recobrar la fe de un ser humano que perdido prácticamente todo, incluso la dignidad y el honor. Alguien que trata de recuperar a su propia humanidad mientras mira a los absolutos hacerse del control. Es el poeta que con poesía trata de enfrentarse a un mundo cada vez más áspero.

La esperanza se transforma en Destrozares. Canciones Final de Los Tiempos, en algo radical. Para Iniesta el amor y el deseo son los únicos caminos hacía la redención. Los únicos surcos por los que puede fluir el hálito de vida con el que la humanidad pueda comenzar de nuevo. Es un disco triste, muy triste, pero que al final parece abrir una puerta por la que pasan aquellos dispuestos a levantar las nuevas banderas. Robe invita a la disidencia, a pensar diferente, permanecer fuera del establishment: “Vivo siempre fuera de todas las reglas, mi única bandera son sus bragas negras y veo todo pasar desde fuera”, la intimidad no solo es un escape sino es allá en donde reside la germinación del cambio.

Destrozares. Canciones Para el Final de Los Tiempos no es un disco fácil. Por el contrario – como en todos los trabajos de Robe Iniesta – estamos ante un álbum que requiere la complicidad del escucha y la disposición para dejarse envolver por las letras y las melodías de un músico, de un poeta urbano, que con los años no ha perdido la rabia sino que ahora tiene la sabiduría para recetarla ahora a través de tristes y dulces cápsulas musicales.

Una Obra Maestra…

Así las cosas hoy jueves…

Salud Pues……

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De Uber (o el conflicto como estrategia)…

Seven Readers!!!..

La plataforma de transporte de pasajeros que enlaza a choferes con usuarios llamada Uber está por dar un paso más en su expansión en la Península de Yucatán. Hace unos meses inició sus operaciones en la ciudad de Mérida y en unas semanas más llegará a la ciudad de Campeche. En Mérida el arribo de Uber encontró el apoyo de un buen sector de las clases media y media alta que tienen acceso a la tecnología, mientras que la resistencia vino – como ha pasado en casi todo el mundo – de organizaciones de taxistas cuyos miembros pertenecen a sindicatos muy cercanos a los poderes políticos y que tienen que desembolsar fuertes sumas de dinero para poder acceder a una concesión que les permita brindar el servicio de transporte de pasajeros. En Campeche el asunto va por el mismo camino.

Pero, como ya dije antes, esto no es privativo de Mérida o Campeche. La llegada de Uber a una ciudad implica inevitablemente una confrontación con autoridades del transporte y con los taxistas siendo la querella más recurrente la que acusa a la plataforma de una competencia desleal. En España, por ejemplo, Uber generó un duro encuentro con los taxistas de Madrid que llevaría a los prestadores del servicio de transporte a iniciar una huelga en contra de la aplicación y a la salida definitiva de Uber de España. En Buenos Aires los taxistas emprendieron actividades similares para bloquear la llegada de Uber. Lo mismo ha sucedido en Chile, Colombia y por supuesto en la Ciudad de México o Guadalajara.

Lo que resulta interesante es que la generación de un conflicto resulta en una de las principales estrategias de Uber para establecerse en una localidad. Uber utiliza a la confrontación en dos sentidos: para generar simpatías entre los usuarios del transporte y el público en general y como medida de presión para que las autoridades legislen a su favor sin tener que pasar por los pesados y costosos trámites por los que tiene que atraviesa quien pretenda obtener para obtener una concesión de transporte público.

En primera instancia Uber conoce perfectamente la situación existente de usuarios y taxistas en cada una de las localidades a las que llegará. Sabe del descuido en las unidades de taxi, está enterado de abusos en cobros y del contubernio que existe entre el poder político y la mayoría de los sindicatos y uniones de choferes de taxis. Entiende a la perfección el enojo de quienes todos los días deben abordar un vehículo de alquiler para trasladarse de un sitio a otro y lidian con actitudes prepotentes de los conductores. Uber se posiciona como alternativa entre las dos partes. Vende un servicio de mayor calidad, con autos más nuevos y con conductores que, supuestamente, son amables, preparados, capaces y que brindan en su manejo una seguridad que el taxi simplemente no puede – o no quiere – proveer. Uber vende estatus, vende la idea que la tecnología funciona como un resolutivo a los problemas más básicos de la cotidianidad como lo es de el de una movilidad segura, confortable y – supuestamente – económica. Genera entonces un conflicto entre usuarios que piden se les respete el derecho a decidir como moverse y la autoridad política que, por muchas y muy válidas razones, es vista con desconfianza por el gran público. Todo termina convirtiéndose en duelo entre “buenos y modernos” (público y Uber ) vs “Malos y anticuados” (taxistas y gobierno).

El conflicto resulta entonces en una brillante y barata estrategia política y de manipulación: Uber deja que sean otros los que levanten su bandera, que sean ellos quienes presionen a la autoridad para dejar que la aplicación opere sin mayores problemas.

