De Columnas Olímpicas…

Seven Readers!!!…

El blog estuvo un tanto abandonado durante este mes. La razón: estuve escribiendo una columna olímpica para la Revista Soma. A continuación les paso los links de todas ellas para que ustedes puedan leerlas. Ha sido un enorme viaje el escribir sobre unos Juegos Olímpicos grandiosos como lo fueron los de Río 2016. La serie se tituló “Los Juegos de la Felicidad“. Tuve la oportunidad de escribir sobre el contexto de los Juegos, atletas mexicanos y sobre las leyendas olímpicas que pasaron al Olimpo de los deportistas de nuestro tiempo. Aquí tienen la serie completa…

Los juegos de la felicidad (I)

Los juegos de la felicidad (II)

Los juegos de la felicidad (III)

Los juegos de la felicidad (IV)

Los juegos de la felicidad (V)

Los juegos de la felicidad VI

Los juegos de la felicidad VII

Los juegos de la felicidad VIII

Los juegos de la felicidad IX

Los juegos de la felicidad (X)

Los juegos de la felicidad: clausura Río 2016

Este blog retoma su programación normal a partir de ahora…

Así las cosas hoy jueves…

Salud Pues……

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De Bud Spencer o el Arte del Catorrazo…

Seven Readers!!!…

Mis primeras memorias cinéfilas son muy claras. Se remontan a finales de los setenta y principios de los ochenta, a cines viejos y cuyo suelo siempre estaba pegajoso, a viejos  y ruidosos ventiladores que luchaban con gallardía contra el calor que hacía en salas carentes de aire acondicionado. Son los recuerdos de sábados por la tarde cuando recién bañado y con el pelo engomado, acudía con la familia a aquellos viejos palacios dedicados a la exhibición de películas que se encontraban en las céntricas calles de Mérida Yucatán. El Rex o el Cantarell eran cines alejados de la comodidad que hoy se respira en los complejos dedicados a la exhibición de filmes. Sus sillas eran duras, incómodas y sus palomitas eran rancias y parecían pequeñas gomitas de chicle salado. En todo caso sí uno quería comer algo mientras se disfrutaba un filme lo mejor eran las grageas Escalona cuyo semi amargo chocolate producía fiestas en el paladar de cualquier niño.

Pero a pesar de aquellas incomodidades el cine resultaba en toda una aventura. Yo iba con la felicidad total a ver mis héroes de la pantalla salir de inverosímiles situaciones utilizando ya sea el ingenio o la fuerza bruta para realizar hazañas que me parecían fantásticas. Y mientras que para generaciones anteriores John Wayne o James Dean eran los elegantes ídolos de la pantalla, yo crecí idolatrando a actores cuya mayor virtud era la de propinar auténticos catorrazos a una serie de inútiles villanos que osaban pararse enfrente de ellos. Yo no lo sabía entonces, pero mis primeros héroes del séptimo arte eran italianos aunque tenían los nombre más norteamericanos del séptimo arte: Terence Hill y Bud Spencer.

Sus películas no eran complejas. Incluso, salvo alguna excepción (Dos Puños Contra Río), diría que la trama giraba en torno a lo mismo: Spencer y Hill eran el agua y el aceite a quienes alguna situación reunía para defender a un grupo de personas que sufrían el abuso por parte de los villanos en turno. En realidad, el argumento era lo de menos. Lo que era realmente atractivo es como un par de auténticos granujas se enfrentaba a los malos del filme para salirse con la suya y defender a los que parecían estar perdidos. Ambos con diferentes estilos para pelear.

Spencer significaba la fuerza bruta. Podían golpearle entre varias personas y simplemente no caía, podían romperle artefactos encima y el tipo permanecía en pie. Sus bofetadas y sus golpes en la cabeza eran la marca de la casa. Era capaz de resistir el asedio de más un pandillero para terminar con él. Hill por su parte utilizaba la agilidad y la inteligencia. No era raro verle tomar algún instrumento para hacer de él un arma que resultaba en fulminante para quien se ponía en su camino. Los dos formaban un equipo formidable y eran capaces de acabar con pandillas enteras sin mayores problemas y, por supuesto, sin sufrir rasguño alguno. Usualmente era Hill quien provocaba que Spencer entrara en acción para luego acudir a su rescate aunque uno sospechaba que el gordo mal encarado y bonachón tenía la capacidad para arreglárselas por si mismo.

Spencer y Hill fueron dignos herederos del catorrazo ese elemento fundacional de la comedia cinematográfica. El gag que utilizaba al físico para generar carcajadas. Existe por supuesto una relación entre los filmes de Bud y Terence y aquellos que dieron origen a la comedia en el cine protagonizados por Chaplin, Keaton o Lloyd. Comedia en las que los pleitos, los golpes, las caídas y los tortazos constituían el génesis del arte cinematográfico. Quizá también con ellos se extinguió esa comedia propia de tiempos más inocentes, carentes de sofisticación y pretensión. Una comedia física capaz de hacer reír hasta el más serio, la comedia de mi infancia, la comedia de Bud Spencer y Terence Hill.

