De la Resaca del Emmy 2014…

Seven Readers!!…

Un programa de más de tres horas de duración con solo tres breves momentos de emoción, es no solamente un programa aburrido sino que también es un auténtico fracaso. La gala de los Emmy de este año fue un ladrillo televisivo. Conforme el show iba transcurriendo uno se sentía con la tentación de cambiar el canal o irse a hacer alguna cosa más interesante. Es inexplicable lo que la ha pasado a la Academia de Ciencias y Artes de la Televisión, pues no solamente hubo serios errores de producción sino que los guionistas del programa brillaron por su falta de talento. Tampoco ayudaron dos cosas: el presentador y que desde que comenzó la ceremonia todos sabíamos que Breaking Bad se llevaría los principales premios.

Seth Meyers es muy divertido como presentador de la sección de noticias de Saturday Night Live. Pero una cosa es presentar un segmento en un programa de variedades y otra muy diferente el subirse a presentar una gala de premios. Meyers no canta, no baila, no pudo ser simpático al salir del tono de falso noticiero que utiliza todas las semanas. Su monólogo inicial fue una muestra de lo que iba a suceder: soso, repleto de bromas forzadas y con poco ingenio, como si esas palabras fueran un anuncio de que íbamos a estar ante la peor entrega de Emmys de los últimos años.

Tres momentos salvaron la ceremonia:

El beso entre Julia-Louis Dreyfus y Bryan Cranston:

 

Beso

 

 

Fue un momento inesperado y divertido, probablemente la única sorpresa que tuvo una noche que, supuestamente, se alimenta de ellas.

Después estuvo la presentación de Weird Al Yankovic:

No solamente Al Yankovic le trajo un poco de irreverencia a un programa urgido de la misma, sino que presentó el mejor gag (¿o quizá el único) de toda la noche: llevarle una máquina de escribir a George RR Martin para que finalmente termine de escribir Game of Thrones.

Por último estuvo la rotación de Sofía Vergara:

En estos tiempos de corrección política, puedo imaginar a los sectores feministas más radicales protestando por lo que seguramente consideraron como “una broma sexista”. Pero la broma funcionó. La aparición del Presidente de la Academia agradeciendo a todos los involucrados en la industria suele ser uno de los momentos más aburridos de cualquier entrega de premios. La presentación de Vergara no solamente fue políticamente incorrecta, sino que fue evidente que la actriz está más allá de cualquier falso feminismo y se divirtió con la ocurrencia.

La ceremonia transcurrió entre momentos carentes de emoción. Ni siquiera los discursos de los ganadores lograron emocionar al espectador. El único momento con alta dosis de emotividad fue el homenaje a Robin Williams hecho por Billy Crystal:

Se trató de un acto sencillo, pero cargado de sentimientos y sobre todo de honestidad. Crystal plasmó en unos minutos el sentir de un amigo, de toda una industria y en general de un público que aún sigue conmocionado por la muerte del gran cómico y actor.

¿Y los premios?

Bueno: en la categoría de series de comedia era difícil que alguna venciera a Modern Family. La serie se ha convertido en un símbolo de nuestros tiempos en los que la familia continúa evolucionando y alejándose de los modelos tradicionales, además de que mantiene un altísimo nivel tanto en sus guiones como en sus actuaciones y su producción. Los premios a Jim Parsons, Julia Louis-Dreyfus, Alison Janney y Ty Burrell como los mejores actores cómicos del año, también fueron merecidos.

El problema vino con la categoría de drama. Desde que se anunciaron las nominaciones todos sabíamos que aunque no había sido la mejor serie del año, la Academia iba a despedir a Breaking Bad con todos los premios importantes a los que estaba nominada. El problema es que no los merecía todos, es más, me atrevería a decir que no merecía ninguno. En el año de la irrupción de esa maravilla revolucionaria llamada True Detective, de la majestuosidad de Game of Thrones, de la oportunidad de The Newsroom, la serie protagonizada por Cranston fue relegada en todos los sentidos: en actuaciones, en guión, en producción, en dirección por cualquiera de las antes mencionadas. A Peter Dinklage le han robado el premio como actor de reparto de manera descarada. A Matthew McConaughey le ha sucedido lo mismo con la categoría de mejor actor. No hubo este año mejores interpretaciones. Pero claro, había que despedir a la serie cuya popularidad es innegable. En todo caso, como dijo alguien en Twitter, la academia debería crear una categoría especial para premiar a series que terminan y no despedirlas haciendo a un lado a las que realmente merecen el premio por lo logrado durante el año televisivo. La buena noticia para John Hamm y los fanáticos de Mad Men es que de seguir con esta tendencia el próximo año podrá finalmente ganar pues el programa está ya por terminar.

Los Emmy se han quedado muy pequeños en relación a lo gigantesca que ha sido la televisión en el año. La aparición de múltiples plataformas de distribución, la diversificación de contenidos y la irrupción de nuevos formatos, nos están regalando auténticas obras maestras. Ojalá que en 2015 tengamos una entrega de premios que esté a la altura de las nuevas circunstancias televisivas.

Así las cosas hoy lunes…

Salud pues……

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About davidmalborn

Escribo sobre lo que vivo y me gusta. Soy un experto en nada y un aprendiz de todo...
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