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Entonces la apuesta de Uber  es que a esa presión crezca y obligue a las autoridades a tomar cartas en el asunto. Viene entonces la negociación y la legislación que en muchos casos resulta favorable a Uber. Pongo como ejemplo al proceso legislativo de Yucatán. Ahí el Congreso estipuló medidas la opinión pública tomó como contrarias y exageradas contra la aplicación, pero al final éstas terminarán por generarle un beneficio a Uber pues podrá, con mayor razón, reforzar la idea de que quien utiliza el servicio es una persona de cierto nivel socioeconómico y sobre todo que es alguien que ha dado un paso a lo moderno al “entender” cuales serán los caminos de la movilidad en el Siglo XXI.

Quiero aclarar que mi argumentación anterior no pretende soslayar los vicios y los malos modos de una buena parte de los concesionarios y choferes de taxis. Es evidente que éstos han operado como un instrumento político de muchos gobiernos (incluso como elementos de choque en confrontaciones contra grupos sociales que se manifiestan en contra de decisiones de las autoridades), es también notorio el mal estado de muchas unidades y de la inseguridad que uno siente al tener que abordar un taxi. Son reprobables las acciones violentas que las agrupaciones de taxistas han emprendido en contra de choferes y usuarios de Uber u otras plataformas digitales de transporte. Se trata, en muchos casos,  de organizaciones gremiales que han establecido verdaderos monopolios al amparo del poder y que utilizan la violencia sabedores de que los cobija el oscuro manto de la impunidad.

Pero tampoco Uber garantiza que sus conductores serán auténticos modelos de conducta y que no practiquen acciones delincuenciales. Cada día son más los casos documentados de agresiones y abusos por parte de quienes manejan automóviles de la Compañía. También las protestas de socios por las condiciones y el modelo de trabajo de la empresa van en aumento por no generar las ganancias que en su momento les fueron prometidas. No hay que olvidar que quien termina por arriesgar su patrimonio es el socio y no la aplicación. En Uber tienen razón: ellos no son un medio de transporte, son una plataforma tecnológica que enlaza a un medio transporte con el usuario. De ahí que sean los socios y chóferes lo que tienen las confrontaciones más directas con la autoridad y los taxistas concesionarios.

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Además, Uber no ha podido ser una respuesta confiable a los problemas de movilidad de las grandes ciudades porque no se trata de un transporte de carácter masivo. La solución sigue siendo mover a la mayor cantidad de gente utilizando para ello la menor cantidad de vehículos posibles. Uber – incluso con modalidades como el Uberpool – no deja de ser una opción individualista pues eso es precisamente lo que vende: la atención personalizada, el confort individual. Quien diga lo contrario es porque mira al transporte público solamente desde la perspectiva del automovilista particular, desde una posición de clase,  y de quien piensa que la tecnología es la panacea para todos problemas de orden social.

Uber le seguirá apostando al conflicto para generarse publicidad y simpatías y para presionar a los gobiernos, de todos los colores y partidos, para operar y generarse ganancias a través de su modelo de negocios. Hasta el momento la estrategia le ha generado los dividendos que la Compañía espera y proyecta. Habrá que ver hasta cuando la maniobra le sigue funcionando y si Uber podrá ser estable en un mediano y largo plazo ofreciendo su alternativa de transporte público no concesionado a quien desee utilizarla.

Veremos…

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

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De Columnas Olímpicas…

Seven Readers!!!…

El blog estuvo un tanto abandonado durante este mes. La razón: estuve escribiendo una columna olímpica para la Revista Soma. A continuación les paso los links de todas ellas para que ustedes puedan leerlas. Ha sido un enorme viaje el escribir sobre unos Juegos Olímpicos grandiosos como lo fueron los de Río 2016. La serie se tituló “Los Juegos de la Felicidad“. Tuve la oportunidad de escribir sobre el contexto de los Juegos, atletas mexicanos y sobre las leyendas olímpicas que pasaron al Olimpo de los deportistas de nuestro tiempo. Aquí tienen la serie completa…

Los juegos de la felicidad (I)

Los juegos de la felicidad (II)

Los juegos de la felicidad (III)

Los juegos de la felicidad (IV)

Los juegos de la felicidad (V)

Los juegos de la felicidad VI

Los juegos de la felicidad VII

Los juegos de la felicidad VIII

Los juegos de la felicidad IX

Los juegos de la felicidad (X)

Los juegos de la felicidad: clausura Río 2016

Este blog retoma su programación normal a partir de ahora…

Así las cosas hoy jueves…

Salud Pues……

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De Bud Spencer o el Arte del Catorrazo…

Seven Readers!!!…

Mis primeras memorias cinéfilas son muy claras. Se remontan a finales de los setenta y principios de los ochenta, a cines viejos y cuyo suelo siempre estaba pegajoso, a viejos  y ruidosos ventiladores que luchaban con gallardía contra el calor que hacía en salas carentes de aire acondicionado. Son los recuerdos de sábados por la tarde cuando recién bañado y con el pelo engomado, acudía con la familia a aquellos viejos palacios dedicados a la exhibición de películas que se encontraban en las céntricas calles de Mérida Yucatán. El Rex o el Cantarell eran cines alejados de la comodidad que hoy se respira en los complejos dedicados a la exhibición de filmes. Sus sillas eran duras, incómodas y sus palomitas eran rancias y parecían pequeñas gomitas de chicle salado. En todo caso sí uno quería comer algo mientras se disfrutaba un filme lo mejor eran las grageas Escalona cuyo semi amargo chocolate producía fiestas en el paladar de cualquier niño.