No era lo único que los distinguía. Estaba también su forma de sentarse a la mesa, de literalmente engullir los alimentos. Los modales salían sobrando, era el gozo puro por la comida o la necesidad de satisfacer un instinto de supervivencia. Vivir para comer, comer para vivir; nada más, nada menos. La escena de la cena daba siempre pie a otro tipo de situaciones y permitía revelar mucho de la personalidad de los protagonistas de los filmes.

Aquí dos escenas que son ejemplo de ello.

La primera es de Mi Nombre es Trinity de 1970. Hill entra a una posada de mala muerte en la que se refugian dos bandidos que traen a un prisionero. El personaje principal accede al sitio con la idea de alimentarse, nada más. La cámara seguirá su rápido proceso de alimentación lo que llamará la atención no solamente del dueño del lugar sino también de los malhechores. La escena funcionará para determinar el carácter del personaje principal y sus habilidades como pistolero, las cuales no eran posibles de intuir a partir de su aspecto.

La segunda es de la secuela “Mi Name is Still Trinity”. Trinity (Hill) y Bambino (Spencer) entran un restaurante elegante, rompen el contexto del mismo y atraen la atención de toda la clientela por sus voraces modales en la mesa. Para ellos la comida no es un acto social, sino una mera satisfacción instintiva. La escena es grandiosa porque marca la personalidad de los personajes principales: los anti héroes, los granujas, los pillos que van a terminar rompiendo con los moldes establecidos por la sociedad representada en el filme.

Lo interesante de las películas de Bud Spencer y Terence Hill es que existe en ellas la idea de un estilo constante, algo que se repite como una fórmula única y que les brindó de características especiales. Por supuesto esa fórmula no está sustentada en un complejo planteamiento audiovisual, diálogos sesudos o situaciones en los que la humanidad está a prueba. Su moral se resume a salirse con la suya mientras que en el proceso se ayuda a quien lo necesita. Quizá por ello sus filmes nos encantaron a muchos en la infancia, porque podríamos reconocernos en esa inocencia y en esa lucha por el bien encarnada en algunos de los ideales más simples pero más importantes que puede tener el ser humano: la solidaridad, la amistad y el compañerismo.

Hoy ha muerto Bud Spencer. Supongo que sonará a cliché pero creo que la frase es acertada: una buena parte de la infancia de una generación se ha ido con él. Trato de pensar en algún actor similar, en películas similares a las filmadas por Carlo Pedersoli (su verdadero nombre) y no las encuentro. Quizá ni él ni Mario Giroti (nombre real de Terence Hill) hayan dejado un legado muy grande en términos artísticos, pero es posible que con su partida venga el reconocimiento a una obra lejana de pretensiones y cuya única finalidad era la de divertir y divertirse. Películas simples, para una era simple.

Hasta pronto Antonio Coimbra de la Coronilla y Azevedo. Varios niños de los 70 y los 80 te vamos a echar de menos.

Así las cosas hoy lunes…

Salud Pues……

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De Leo y España…

Seven Readers!!!…

La imagen recorre rápidamente a los medios de comunicación y a las redes sociales. Lionel Messi ha fallado un penalti definitivo, llora desesperado mientras el mundo se dispone a crucificarle. Porque si algo parece congratular a buena parte de la humanidad es cuando un grande se cae, cuando falla, quizá porque ello nos recuerda que los genios también son humanos o quizá porque tenemos un gen escondido en algún cajón de la mente que aparece cada vez que los grandes fallan para hacernos sentir un poco menos mediocres, uno poco más cercanos a ellos.

Supongo que habrá quien se regodee de felicidad por la derrota de Argentina del día de ayer. Supongo que habrá quien piense que no es la derrota de todo un equipo sino de un solo jugador, de un tipo que se ha entregado con todo a su Selección y que ésta no ha estado a la altura de sus circunstancias, de su calidad, de su compromiso. Ayer nadie parecía recodar las fallas de Higuaín y de Agüero que han sido determinantes en las derrotas argentinas tanto en el Mundial como en la Copa América Centenario. Porque al final los dos delanteros son simples mortales mientras Messi pertenece a un panteón exclusivo en el que habitan solamente Pelé y Maradona.

messi

Lo mismo pasará con España.

Existe, sobre todo en México, un odio inexplicable al fútbol de la Selección Española. Quizá porque en su momento fue tan hermoso, tan práctico, tan similar a lo que hacía el Barcelona de Guardiola, que generaba la envidia de otros territorios futbolísticos que esperaban como carroñeros el momento en el que la gran generación de futbolistas españoles terminara su ciclo.

Eso ha ocurrido hoy.

Quien se alegra de la derrota española no puede llamarse aficionado al fútbol, se trata sí de un fanático que no aprecia la belleza y los entramados del juego, alguien que no entiende de la estética del deporte y solo se deja llevar por los resultados y por irracionales odios que van más allá de lo meramente deportivo.

La Selección Española fue un reflejo del equipo que mejor ha practicado el balompié en la historia. Pero todo pasa, todo tiene ciclos y hoy se terminó uno que fue brillante y que engrandeció al fútbol y al deporte en general.

