De La Crónica de una Pasión Por El Cine…

Puedo añadir que el cine ha sido en mi adolescencia una clase de refugio; por ello le tengo un amor casi religioso. No puedo tener por un hombre político el mismo interés que por los cineastas que admiro, y creo firmemente que, en la historia de Inglaterra del siglo XX, Charles Chaplin es más importante que Winston Churchil…

…François Truffaut

Seven Readers!!!..

Yo me convierto en un ciego una vez a la semana…o dos…o hasta tres. Lo hago cada vez que entro a una sala de cine. Pero lo maravilloso es que soy ciego solo por unos segundos – o minutos sobre todo cuando pasan spots del Partido Verde – porque después vuelvo a recuperar la vista. Puedo experimentar esa sensación de asombro de mirar por primera vez al mundo.

Y es que nada es más asombroso que mirar una nueva concepción de la vida, del planeta, de otros planetas, de otras vidas..a través del cine.


Acabo de cumplir 43 años. ¿Muchos, pocos? No lo sé. Yo los llamaría ideales. Ese día una amiga muy querida me escribió una felicitación en el Facebook recordando un episodio muy particular. Sucedió en el entonces Cinemark ubicado en el Centro Nacional de las Artes en el Distrito Federal. Eran los días de Universidad, ya saben: esos días en los que la gente aprovecha para reventarse al máximo. Nosotros nos reventábamos en el cine. Mientras la gente normal se la pasaba en fiestas y diversión, nosotros nos la pasábamos saliendo de una sala para entrar a otra…y luego…a otra. Era tal nuestro alucine que incluso  en alguna ocasión llegamos a la sala y comenzamos a…bailar.
Antes de “la radio en el cine” y aberraciones similares, los cines – por lo menos los del DF –  ponían buena música. No estoy seguro si lo hacían con algún tipo de intención o si se trataba de una feliz coincidencia pero lo cierto es que uno se encontraba con auténticas joyas que, o te ponían en “ambiente” para la película o bien te remitían a alguna de las bóvedas de la nostalgia que suelen ser abiertas por la música. En esa ocasión esta canción empezó a sonar:

 

Y entramos al cine bailando. ¿Por qué?, tal vez porque recordamos que el vídeo había sido filmado en una sala de cine, o quizá porque éramos lo suficientemente ñoños como para acordarnos de la coreografía. Pero creo, sobre todo, que lo hicimos por celebrar el hecho de entrar a nuestro recinto favorito, a ese que termina por generar una devoción casi religiosa y que te lleva a sitios en los que descubres algo muy parecido a la felicidad.

 

Cantando Bajo la Lluvia.

Conozco del filme desde que tengo uso de razón. Mi padre poseía un viejo proyector de películas en 8 mm con el que solía proyectar cortos de películas que adquiría en alguna tienda. Siempre entre esos fragmentos estuvo el filme protagonizado por Gene Kelly, Debbie Reynolds y Donald O’Connor. De niño miraba fascinado la secuencia en la que Don Lockwood – el personaje interpretado por Kelly – bailaba y cantaba bajo una tormenta de manera espectacular. Lo hacía porque estaba enamorado y el amor en ese entonces para mi significaba eso: “singing and dancing in the rain”. Desde entonces he visto la película completa muchísimas veces. Sigue siendo sorprendente.