Pero a pesar de aquellas incomodidades el cine resultaba en toda una aventura. Yo iba con la felicidad total a ver mis héroes de la pantalla salir de inverosímiles situaciones utilizando ya sea el ingenio o la fuerza bruta para realizar hazañas que me parecían fantásticas. Y mientras que para generaciones anteriores John Wayne o James Dean eran los elegantes ídolos de la pantalla, yo crecí idolatrando a actores cuya mayor virtud era la de propinar auténticos catorrazos a una serie de inútiles villanos que osaban pararse enfrente de ellos. Yo no lo sabía entonces, pero mis primeros héroes del séptimo arte eran italianos aunque tenían los nombre más norteamericanos del séptimo arte: Terence Hill y Bud Spencer.

Sus películas no eran complejas. Incluso, salvo alguna excepción (Dos Puños Contra Río), diría que la trama giraba en torno a lo mismo: Spencer y Hill eran el agua y el aceite a quienes alguna situación reunía para defender a un grupo de personas que sufrían el abuso por parte de los villanos en turno. En realidad, el argumento era lo de menos. Lo que era realmente atractivo es como un par de auténticos granujas se enfrentaba a los malos del filme para salirse con la suya y defender a los que parecían estar perdidos. Ambos con diferentes estilos para pelear.

Spencer significaba la fuerza bruta. Podían golpearle entre varias personas y simplemente no caía, podían romperle artefactos encima y el tipo permanecía en pie. Sus bofetadas y sus golpes en la cabeza eran la marca de la casa. Era capaz de resistir el asedio de más un pandillero para terminar con él. Hill por su parte utilizaba la agilidad y la inteligencia. No era raro verle tomar algún instrumento para hacer de él un arma que resultaba en fulminante para quien se ponía en su camino. Los dos formaban un equipo formidable y eran capaces de acabar con pandillas enteras sin mayores problemas y, por supuesto, sin sufrir rasguño alguno. Usualmente era Hill quien provocaba que Spencer entrara en acción para luego acudir a su rescate aunque uno sospechaba que el gordo mal encarado y bonachón tenía la capacidad para arreglárselas por si mismo.

Spencer y Hill fueron dignos herederos del catorrazo ese elemento fundacional de la comedia cinematográfica. El gag que utilizaba al físico para generar carcajadas. Existe por supuesto una relación entre los filmes de Bud y Terence y aquellos que dieron origen a la comedia en el cine protagonizados por Chaplin, Keaton o Lloyd. Comedia en las que los pleitos, los golpes, las caídas y los tortazos constituían el génesis del arte cinematográfico. Quizá también con ellos se extinguió esa comedia propia de tiempos más inocentes, carentes de sofisticación y pretensión. Una comedia física capaz de hacer reír hasta el más serio, la comedia de mi infancia, la comedia de Bud Spencer y Terence Hill.

No era lo único que los distinguía. Estaba también su forma de sentarse a la mesa, de literalmente engullir los alimentos. Los modales salían sobrando, era el gozo puro por la comida o la necesidad de satisfacer un instinto de supervivencia. Vivir para comer, comer para vivir; nada más, nada menos. La escena de la cena daba siempre pie a otro tipo de situaciones y permitía revelar mucho de la personalidad de los protagonistas de los filmes.

Aquí dos escenas que son ejemplo de ello.

La primera es de Mi Nombre es Trinity de 1970. Hill entra a una posada de mala muerte en la que se refugian dos bandidos que traen a un prisionero. El personaje principal accede al sitio con la idea de alimentarse, nada más. La cámara seguirá su rápido proceso de alimentación lo que llamará la atención no solamente del dueño del lugar sino también de los malhechores. La escena funcionará para determinar el carácter del personaje principal y sus habilidades como pistolero, las cuales no eran posibles de intuir a partir de su aspecto.

La segunda es de la secuela “Mi Name is Still Trinity”. Trinity (Hill) y Bambino (Spencer) entran un restaurante elegante, rompen el contexto del mismo y atraen la atención de toda la clientela por sus voraces modales en la mesa. Para ellos la comida no es un acto social, sino una mera satisfacción instintiva. La escena es grandiosa porque marca la personalidad de los personajes principales: los anti héroes, los granujas, los pillos que van a terminar rompiendo con los moldes establecidos por la sociedad representada en el filme.