Creo que ha sido un fin de semana muy triste para el fútbol.  Las lágrimas de Messi y su posible renuncia a una selección en la que jugaba, como bien apuntaba Jorge Valdano, como si necesitara pedirle perdón a un país entero que nunca ha dejado de recriminarle que se formara en los campos de otro continente. Y al otro lado del Atlántico una de las mejores selecciones de la historia concluía con su reinado europeo cayendo ante un equipo que ha cimentado su grandeza en un estilo completamente contrario al de los ibéricos y que hoy les ha funcionado a la perfección.

Estamos ante el final de una era en el fútbol europeo, estamos ante el posible final de era de Messi con Argentina. Es un día triste para el balompié mundial. Quienes realmente apreciamos a este deporte tenemos que unirnos en el llanto de los grandes.

Es un día triste para el fútbol.

…A menos que Islandia nos haga soneír de nuevo…

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

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De Alí vs Rocky Balboa…

Seven Readers!!!…

Hace algunos años inicié un proyecto que nunca he podido terminar. Se trata de una serie de historias que retratan mi amor por el cine, anécdotas que están inspiradas en hechos reales y que son un homenaje a personajes a los que he disfrutado en pantalla. Una de ellas estaba inspirada en Muhammad Alí. El breve cuento se titula Alí vs Rocky Balboa y me atrevo a compartirlo el día hoy como un homenaje a “The Greatest” quien se ha ido a boxear a las estrellas.

Aquí la tienen.

Alí vs Rocky Balboa.

Paulie Smith entró corriendo a la carnicería en la que trabajaba. Blandía dos boletos en las manos. “¡Los tengo Sly, los tengo¡” dijo, mientras sonreía emocionado. Su compañero volteó a mirarle mientras dejaba a un lado el enorme cuchillo con el que rebanaba una pierna de cerdo. ¡Woah…Alí, bien, bien¡ dijo mientras felicitaba a su amigo con una palmada en la espalda. Sly, se sintió emocionado. Era un gran fanático del boxeo y particularmente del más grande de todos los tiempos: Muhammad Alí, pero nunca había tenido la oportunidad de verle pelear en vivo. Recordó emocionado la pelea en la que, hace algunos, meses Alí le había ganado a George Foreman: la famosa batalla en Kinshase, Zaire. Nadie – ni el mismo Sly – se imaginaba que Alí aceptaría una pelea luego de la gran batalla que había sostenido contra el aguerrido Foreman. Pero para sorpresa de todos Alí había aceptado pelear en Nueva York contra un tipo del que pocos habían oído, un tal Chuck Wepner.

Chuck Wepner era un peleador de 37 años que había sido derrotado por prácticamente todos los pesos completos del mundo. A su edad, nadie daba un centavo por él. Antes de pelear con Alí, había firmado un contrato con Don King para sostener un encuentro contra de Foreman, pero una vez derrotado éste Wepner pensó que la posibilidad de combatir en contra de un campeón mundial se había esfumado. Para sorpresa de todos, Alí decidió hacer válido ese contrato y pelear en contra del veterano púgil. El más sorprendido fue el propio Wepner, no solamente iba a pelear en contra de un Campeón Mundial, sino que lo haría contra el más grande de todos.

Las apuestas indicaban que sería una paliza: 30 a 1 a favor de Alí. El mundo entero consideraba la pelea como una broma, el mundo entero menos Wepner. Le llamaban “El Sangrador de Bayonne” pues sus cejas tenían la fama de explotar en sangre después de tres o cuatro golpes bien centrados por sus adversarios. Pero en esta ocasión Wepner iba a hacer todo lo posible por mantener a sus cejas lejanas de los puños de Alí. Eso ya era una misión, casi imposible. Con toda la edad a cuestas realizó la preparación de su vida iba a pelear contra un gigante y necesitaba estar listo para ello.

Paulie Smith se hizo paso entre la gente para llegar a su asiento. Traía dos cervezas en las manos. Haciendo equilibrio entre la multitud logró llegar hasta donde le esperaba Sly. Estaban a unos minutos de ver a su gran ídolo en vivo, a Muhammad Alí. Las luces permanecieron encendidas cuando alguien anunció que el retador George Wepner se dirigía al cuadrilátero. Sly y Paulie miraron a aquella burda figura que se dirigía al Ring. Wepner parecía ser el único que no se daba cuenta de la indiferencia que causaba: iba  sumido en su mundo, en su noche de ensueño, sonriente, feliz, saludando al público.

Las luces de la Arena se apagaron y un estruendo de la multitud hizo que el lugar retumbara. Paulie y Sly se unieron a los miles de aficionados que aplaudían a rabiar cuando la imponente presencia de Muhammad Alí comenzó su camino rumbo al cuadrilátero. Cuando subió prácticamente borró a cualquier otra persona que ahí se encontraba. El mismo Wepner estaba fascinado mirando al más grande. Las luces se encendieron. Y los púgiles se prepararon para el combate, acercándose al referee para escuchar las instrucciones. Alí miró con desprecio a Wepner cuando el Sangrador de Bayonee le deseó buena suerte con una sonrisa en los labios. Ambos se digirieron a sus esquinas.

