Del Profe David…

Seven Readers!!…
Si alguno de ustedes me hubiera conocido en la secundaria, preparatoria o universidad; jamás hubieran pensado que algún día iba a dedicar parte de mi vida profesional a la docencia. Y es que nunca fui un alumno modelo: era flojo para muchas materias, me la pasaba conversando en clase o simplemente si tenía la oportunidad me las ingeniaba para escaparme de la escuela e irme a sitios supuestamente más interesantes que el salón de clase. Pero heme aquí, a la mitad de mi vida, yendo todos los días a una universidad a impartir interesantísimas lecciones (ajá) sobre ese mundillo de lo audiovisual del que francamente estoy enamorado.
Soy maestro, o algo parecido a serlo. Es algo que disfruto al máximo todos y cada uno de los días en los que tengo que entrar a un aula a dar clases.

¿Cómo llegué hasta aquí? a través de una combinación de factores: necesidad, oportunidad, deseo, ganas de compartir…un buen número de razones que me han llevado a pararme mañana y tarde frente a un grupo de alumnos a contarles algunas de las pocas  o muchas cosas que sé sobre los medios de comunicación y la manera de producirlos, vivirlos.

Es emocionante entrar todos los días a un salón de clase. Enfrentarse a grupos que tienen personalidad propia y que al mismo tiempo tienen individuos completamente diferentes entre sí.

Ver la transformación de cada generación es algo fantástico.

Mis primeros alumnos ya andan en los treinta y tantos años y cuando fueron estudiantes eran completamente diferentes a los chicos que apenas entran en los veinte y a los cuales ahora les doy clases. Los intereses cambian, la tecnología que tienen para aprender también,  y por supuesto los métodos y recursos para enseñar. Pero al final lo que nunca deja de sorprenderme es como siempre te encontrarás con talentos fantásticos, con diamantes que están ahí en la espera de ser pulidos. Siempre he visto a cada alumno como una posibilidad y mi meta es poner algo de mi parte para que no se queden en ese estatus y terminen siendo exitosas realidades, particularmente en un mundo tan difícil, tan perverso, tan traicionero, tan fantástico, gratificante y divertido como lo es de los medios de comunicación.


Cuando me paré por primera vez frente a un salón de clases tenía la estúpida idea de ser como uno de esos maestros que forman parte de ese cuasi sub género cinematográfico del “maestro inspirador”. Pensaba que una combinación del Joe Clark de Morgan Freeman de Lean on Me con el John Keating de Robbin Williams de Dead Poets Society sería lo ideal:

Aspiraciones de un cinéfilo, más que las de alguien que pretende ser maestro.

Lo que no ha cambiado es la genuina aspiración de inspirar a los chicos. De dejarles algo que puedan llevarse todos los días una vez que abandonan el salón: una palabra, la escena de una serie de televisión o de una película, un comentario a uno de sus trabajos que les permita hacer mejor las cosas, contagiarlos de esa pasión por la radio, por la música, por el cine. Motivarlos a investigar, a descubrir, a ser creativos; retarlos a ser mejores, a leer un poco, a disfrutar de la comunicación.


La primera vez que caí en cuenta de que ya llevaba varios años encima, fue cuando una generación de alumnos ya no pudo tutearme a pesar de mi insistencia para que lo hicieran.  La brecha generacional me tatuó desde entonces el apelativo “profe” en mi cada vez más amplia frente.

Varios años y kilos después, debo decir que le he tomado cariño a eso de ser el “profe David”. Espero serlo por mucho tiempo más. ¿Por qué? la respuesta tiene que ver con varias cosas pero creo que lo principal es lo que al final te dejan los chicos, lo que terminas tu aprendiendo de cada uno de ellos, la manera como exponen a la generación que representan. Escuchar sus opiniones, charlar con ellos, reírse con ellos, es algo que inyecta una buena dosis de vitalidad; además de que es grandioso reconocer en muchos de esos rostros un espejo de lo que uno fue, de los sueños que se tuvieron, de lo que uno pudo llegar a ser. Y claro, nunca deja de ser interesante darse cuenta que a pesar de los muchos años y centímetros de cintura que nos separan, tenemos gustos e intereses comunes lo que termina demostrándome que hay algo inmutable en la genética de todo comunicólogo y que tiene que ver con eso sueño utópico de que podemos – a través de nuestro trabajo – hacer del mundo un lugar un poquito mejor.

Así las cosas hoy sábado…

Salud Pues……

 

 

Advertisements

About davidmalborn

Escribo sobre lo que vivo y me gusta. Soy un experto en nada y un aprendiz de todo...
This entry was posted in Uncategorized, Vida Cotidiana and tagged , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s