Lo interesante de las películas de Bud Spencer y Terence Hill es que existe en ellas la idea de un estilo constante, algo que se repite como una fórmula única y que les brindó de características especiales. Por supuesto esa fórmula no está sustentada en un complejo planteamiento audiovisual, diálogos sesudos o situaciones en los que la humanidad está a prueba. Su moral se resume a salirse con la suya mientras que en el proceso se ayuda a quien lo necesita. Quizá por ello sus filmes nos encantaron a muchos en la infancia, porque podríamos reconocernos en esa inocencia y en esa lucha por el bien encarnada en algunos de los ideales más simples pero más importantes que puede tener el ser humano: la solidaridad, la amistad y el compañerismo.

Hoy ha muerto Bud Spencer. Supongo que sonará a cliché pero creo que la frase es acertada: una buena parte de la infancia de una generación se ha ido con él. Trato de pensar en algún actor similar, en películas similares a las filmadas por Carlo Pedersoli (su verdadero nombre) y no las encuentro. Quizá ni él ni Mario Giroti (nombre real de Terence Hill) hayan dejado un legado muy grande en términos artísticos, pero es posible que con su partida venga el reconocimiento a una obra lejana de pretensiones y cuya única finalidad era la de divertir y divertirse. Películas simples, para una era simple.

Hasta pronto Antonio Coimbra de la Coronilla y Azevedo. Varios niños de los 70 y los 80 te vamos a echar de menos.

Así las cosas hoy lunes…

Salud Pues……

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De Leo y España…

Seven Readers!!!…

La imagen recorre rápidamente a los medios de comunicación y a las redes sociales. Lionel Messi ha fallado un penalti definitivo, llora desesperado mientras el mundo se dispone a crucificarle. Porque si algo parece congratular a buena parte de la humanidad es cuando un grande se cae, cuando falla, quizá porque ello nos recuerda que los genios también son humanos o quizá porque tenemos un gen escondido en algún cajón de la mente que aparece cada vez que los grandes fallan para hacernos sentir un poco menos mediocres, uno poco más cercanos a ellos.

Supongo que habrá quien se regodee de felicidad por la derrota de Argentina del día de ayer. Supongo que habrá quien piense que no es la derrota de todo un equipo sino de un solo jugador, de un tipo que se ha entregado con todo a su Selección y que ésta no ha estado a la altura de sus circunstancias, de su calidad, de su compromiso. Ayer nadie parecía recodar las fallas de Higuaín y de Agüero que han sido determinantes en las derrotas argentinas tanto en el Mundial como en la Copa América Centenario. Porque al final los dos delanteros son simples mortales mientras Messi pertenece a un panteón exclusivo en el que habitan solamente Pelé y Maradona.

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Lo mismo pasará con España.

Existe, sobre todo en México, un odio inexplicable al fútbol de la Selección Española. Quizá porque en su momento fue tan hermoso, tan práctico, tan similar a lo que hacía el Barcelona de Guardiola, que generaba la envidia de otros territorios futbolísticos que esperaban como carroñeros el momento en el que la gran generación de futbolistas españoles terminara su ciclo.

Eso ha ocurrido hoy.

Quien se alegra de la derrota española no puede llamarse aficionado al fútbol, se trata sí de un fanático que no aprecia la belleza y los entramados del juego, alguien que no entiende de la estética del deporte y solo se deja llevar por los resultados y por irracionales odios que van más allá de lo meramente deportivo.

La Selección Española fue un reflejo del equipo que mejor ha practicado el balompié en la historia. Pero todo pasa, todo tiene ciclos y hoy se terminó uno que fue brillante y que engrandeció al fútbol y al deporte en general.

Creo que ha sido un fin de semana muy triste para el fútbol.  Las lágrimas de Messi y su posible renuncia a una selección en la que jugaba, como bien apuntaba Jorge Valdano, como si necesitara pedirle perdón a un país entero que nunca ha dejado de recriminarle que se formara en los campos de otro continente. Y al otro lado del Atlántico una de las mejores selecciones de la historia concluía con su reinado europeo cayendo ante un equipo que ha cimentado su grandeza en un estilo completamente contrario al de los ibéricos y que hoy les ha funcionado a la perfección.

Estamos ante el final de una era en el fútbol europeo, estamos ante el posible final de era de Messi con Argentina. Es un día triste para el balompié mundial. Quienes realmente apreciamos a este deporte tenemos que unirnos en el llanto de los grandes.

Es un día triste para el fútbol.

…A menos que Islandia nos haga soneír de nuevo…

Así las cosas hoy viernes…

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De Alí vs Rocky Balboa…

Seven Readers!!!…

Hace algunos años inicié un proyecto que nunca he podido terminar. Se trata de una serie de historias que retratan mi amor por el cine, anécdotas que están inspiradas en hechos reales y que son un homenaje a personajes a los que he disfrutado en pantalla. Una de ellas estaba inspirada en Muhammad Alí. El breve cuento se titula Alí vs Rocky Balboa y me atrevo a compartirlo el día hoy como un homenaje a “The Greatest” quien se ha ido a boxear a las estrellas.