Sonó la campana.

Ni Sly, Ni Paulie, ni los miles de aficionados que llenaban la arena o los millones que veían el combate por Televisión estaban preparados para lo que aconteció en los siguientes 45 minutos de combate. Desde el principio de la pelea Alí comenzó a marcar el rumbo de la misma, bailoteaba alrededor del lento Wepner quien trataba de asestar uno que otro golpe a Muhammad. Las famosas cejas del retador comenzaron a sangrar desde el tercer round, parecía que en cualquier momento caería pero aguantaba con gran entereza los potentes golpes de Alí. Era una masacre que seguramente terminaría pronto, que concluiría con el golpe certero del “más grande” que acabaría con la férrea resistencia de Wepner. Pero ese momento no llegaba. A la mitad del Quinto Round, un sector del público comenzó a corear el nombre de Wepner. Al final del octavo, prácticamente la mitad de la arena aclamaba a ese bulto humano que absorbía los potentes golpes de Alí con las cejas destrozadas y el blanco rostro cubierto de sangre. Sly y Paulie se encontraban ya entre los que emocionados apoyaban la gesta heroica de George Wepner. Pero en el noveno enmudecieron por unos instantes. Wepner soltó algo parecido a un gancho al hígado que impactó de manera poderosa en la humanidad de Alí que terminó en la lona. Lo increíble había sucedido el silencio brutal dio paso a una explosión de felicidad cuando el referee comenzó a aplicarle al campeón la cuenta de protección. En ese momento la arena entera coreaba solamente un nombre, el de George Wepner.

Alí se levantó y atacó con más fuerza a Wepner. La pelea entonces llegó a nuevos límites dramáticos, pues la superioridad del campeón se hizo más evidente. Llegaron así al último round, el 15. Cuando la campana sonó Alí se fue sobre Wepner como un lobo tras su presa. Wepner prácticamente no veía nada. Tenía los dos ojos casi cerrados. Sly en su asiento parecía sufrir cada uno de los golpes que terminaban en algún lugar del maltrecho del retador. Cuando la pelea entró a su último minuto, los segundos se alargaron extendiendo el drama. Faltaban 19 segundos cuando Wepner no pudo más, un poderoso golpe de Alí se estrelló en el ya deforme rostro del retador enviándolo a la lona. Tambaleante George Wepner se puso de pie como pudo. Faltaban solamente cinco segundos para que terminara oficialmente el round cuando increíblemente el árbitro declaró el nocáut técnico. Fue una decisión ridícula para muchos, incluido Sly y su amigo Paulie. No le habían permitido a George Wepner completar su hazaña: aguantar 15 rounds con un peleador a todas luces superior, aguantar 15 rounds con el más grande de la historia: Muhammad Alí.

Sly salió de la arena profundamente conmovido. Casi es atropellado por la ambulancia que trasladaba en ese momento a George Wepner al hospital. Se despidió con un gesto de Paulie Smith y se dirigió a casa. No salió en tres días. Paulie Smith preocupado fue a visitarle pues no le veía desde la noche del pelea. Le encontró sentado en la escalinata que daba a la puerta de su casa. Era una mañana particularmente fría. Smith saludó a Sly y le preguntó que le había pasado, en donde se había metido. Sly clavó la mirada en el suelo, sonrió y le entregó un paquete de hojas a Paulie Smith. En la primera de ellas podía leerse lo siguiente: “Rocky, un guión de Sylvester Stallone”. Sly había completado en tres días el guión para una película y tenía la idea de enviarlo a algún productor para que sea filmado. Era un guión inspirado en la hazaña de George Wepner.

Paulie Smith estaba sorprendido, Sly Stallone había resultado en algo más que un carnicero, era un guionista de cine. “Vaya – dijo con asombro – no sabía que podías escribir Sly”. Sly volvió a sonreír y miró hacía el final de la calle. “Vamos Paulie, vamos a enviarlo a algún productor, tal vez alguien quiera filmar esta historia” Compraron unos sellos postales y depositaron el guión en un buzón.

Un año después Rocky Ganaría el Oscar como mejor película. George Wepner fue a verla y salió satisfecho. Cuando alguien le preguntó que le había parecido se encogió de hombros y respondió: “los golpes en pantalla, no parecen ser tan dolorosos” entonces se tocó profunda cicatriz de la ceja izquierda y pensó que tal vez él debería tener una nueva oportunidad contra Muhammad Alí.

Nunca la tuvo.

alí

Así las cosas hoy sábado…salud pues……

 

 

 

 

 

 

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Del FICMY 3 (Reflexión final)…

Seven Readers!!!..