singing-in-the-rain

Hace unos cuantos días vi de nuevo la película. La proyecté para mis alumnos de comunicación como parte de una fantástica materia que tengo ahora el enorme placer de impartir: Apreciación Cinematográfica (Dato: siempre quise que me pagaran por hablar de cine y pasar películas: finalmente lo logré).  Los quince chicos del grupo se enfrentaron por primera vez al célebre musical. Yo me senté hasta el fondo del salón tratando de observar sus reacciones. Puedo adivinar si están disfrutando o no del filme proyectado a partir del número de veces que “salen al baño”, la cantidad de guarrerías que comen o la manera como se mueven sobre el asiento. No es fácil que generaciones educadas cinematográficamente por Harry Potter y/o Iron Man digieran el cine clásico a menos que estén muy interesados en la materia. Creo que poco a poco comienzan a estarlo. Aquel día no salieron, comieron muy poco y casi ninguno se desparramó sobre su asiento. Yo les observé con mucha atención durante unos minutos y luego cometí el primero de dos actos muy poco profesionales: volví a perderme en la magia de la película.
Las obras maestras tienen la enorme capacidad de sorprenderte cada vez que les prestas una nueva visita. He de admitir que nunca había puesto la suficiente atención en el llamado “Ballet” del célebre número titulado Broadway Melody. Cyd Charisse y Gene Kelly se mueven en una armonía espectacular dándole un uso coreográfico a un enorme velo que se desprende del traje de Charisse. Stanley Donnen colabora con toneladas de sabiduría cinematográfica en la escena, dándole profundidad de campo, una sencilla pero perfecta ambientación y moviendo la cámara sobre los actores, alrededor de ellos y siguiéndolos con espectaculares travellings para convertirla en la tercera ejecutante del baile.

 

Y fue entonces cuando de nuevo abandoné al profesionalismo: dejé escapar dos emocionadas lágrimas. El filme me había tocado nuevamente y ahora con una escena a la que redescubrí con renovada fascinación. Seguramente lo hará de nuevo, porque cada vez que le miro se produce esa rara y voraz combinación entre pasado y presente. Entre lo que fuiste, lo que eres y lo que siempre serás. En mi caso: un loco marcado por las películas que ha visto a lo largo de su vida.

 

Nanni Moretti tiene un hermoso corto titulado “Diario de un Espectador” en el cual él director italiano se retrata a si mismo mientras va recordando etapas de su vida en una sala de cine. Narra su experiencia como niño, como adolescente e incluso como un padre de familia que tiene que acompañar a su hijo de 7 años y chuparse la segunda parte de Matrix. Moretti es increíblemente eficaz al describir en 3 minutos lo que muchos sentimos ha sido nuestra vida y su íntima relación con el cine.

43 años de una pasión desbordada por el cine. No creo que sea capaz de filmarlo pero si he intentado apreciarlo y contar con palabras lo que algunas de las muchas películas que veo me producen. Ustedes – queridos seven readers – han sido parte durante los 10 años de blog esa aventura llamada intentar escribir sobre cine. Lo seguiré haciendo. ¿Por qué? porque las pasiones a veces no pueden controlarse e incluso tienen que contarse, compartirse, siempre con la esperanza de encontrarse con otros apasionados, otros ciegos que despiertan a la vida cada vez que entran, bailando o no,  a una sala de proyección de películas.

Una vez intenté expresar parte de ese amor al cine en un video. Tomé fragmentos de algunas de mis películas favoritas y los monté en un pequeño homenaje al cine. Lo comparto nuevamente. No es muy bueno pero créanme: es increíblemente honesto.

 


 

Steven Spielberg dijo alguna vez:

“Tenemos mucho tiempo por delante para crear los sueños que aún ni siquiera imaginamos soñar”…

Cierto.

Anoche soñé que era el líder de un grupo que resistía a una invasión extraterrestre. Me despertaron justo cuando nuestro cuartel era atacado por un grupo de naves espaciales. Fue un sueño extremadamente cinematográfico y que estoy seguro podría ser parte de una gran historia en la pantalla. Y así como ese aún faltan mucho sueños para imaginar. Muchos de ellos, como el de esta mañana, se producirán gracias al equipaje cinematográfico que llevo a cuestas.

No puede esperar por ver hacía donde terminarán llevándome.

Así las cosas hoy lunes…

Salud pues……

 

 

 

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About davidmalborn

Escribo sobre lo que vivo y me gusta. Soy un experto en nada y un aprendiz de todo...
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