Aquí la tienen.

Alí vs Rocky Balboa.

Paulie Smith entró corriendo a la carnicería en la que trabajaba. Blandía dos boletos en las manos. “¡Los tengo Sly, los tengo¡” dijo, mientras sonreía emocionado. Su compañero volteó a mirarle mientras dejaba a un lado el enorme cuchillo con el que rebanaba una pierna de cerdo. ¡Woah…Alí, bien, bien¡ dijo mientras felicitaba a su amigo con una palmada en la espalda. Sly, se sintió emocionado. Era un gran fanático del boxeo y particularmente del más grande de todos los tiempos: Muhammad Alí, pero nunca había tenido la oportunidad de verle pelear en vivo. Recordó emocionado la pelea en la que, hace algunos, meses Alí le había ganado a George Foreman: la famosa batalla en Kinshase, Zaire. Nadie – ni el mismo Sly – se imaginaba que Alí aceptaría una pelea luego de la gran batalla que había sostenido contra el aguerrido Foreman. Pero para sorpresa de todos Alí había aceptado pelear en Nueva York contra un tipo del que pocos habían oído, un tal Chuck Wepner.

Chuck Wepner era un peleador de 37 años que había sido derrotado por prácticamente todos los pesos completos del mundo. A su edad, nadie daba un centavo por él. Antes de pelear con Alí, había firmado un contrato con Don King para sostener un encuentro contra de Foreman, pero una vez derrotado éste Wepner pensó que la posibilidad de combatir en contra de un campeón mundial se había esfumado. Para sorpresa de todos, Alí decidió hacer válido ese contrato y pelear en contra del veterano púgil. El más sorprendido fue el propio Wepner, no solamente iba a pelear en contra de un Campeón Mundial, sino que lo haría contra el más grande de todos.

Las apuestas indicaban que sería una paliza: 30 a 1 a favor de Alí. El mundo entero consideraba la pelea como una broma, el mundo entero menos Wepner. Le llamaban “El Sangrador de Bayonne” pues sus cejas tenían la fama de explotar en sangre después de tres o cuatro golpes bien centrados por sus adversarios. Pero en esta ocasión Wepner iba a hacer todo lo posible por mantener a sus cejas lejanas de los puños de Alí. Eso ya era una misión, casi imposible. Con toda la edad a cuestas realizó la preparación de su vida iba a pelear contra un gigante y necesitaba estar listo para ello.

Paulie Smith se hizo paso entre la gente para llegar a su asiento. Traía dos cervezas en las manos. Haciendo equilibrio entre la multitud logró llegar hasta donde le esperaba Sly. Estaban a unos minutos de ver a su gran ídolo en vivo, a Muhammad Alí. Las luces permanecieron encendidas cuando alguien anunció que el retador George Wepner se dirigía al cuadrilátero. Sly y Paulie miraron a aquella burda figura que se dirigía al Ring. Wepner parecía ser el único que no se daba cuenta de la indiferencia que causaba: iba  sumido en su mundo, en su noche de ensueño, sonriente, feliz, saludando al público.

Las luces de la Arena se apagaron y un estruendo de la multitud hizo que el lugar retumbara. Paulie y Sly se unieron a los miles de aficionados que aplaudían a rabiar cuando la imponente presencia de Muhammad Alí comenzó su camino rumbo al cuadrilátero. Cuando subió prácticamente borró a cualquier otra persona que ahí se encontraba. El mismo Wepner estaba fascinado mirando al más grande. Las luces se encendieron. Y los púgiles se prepararon para el combate, acercándose al referee para escuchar las instrucciones. Alí miró con desprecio a Wepner cuando el Sangrador de Bayonee le deseó buena suerte con una sonrisa en los labios. Ambos se digirieron a sus esquinas.

Sonó la campana.

Ni Sly, Ni Paulie, ni los miles de aficionados que llenaban la arena o los millones que veían el combate por Televisión estaban preparados para lo que aconteció en los siguientes 45 minutos de combate. Desde el principio de la pelea Alí comenzó a marcar el rumbo de la misma, bailoteaba alrededor del lento Wepner quien trataba de asestar uno que otro golpe a Muhammad. Las famosas cejas del retador comenzaron a sangrar desde el tercer round, parecía que en cualquier momento caería pero aguantaba con gran entereza los potentes golpes de Alí. Era una masacre que seguramente terminaría pronto, que concluiría con el golpe certero del “más grande” que acabaría con la férrea resistencia de Wepner. Pero ese momento no llegaba. A la mitad del Quinto Round, un sector del público comenzó a corear el nombre de Wepner. Al final del octavo, prácticamente la mitad de la arena aclamaba a ese bulto humano que absorbía los potentes golpes de Alí con las cejas destrozadas y el blanco rostro cubierto de sangre. Sly y Paulie se encontraban ya entre los que emocionados apoyaban la gesta heroica de George Wepner. Pero en el noveno enmudecieron por unos instantes. Wepner soltó algo parecido a un gancho al hígado que impactó de manera poderosa en la humanidad de Alí que terminó en la lona. Lo increíble había sucedido el silencio brutal dio paso a una explosión de felicidad cuando el referee comenzó a aplicarle al campeón la cuenta de protección. En ese momento la arena entera coreaba solamente un nombre, el de George Wepner.