La primera edición del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán estuvo acompañada de lo que a todos luces era una costosa campaña de publicidad. Se colgaron pendones a lo largo de avenidas tan importantes de la ciudad como lo es el Paseo de Montejo, se pudieron observar mensajes alusivos al evento en unidades del transporte público y en espectaculares puestos en sitios estratégicos de la ciudad. En contraste, la segunda edición careció prácticamente de una campaña publicitaria. Algo sucedió para que el la organización del evento no contemplara el bombardeo de mensajes para el público. Supongo que hubo una reducción importante en el dinero del festival. Ello quizá se deba a la poca asistencia que hubo el año pasado en los pasillos del Centro Convenciones Siglo XXI – sede principal del FICMY en 2015 – en el que los patrocinadores colocaron varios stands en los que prácticamente no se paró nadie. Especulando uno puede inferir que por circunstancias muchas de las empresas patrocinadores de la primera edición decidieron no arriesgar su dinero en la segunda. Eso fue en detrimento del Festival y por ende se trató de un acontecmiento que pasó desapercibido para la gran mayoría de los meridanos.

Además de la anterior, varias reflexiones pueden desprenderse de la segunda edición del FICMY. Van algunas de ellas en éste que será un largo post.

La Programación del Festival…

Otro problema del festival recae en esa pretensión de abarcar diversas temáticas en su Selección. Son siete las secciones en las que se divide la competencia lo que parece un intento para abarcar una mayor cantidad de propuestas cinematográficas. En un principio esto puede parecer como una buena idea, pero este año ha quedado claro que tantas secciones resultan en detrimento de la calidad de la competencia. Por poner un ejemplo El Festival de Cannes solo tiene 4 secciones en las que se entregan premios (la Sección Oficial, El Premio Una Cierta Mirada, Los Premios Cinéfondation y La Cámara de Oro), claro que es una desproporción comparar a Cannes con el FICMY, pero si existe la real aspiración de consolidar al Festival como un evento atractivo y que se coloque en el circuito de festivales nacionales como uno de los más importantes tiene que ser más especializado en cuanto a las categorías de su competencia. Existen dos temáticas que pueden aprovecharse: convertirlo en un evento destinado a la exposición del cine iberoamericano (algo que no hacen los festivales existentes en la región) o bien centrarse en alguna temática como puede ser el cine de carácter social. Ello mejoraría sin duda la oferta programática y elevaría la calidad de las películas en la misma.

My Festival, My Precious…

Uno de los grandes males que tienen los eventos que se realizan en Yucatán y que aspiran a ser referentes culturales de la región, es el excesivo afán de protagonismo de sus directores. Lo vemos todos los años con el Festival Internacional de la Cultura Maya cuyo director es bastante conocido por su afición a los reflectores y por esa ambición de pasar a como uno de los personajes más reconocidos de la historia del arte y la cultura yucateca (en realidad su camino va en un sentido contrario al que tienen sus proyecciones personales). Lo vemos también con el director de la Feria Internacional de la Lectura quien en los últimos días anda feliz anunciando autos de súper lujo y apareciendo, en una pose bastante soberbia,  en las fotos de sociales junto a los Reyes de España. Es decir, son dos personajes que han utilizado eventos culturales como plataformas para acumulación de poder e influencias.

La directora del FICMY aún no alcanza los niveles de los dos personajes citados anteriormente, pero su exceso de protagonismo en el festival resulta en detrimento del mismo. Es loable que haya impulsado la idea de un Festival de Cine para la ciudad, pero si algo nos han enseñado los grandes eventos culturales es que estos son más exitosos cuando sus directores evitan las luces de candilejas y realizan su trabajo tras bambalinas. En este caso parecería que el FICMY (y la supuesta Comisión Fílmica que dirige) es un tesoro personal que necesita de su presencia en todas las fotos, en todos los créditos de los cortos para el Short Film Race (fue presentada por el par de merolícos que hicieron como que conducían el evento como una “gran personalidad”), en todas las llamadas “alfombras rojas”. Uno intuye que nada, ni nadie se mueve en la organización del evento sin su aprobación y tanta concentración de poder está por al barco que se capitanea al naufragio.

Si en realidad a las autoridades culturales del estado les interesa tener un festival de cine fuerte, con presencia nacional e internacional (¿será que les interese?), es importante que tomen cartas en el asunto y se involucren más en la organización del mismo. Lo ideal sería restar poder y capacidad de decisión a la actual directora y crear un consejo conformado por gente de cine, gente con experiencia en organización de festivales, gente con experiencia en la obtención de recursos para la organización de grandes eventos culturales (no tienen que ser necesariamente yucatecos) para tomar las riendas del evento. Sería importante que la dirección del festival recaiga en alguna persona que sea nombrada por el Consejo y que ésta tenga que rendirle cuentas al mismo. Si ese cambio no se realiza y el FICMY sigue en manos de su actual directora, me temo que se va a convertir en un acontecimiento repetitivo, carente de interés general y sin la penetración social necesaria para generar una auténtica cultura cinematográfica en la entidad.

JAGUAR WEB

La urgente profesionalización del Staff…

El viernes pasado me dirigí al Centro Cultural Olimpo – sede principal del festival – con la intención de preguntar sobre algunas actividades del programa. Pregunté a dos de los chicos de la organización por la sala de prensa y ambos se miraron como si les hubiera preguntado por la fórmula para obtener carbono 14. Después de meditar que hacer por varios segundos apuntaron hacía una mesa en la que estaba otro de los muchachos del staff que – según me dijeron – era el encargado de atender a los medios. Detrás de una mesa, desparramado en su silla, se encontraba un muchacho que miraba sin cesar su celular. Al preguntarle por la sala de prensa apenas levantó la mirada del teléfono y me contestó que no había una (sí, en un festival que aspira a ser de los mejores del país no existe una sala de prensa para que los medios puedan realizar sus notas sobre el evento, particularmente aquellos que vienen de otras partes del país…¿o será que no hubo medios de otras partes?) y que no podía darme información porque simplemente no la tenía. Claro que podría haberme comunicado con el jefe de prensa del FICMY para obtener lo que requería, pero no lo hice porque en ese momento me pareció que un Festival tiene que tener un Staff con toda la información que requieran no solamente los representantes de los medios de comunicación sino el público en general.

El Staff está conformado en su mayoría por estudiantes universitarios que llegan al Festival con la promesa de que estarán viviendo “una gran experiencia” y sin devenir salario alguno trabajan cualquier cantidad de horas para la organización del FICMY, ellos no tienen la culpa de que no se les brinde la capacitación necesaria para atender las necesidades de las diferentes áreas del festival. El voluntariado es importante en todo gran acto cultural y artístico, pero el voluntario debe ser una persona preparada con meses de antelación para resolver cualquier contingencia que se presente en el área al que estará destinado a trabajar. Ellos son la imagen del festival y la organización tendría que preocuparse más por la que estos chicos dan del FICMY pues al final ellos son los pilares del mismo sobre todo en términos de logística y atención al público.

La ¿Prensa de Espectáculos en Yucatán?…

Hace un par de meses, la edición digital de la Revista Nexos publicaba un artículo de Mariana Mijares titulado Batman y Superman vs las Selfies: la Actualidad del Periodismo de Espectáculos. En él la autora narraba como cuando entró a trabajar como reportera de esa fuente, una de las primeras instrucciones que le dieron fue “nunca pedirle autógrafos, ni fotos al talento”. Mónica Mijares posteriormente cuenta lo siguiente:

“No voy a mentir: no voy a decir que nunca sucumbí a la tentación de pedir una foto; lo hice. Sin embargo, dejé de hacerlo en el instante en que noté que mi entrevistado me había perdido el respeto; ese respeto que me había costado ganarme luego de 30 minutos de entrevista. Fue en el instante en que le pedí la foto que dejó de verme como una periodista inteligente, tenaz o creíble. Había pasado a ser una simple fan.
Esta semana, después de ver lo que pasó en los medios y con los periodistas que cubrieron la visita de Ben Affleck y Henry Cavill a México como parte de la promoción de Batman vs. Superman, entendí, más que nunca, que el periodismo de espectáculos ya perdió credibilidad y está en crisis. ¿Por quéPorque ha dejado de ser una prioridad llevar la mejor nota para sustituirlo por lograr la mejor selfie”.

En Yucatán un evento como el FICMY deja ver aún con más fuerza, esa crisis por la que atraviesa la prensa de espectáculos. La mayoría de los medios de comunicación locales, de los representantes de los mismos, reducen su cobertura a un par de notas compuestas por generalidades relacionadas al acontecimiento. Lo que los trabajadores de los medios si hacen muy bien es llenar sus redes sociales con fotos en las que aparecen con actores y directores que vienen a presentar sus películas al Festival. Parecería que tienen la idea de que eso los legitima ante el público, que ello les hace tener presencia y los convierte también en protagonistas del evento cuando en realidad su función es la de informar y la de mantener una postura crítica ante lo que están presenciando.

Una de las cosas que más llamó mi atención es que nunca vi a nadie de la prensa en las funciones a las que asistí. Nunca leí en los periódicos, nunca escuché en la radio, nunca vi en la televisión local, una reseña sobre alguno de los filmes en competencia. Eso es porque entre la prensa de espectáculos no se tiene el más mínimo interés por el cine – el verdadero protagonista del Festival – ni quienes trabajan en los medios tienen la capacidad y/o la preparación para reseñar en medios electrónicos una película. En resumen: en Yucatán no existe el periodismo de espectáculos. Lo que se tiene es un grupo de reporteros dispuestos a salir en la foto y a acceder a cualquier fiesta o evento en la que puedan codearse y retratarse con alguien medianamente famoso. Eventos como el FICMY solamente sirven para exhibirlos de la peor manera.

Como una reflexión aparte, no deja de ser algo paradójico que la Secretaría de Cultura entregue cada 7 de Junio un premio al “Periodismo de Espectáculos”. En realidad, tal y como sucedió el año pasado, parece ser que se la dan a quien tenga más fotos junto a algún famoso pero que jamás ha hecho un periodismo de espectáculos serio. Es una vergüenza.