Alí se levantó y atacó con más fuerza a Wepner. La pelea entonces llegó a nuevos límites dramáticos, pues la superioridad del campeón se hizo más evidente. Llegaron así al último round, el 15. Cuando la campana sonó Alí se fue sobre Wepner como un lobo tras su presa. Wepner prácticamente no veía nada. Tenía los dos ojos casi cerrados. Sly en su asiento parecía sufrir cada uno de los golpes que terminaban en algún lugar del maltrecho del retador. Cuando la pelea entró a su último minuto, los segundos se alargaron extendiendo el drama. Faltaban 19 segundos cuando Wepner no pudo más, un poderoso golpe de Alí se estrelló en el ya deforme rostro del retador enviándolo a la lona. Tambaleante George Wepner se puso de pie como pudo. Faltaban solamente cinco segundos para que terminara oficialmente el round cuando increíblemente el árbitro declaró el nocáut técnico. Fue una decisión ridícula para muchos, incluido Sly y su amigo Paulie. No le habían permitido a George Wepner completar su hazaña: aguantar 15 rounds con un peleador a todas luces superior, aguantar 15 rounds con el más grande de la historia: Muhammad Alí.

Sly salió de la arena profundamente conmovido. Casi es atropellado por la ambulancia que trasladaba en ese momento a George Wepner al hospital. Se despidió con un gesto de Paulie Smith y se dirigió a casa. No salió en tres días. Paulie Smith preocupado fue a visitarle pues no le veía desde la noche del pelea. Le encontró sentado en la escalinata que daba a la puerta de su casa. Era una mañana particularmente fría. Smith saludó a Sly y le preguntó que le había pasado, en donde se había metido. Sly clavó la mirada en el suelo, sonrió y le entregó un paquete de hojas a Paulie Smith. En la primera de ellas podía leerse lo siguiente: “Rocky, un guión de Sylvester Stallone”. Sly había completado en tres días el guión para una película y tenía la idea de enviarlo a algún productor para que sea filmado. Era un guión inspirado en la hazaña de George Wepner.

Paulie Smith estaba sorprendido, Sly Stallone había resultado en algo más que un carnicero, era un guionista de cine. “Vaya – dijo con asombro – no sabía que podías escribir Sly”. Sly volvió a sonreír y miró hacía el final de la calle. “Vamos Paulie, vamos a enviarlo a algún productor, tal vez alguien quiera filmar esta historia” Compraron unos sellos postales y depositaron el guión en un buzón.

Un año después Rocky Ganaría el Oscar como mejor película. George Wepner fue a verla y salió satisfecho. Cuando alguien le preguntó que le había parecido se encogió de hombros y respondió: “los golpes en pantalla, no parecen ser tan dolorosos” entonces se tocó profunda cicatriz de la ceja izquierda y pensó que tal vez él debería tener una nueva oportunidad contra Muhammad Alí.

Nunca la tuvo.

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Así las cosas hoy sábado…salud pues……

 

 

 

 

 

 

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Del FICMY 3 (Reflexión final)…

Seven Readers!!!..

La primera edición del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán estuvo acompañada de lo que a todos luces era una costosa campaña de publicidad. Se colgaron pendones a lo largo de avenidas tan importantes de la ciudad como lo es el Paseo de Montejo, se pudieron observar mensajes alusivos al evento en unidades del transporte público y en espectaculares puestos en sitios estratégicos de la ciudad. En contraste, la segunda edición careció prácticamente de una campaña publicitaria. Algo sucedió para que el la organización del evento no contemplara el bombardeo de mensajes para el público. Supongo que hubo una reducción importante en el dinero del festival. Ello quizá se deba a la poca asistencia que hubo el año pasado en los pasillos del Centro Convenciones Siglo XXI – sede principal del FICMY en 2015 – en el que los patrocinadores colocaron varios stands en los que prácticamente no se paró nadie. Especulando uno puede inferir que por circunstancias muchas de las empresas patrocinadores de la primera edición decidieron no arriesgar su dinero en la segunda. Eso fue en detrimento del Festival y por ende se trató de un acontecmiento que pasó desapercibido para la gran mayoría de los meridanos.

Además de la anterior, varias reflexiones pueden desprenderse de la segunda edición del FICMY. Van algunas de ellas en éste que será un largo post.

La Programación del Festival…

Otro problema del festival recae en esa pretensión de abarcar diversas temáticas en su Selección. Son siete las secciones en las que se divide la competencia lo que parece un intento para abarcar una mayor cantidad de propuestas cinematográficas. En un principio esto puede parecer como una buena idea, pero este año ha quedado claro que tantas secciones resultan en detrimento de la calidad de la competencia. Por poner un ejemplo El Festival de Cannes solo tiene 4 secciones en las que se entregan premios (la Sección Oficial, El Premio Una Cierta Mirada, Los Premios Cinéfondation y La Cámara de Oro), claro que es una desproporción comparar a Cannes con el FICMY, pero si existe la real aspiración de consolidar al Festival como un evento atractivo y que se coloque en el circuito de festivales nacionales como uno de los más importantes tiene que ser más especializado en cuanto a las categorías de su competencia. Existen dos temáticas que pueden aprovecharse: convertirlo en un evento destinado a la exposición del cine iberoamericano (algo que no hacen los festivales existentes en la región) o bien centrarse en alguna temática como puede ser el cine de carácter social. Ello mejoraría sin duda la oferta programática y elevaría la calidad de las películas en la misma.

My Festival, My Precious…

Uno de los grandes males que tienen los eventos que se realizan en Yucatán y que aspiran a ser referentes culturales de la región, es el excesivo afán de protagonismo de sus directores. Lo vemos todos los años con el Festival Internacional de la Cultura Maya cuyo director es bastante conocido por su afición a los reflectores y por esa ambición de pasar a como uno de los personajes más reconocidos de la historia del arte y la cultura yucateca (en realidad su camino va en un sentido contrario al que tienen sus proyecciones personales). Lo vemos también con el director de la Feria Internacional de la Lectura quien en los últimos días anda feliz anunciando autos de súper lujo y apareciendo, en una pose bastante soberbia,  en las fotos de sociales junto a los Reyes de España. Es decir, son dos personajes que han utilizado eventos culturales como plataformas para acumulación de poder e influencias.

La directora del FICMY aún no alcanza los niveles de los dos personajes citados anteriormente, pero su exceso de protagonismo en el festival resulta en detrimento del mismo. Es loable que haya impulsado la idea de un Festival de Cine para la ciudad, pero si algo nos han enseñado los grandes eventos culturales es que estos son más exitosos cuando sus directores evitan las luces de candilejas y realizan su trabajo tras bambalinas. En este caso parecería que el FICMY (y la supuesta Comisión Fílmica que dirige) es un tesoro personal que necesita de su presencia en todas las fotos, en todos los créditos de los cortos para el Short Film Race (fue presentada por el par de merolícos que hicieron como que conducían el evento como una “gran personalidad”), en todas las llamadas “alfombras rojas”. Uno intuye que nada, ni nadie se mueve en la organización del evento sin su aprobación y tanta concentración de poder está por al barco que se capitanea al naufragio.

Si en realidad a las autoridades culturales del estado les interesa tener un festival de cine fuerte, con presencia nacional e internacional (¿será que les interese?), es importante que tomen cartas en el asunto y se involucren más en la organización del mismo. Lo ideal sería restar poder y capacidad de decisión a la actual directora y crear un consejo conformado por gente de cine, gente con experiencia en organización de festivales, gente con experiencia en la obtención de recursos para la organización de grandes eventos culturales (no tienen que ser necesariamente yucatecos) para tomar las riendas del evento. Sería importante que la dirección del festival recaiga en alguna persona que sea nombrada por el Consejo y que ésta tenga que rendirle cuentas al mismo. Si ese cambio no se realiza y el FICMY sigue en manos de su actual directora, me temo que se va a convertir en un acontecimiento repetitivo, carente de interés general y sin la penetración social necesaria para generar una auténtica cultura cinematográfica en la entidad.

JAGUAR WEB

La urgente profesionalización del Staff…

El viernes pasado me dirigí al Centro Cultural Olimpo – sede principal del festival – con la intención de preguntar sobre algunas actividades del programa. Pregunté a dos de los chicos de la organización por la sala de prensa y ambos se miraron como si les hubiera preguntado por la fórmula para obtener carbono 14. Después de meditar que hacer por varios segundos apuntaron hacía una mesa en la que estaba otro de los muchachos del staff que – según me dijeron – era el encargado de atender a los medios. Detrás de una mesa, desparramado en su silla, se encontraba un muchacho que miraba sin cesar su celular. Al preguntarle por la sala de prensa apenas levantó la mirada del teléfono y me contestó que no había una (sí, en un festival que aspira a ser de los mejores del país no existe una sala de prensa para que los medios puedan realizar sus notas sobre el evento, particularmente aquellos que vienen de otras partes del país…¿o será que no hubo medios de otras partes?) y que no podía darme información porque simplemente no la tenía. Claro que podría haberme comunicado con el jefe de prensa del FICMY para obtener lo que requería, pero no lo hice porque en ese momento me pareció que un Festival tiene que tener un Staff con toda la información que requieran no solamente los representantes de los medios de comunicación sino el público en general.