Colofón…

Estuve en varias funciones del festival. En la mayoría el número de asistentes a las salas en las que se proyectaron las películas no superaron las 15 personas. Ello es el reflejo de un Festival que la gente de Mérida desconoce, que no espera con ansia, que no ha hecho ni hará suyo, pues sigue siendo un acto que prefiere alejarse de los centros culturales para aislarse en haciendas lujosas y lejanas a la ciudad para realizar sus ceremonias de apertura y clausura. Un evento que se está convirtiendo en una empresa particular (¿exitosa en términos económicos? quien sabe)  y que parece no tener interés en generar un cambio en los paradigmas culturales de la entidad.

En el FICMY el cine no es de todos, es de unos cuantos, unos muy pocos, y ello es realmente una auténtica pena.

Así las cosas hoy jueves…

Salud pues……

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Del FICMY 2…

Seven Readers!!!…

El Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán comienza a vivir sus últimas horas. Mi balance de lo visto y vivido durante el que debería ser el fin de semana más importante para el cine en la ciudad lo haré en el siguiente post. Así que concentrémonos nuevamente en algunas de las películas que se proyectaron durante el evento, así como en el Short Film Race que por lo que pude ver, constituye el punto climático del festival aunque por las características del evento un teatro no lleno no significa necesariamente que el evento tenga gran trascendencia entre el público meridano.

Dentro de la Selección Oficial Mexicana se proyectó “El Placer es Mío” es el segundo largometraje de ficción de Elisa Miller. Una película que cuenta la historia de Rita y Mateo. Una pareja que busca construir una nueva vida en la que fuera la casa de campo de los difuntos padres de Mateo, un lugar enclavado en una pequeña comunidad rural y en el que la pareja creará lo que parece una armoniosa relación hasta que Rita le confiesa a Mateo sus intenciones de ser madre, iniciando así un lento proceso de desgaste de una relación que aparentemente era compenetrada y profunda pero que saca a relucir la superficialidad de la misma generada a partir de una intensa relación sexual y de las diferencias entre los deseos, sueños y metas de los dos protagonistas del filme.

el placer es mío

El filme resulta en un fallido estudio de las relaciones de pareja. Miller pretende mostrar el resquebrajamiento de una relación penetrando en una cotidianidad que resulta insulsa, lenta y poco empática con el espectador. Utilizará planos largos y pretenciosos, fotografiados con una exagerada sobriedad para tratar de introducir al espectador al conflicto que viven sus personajes, sin embargo el efecto es contraproducente pues los abruptos cortes de una escena a otra rompen con esa idea – influenciada sin duda por Terrence Mallick – de realizar un cine meditativo y cotidiano para ejemplificar verdades propias de quienes viven en sociedad de nuestro tiempo. Ni siquiera la solvencia actoral de Edwarda Gurrola salva a la película de su soporífera parsimonia.

Live From New York! es una película de Bao Nguyen que realiza un homenaje al legendario programa de variedades Saturday Night Live con motivo de su aniversario número 40. El filme – presentado en la competencia de Documentales – narrará la historia de uno de los programas más importantes de la televisión norteamericana, su importancia y trascendencia dentro de la cultura pop, así como algunos de los momentos más polémicos en términos políticos y contenido que durante cuarenta años se han vivido en los estudios de Rockefeller Center. La historia será contada por algunos de los protagonistas del show – como el legendario productor Lorne Michaels, Chevy Chase, Tina Fey, Jane Curtin o John Goodman – así como quienes han sido invitados a presentar el programa, políticos que han sido parodiados y músicos que han formado parte del elenco durante todos estos años.

live from

El filme se enfrenta a un reto: reducir 40 años de historia a 82 minutos. Por momentos lo consigue. Los protagonistas narran momentos culminantes en la historia del programa como la ruptura que significó para en términos de formato su irrupción en 1975, su crítica política como detonante de amplios debates en los Estados Unidos y la manera como el programa se fue convirtiendo en un símbolo de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, a la película le falta la emotividad que debe tener todo homenaje, le falta una dosis de humor, así como contar las historias de muchos de los grandes nombres que pasaron por el elenco para completar no solamente un homenaje sino también la trascendencia de Saturday Night Live más allá de las pantallas televisivas.

Al final, uno se queda con la sensación de que un fenómeno cultural como SNL, que aún sigue vigente y con fuerza en esta época en la que muchos auguran el final de la televisión abierta, merecía un tratamiento diferente en una película de esta naturaleza.

El Short Film Race es una idea muy interesante. Se trata de fomentar la producción de cortometrajes en la península de Yucatán. Se realiza una selección de proyectos enviados y al final 11 cortos son elegidos para competir por dos premios: el del jurado y el del público. La proyección de los trabajos realizados fue interesante y se registró ante un Teatro Daniel Ayala lleno de las porras de los productores, directores y actores participantes en los cortos. Al final el nivel de los trabajos fue variado, la mayoría de las películas languidece en materia de historias importantes y trascendentes pues caen en el lugar común o sus realizadores parecen más interesados en mostrar que dominan la técnica del lenguaje audiovisual que por tener historias originales.

Dentro de lo presentado destacaron tres películas: “Descafeinado” un corto realizado en un muy bien logrado plano secuencia; “Desirantúm” que narra la historia de un bailarín que decide reencontrarse con dos viejos amores: una mujer y la danza; y sobre todo “Sideral” una historia de Ciencia Ficción que fue el corto más complejo y más balanceado en términos de originalidad, historia, estructura, diseño de arte y dominio del lenguaje cinematográfico y que, para este escribidor, es el proyecto merecedor del premio del jurado.

Ya veremos…

Así las cosas hoy lunes…

Salud Pues……

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De Capitán América: Civil War…

Seven Readers!!!…

Capitán América: Civil War es un fantástico blockbuster. Insisto en esto: blockbuster. Porque una película de esta naturaleza no busca explorar psicológicamente a los personajes, tampoco plantea dramas existenciales, ni mucho menos contribuir a la reflexión sobre los problemas del mundo. Lo único que tiene como objetivo es entretener (y con ello generar dólares) y trasladar al espectador a mundos imaginarios en el que un tipo puede volar, aventar rayos o suspenderse de una telaraña mientras se columpia por los rascacielos neoyorquinos. Claro que al tratarse de un producto cinematográfico uno como espectador lo que espera es que te cuenten una historia con coherencia, agilidad y e inteligencia. Los tres aspectos los cumple con creces Civil War, convirtiéndola en una divertidísima épica de súper héroes que forma parte una saga que me parece va a sorprendernos más.

Civil War encuentra a los Avengers divididos. Sus recientes actos los han puesto en la mira de las Naciones Unidas que miran con recelo como un grupo de Súper Héroes actúa con total independencia para detener a las amenazas que se ciernen sobre el planeta. Preocupados por las catastróficas consecuencias, la ONU propone a los Avengers sumarse a los llamados “Acuerdos de Sokovia”, que obliga a los súper poderosos a ponerse a las órdenes de la comunidad internacional cuando se trate de entrar en acción, es decir serían unos mega poderosos cascos azules. Esto genera división entre los miembros del grupo. Por un lado están los que se apegan a la posición favorable a los acuerdos, encabezados por Iron Man y quienes se oponen a la firma pues no confían en los políticos para las decisiones que deben tomarse en torno a una amenaza global y que son encabezados por el Capitán América. A ello hay que añadir la irrupción del Soldado de Invierno quien es acusado de causar ataques terroristas, lo que ahondará más en la división entre los personajes pues mientras Tony Stark quiere darle caza, Steve Rogers ve que aún es posible la redención de su antiguo camarada adolescente.

civil war

Joe y Anthony Russo van a dirigir con habilidad y agilidad un bien estructurado guión de Christopher Markus y Stephen McFeely, guión que consigue un adecuado balance entre las escenas más cargadas de acción y aquellas que explican los motivos de los personajes. Las primeras resultan trepidantes y lo mejor es que al estar filmadas en su mayoría en escenarios que replican a la luz natural del día resultan más realistas y creíbles. Las segundas en cambio están siempre filmadas en interiores, llevando al espectador a la intimidad que genera mayor comprensión de los cambios que van sufriendo los personajes a lo largo de la película. Es una película equilibrada, sustentada en el conocimiento previo que el espectador tiene de cada uno de los protagonistas y que añade nuevos elementos a una trama que se va haciendo más compleja conforme avanza el filme, pero que no se pierde en complejidades y resuelve sus nudos dramáticos con sencillez, con credibilidad y sin mayores pretensiones.

La irrupción de nuevos personajes al universo cinematográfico Avenger es emocionante. El Spiderman de Tom Holland y el Ant-Man de Paul Rudd, generan empatía inmediata en el espectador. En el caso de Spiderman es refrescante verlo como adolescente que vive aún con la Tía May (Marisa Tomei: WOW por la tía May) esa frescura es proyectada al momento de ponerse el traje del amigable arácnido lo que provoca que el entrañable Súper Héroe regrese a sus orígenes sin la necesidad de que nos vuelvan a contar toda la historia una vez más. La colisión que tanto Spider – Man y Ant-Man tienen con el resto de los Avengers es grandiosa y la batalla entre los dos bandos, en la que participa también Black Panther, cumple con cualquier expectativa que de ella se haya creado: es jodidamente épica.

 Lo curioso de Civil War es que aunque se trate de una película en la que aparecen los Avengers, nunca deja de sentirse como un filme del Capitán América. Todo gira alrededor de Rogers y, a pesar de que existe un villano, el gran antagonista es – como era de esperarse – Iron Man.

El universo cinematográfico de Marvel se vuelve más interesante a partir de esta película. Los nuevos caminos que pueden tomar las historias que en ella se han planteado seguramente traerán más e incluso mejores filmes. Civil War no es un filme de transición, es un detonante a nuevas aventuras, a nuevas emociones, a salir del cine con la ilusión y el asombro infantil renovados. Porque al final, los filmes de Súper Héroes son para eso: para volver a ser los niños que crecimos admirando a tipos que volaban, que luchaban por la justicia, por defendernos y por hacer del planeta un lugar mejor.

Civil WOW…

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

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