El Staff está conformado en su mayoría por estudiantes universitarios que llegan al Festival con la promesa de que estarán viviendo “una gran experiencia” y sin devenir salario alguno trabajan cualquier cantidad de horas para la organización del FICMY, ellos no tienen la culpa de que no se les brinde la capacitación necesaria para atender las necesidades de las diferentes áreas del festival. El voluntariado es importante en todo gran acto cultural y artístico, pero el voluntario debe ser una persona preparada con meses de antelación para resolver cualquier contingencia que se presente en el área al que estará destinado a trabajar. Ellos son la imagen del festival y la organización tendría que preocuparse más por la que estos chicos dan del FICMY pues al final ellos son los pilares del mismo sobre todo en términos de logística y atención al público.

La ¿Prensa de Espectáculos en Yucatán?…

Hace un par de meses, la edición digital de la Revista Nexos publicaba un artículo de Mariana Mijares titulado Batman y Superman vs las Selfies: la Actualidad del Periodismo de Espectáculos. En él la autora narraba como cuando entró a trabajar como reportera de esa fuente, una de las primeras instrucciones que le dieron fue “nunca pedirle autógrafos, ni fotos al talento”. Mónica Mijares posteriormente cuenta lo siguiente:

“No voy a mentir: no voy a decir que nunca sucumbí a la tentación de pedir una foto; lo hice. Sin embargo, dejé de hacerlo en el instante en que noté que mi entrevistado me había perdido el respeto; ese respeto que me había costado ganarme luego de 30 minutos de entrevista. Fue en el instante en que le pedí la foto que dejó de verme como una periodista inteligente, tenaz o creíble. Había pasado a ser una simple fan.
Esta semana, después de ver lo que pasó en los medios y con los periodistas que cubrieron la visita de Ben Affleck y Henry Cavill a México como parte de la promoción de Batman vs. Superman, entendí, más que nunca, que el periodismo de espectáculos ya perdió credibilidad y está en crisis. ¿Por quéPorque ha dejado de ser una prioridad llevar la mejor nota para sustituirlo por lograr la mejor selfie”.

En Yucatán un evento como el FICMY deja ver aún con más fuerza, esa crisis por la que atraviesa la prensa de espectáculos. La mayoría de los medios de comunicación locales, de los representantes de los mismos, reducen su cobertura a un par de notas compuestas por generalidades relacionadas al acontecimiento. Lo que los trabajadores de los medios si hacen muy bien es llenar sus redes sociales con fotos en las que aparecen con actores y directores que vienen a presentar sus películas al Festival. Parecería que tienen la idea de que eso los legitima ante el público, que ello les hace tener presencia y los convierte también en protagonistas del evento cuando en realidad su función es la de informar y la de mantener una postura crítica ante lo que están presenciando.

Una de las cosas que más llamó mi atención es que nunca vi a nadie de la prensa en las funciones a las que asistí. Nunca leí en los periódicos, nunca escuché en la radio, nunca vi en la televisión local, una reseña sobre alguno de los filmes en competencia. Eso es porque entre la prensa de espectáculos no se tiene el más mínimo interés por el cine – el verdadero protagonista del Festival – ni quienes trabajan en los medios tienen la capacidad y/o la preparación para reseñar en medios electrónicos una película. En resumen: en Yucatán no existe el periodismo de espectáculos. Lo que se tiene es un grupo de reporteros dispuestos a salir en la foto y a acceder a cualquier fiesta o evento en la que puedan codearse y retratarse con alguien medianamente famoso. Eventos como el FICMY solamente sirven para exhibirlos de la peor manera.

Como una reflexión aparte, no deja de ser algo paradójico que la Secretaría de Cultura entregue cada 7 de Junio un premio al “Periodismo de Espectáculos”. En realidad, tal y como sucedió el año pasado, parece ser que se la dan a quien tenga más fotos junto a algún famoso pero que jamás ha hecho un periodismo de espectáculos serio. Es una vergüenza.

Colofón…

Estuve en varias funciones del festival. En la mayoría el número de asistentes a las salas en las que se proyectaron las películas no superaron las 15 personas. Ello es el reflejo de un Festival que la gente de Mérida desconoce, que no espera con ansia, que no ha hecho ni hará suyo, pues sigue siendo un acto que prefiere alejarse de los centros culturales para aislarse en haciendas lujosas y lejanas a la ciudad para realizar sus ceremonias de apertura y clausura. Un evento que se está convirtiendo en una empresa particular (¿exitosa en términos económicos? quien sabe)  y que parece no tener interés en generar un cambio en los paradigmas culturales de la entidad.

En el FICMY el cine no es de todos, es de unos cuantos, unos muy pocos, y ello es realmente una auténtica pena.

Así las cosas hoy jueves…

Salud pues……

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