De la Extinción del Programador Radiofónico…

Seven Readers!!!…

A la radio…

La anécdota que les voy a contar sucedió hace algunos años cuando era el encargado de la programación de Radio Universidad de Yucatán.

Era un sábado por la mañana y me tocaba prácticamente abrir la estación. Llegaba prendía los aires acondicionados y el transmisor de Frecuencia Modulada, para luego abrir la estación con música. Cumplí con tales tareas y entonces entré a la cabina para revisar la hoja de programación que se había hecho un día antes con el objetivo de verificar que toda la música estuviera lista para ser tocada (aún programábamos música utilizando discos compactos). Aquella mañana era singular: el alba se había despertado nublada y lluviosa, relajada, generando un ánimo diferente al que normalmente se siente sobre una ciudad tan calurosa y usualmente soleada como lo es Mérida. Miré hacía la ventana y comprendí que los discos que habíamos programado no iban a funcionar como la banda sonora de aquel día, así que entré al área de programación con la idea de despertar a nuestros radio escuchas con algo que pudiera describir mejor, en términos sonoros, al medio ambiente que difería en gran medida al que habitualmente se respiraba en nuestra tropical ciudad. Tomé unos discos que mezclaban ópera con música Chill Out y los puse. La cabina se llenó de sonidos relajados, tranquilos, con un toque de nostálgica melancolía que acompañaba a la suave llovizna que mojaba a los aventureros que se atrevían a caminar por las calles meridanas en una sabatina mañana. Lo que siguió después fue que el teléfono comenzó a sonar. Las llamadas eran para agradecer a la estación por la música que sonaba. Recuerdo particularmente una: se trataba de una radioescucha que me comentó que no había un mejor acompañamiento musical para ese momento en el cual bebía su café matutino mientras miraba al cielo nublado. Era, según me dijo, la perfecta sonorización de su mañana.

Y es que cuando uno programa para la radio, debe imaginar como suena una ciudad, cual es el sonido ideal para contarnos el estado de ánimo que se vive en aquellos lugares a los que llegan las ondas sonoras que van a llevar hasta los receptores lo que uno ha preparado para ellos.

 


 

Imaginación. Les invito ahora a hacer un ejercicio: prendan cualquier estación de radio – puede ser incluso una radio on line – y escuchen con atención. ¿Pueden identificar imaginación al momento de programar?, o lo que están escuchando es una serie de canciones puestas una tras otra (algunas se repiten hasta el cansancio) interrumpidas por algún animador que grita tonterías y pone algún comercial. Estoy seguro que en la mayoría de los casos la respuesta será la segunda.

La programación radiofónica se ha convertido en algo mecánico, algo sin intención y que desaprovecha al máximo las posibilidades que brinda el lenguaje radiofónico. Ya no se utiliza la palabra para llegar a la razón, la música no abraza a la emoción y mucho menos los efectos sonoros generan contexto. Y ni hablar de los silencios – tan importantes también para la creación de sentido -pues hoy todo es velocidad, no dejar ni un segundo para que el radioescucha reflexione, disfrute, cree imágenes en el cerebro a partir de lo que llega hasta sus oídos. Y ello se debe en gran medida a que el programador de radio ha dejado de ser visto como alguien importante, alguien con criterio, alguien con conocimiento del lenguaje de la radio, con la intuición suficiente para reflejar una idea radiofónica que a su vez genere un contexto, una situación en quien escucha; un personaje que sea capaz de contar una historia a través del sonido, que sea capaz de ejercer la narrativa cotidiana de su entorno, alguien que sepa de música y que no la entienda como algo más que mera compañía sino que la utilice de manera creativa, inteligente, como un poderoso instrumento de comunicación.

radio

La mejor programación radiofónica es aquella que recupera y ejecuta la dimensión artística de la radio. Es decir, la que utiliza elementos simbólico – sonoros y los articula a partir de la técnica radiofónica para generar una idea sonora que a su vez genere identidad tanto en la estación como en el radioescucha. Esa dimensión no solamente provoca que la radio tenga una personalidad acústica propia sino que también propicia la originalidad que debe poseer todo proyecto radiofónico, lo que la hace diferente a otras propuestas del cuadrante. “Los modos en que una radio se dice a sí misma, establecen una posición sobre el mundo y una manera de constituir a su interlocutor” dice Gastón Montells de La Tribu FM. Valdría la pena preguntarse entonces: ¿Qué nos están diciendo de si mismas las radios que escuchamos?, ¿Qué singularidades están construyendo a partir de su propuesta sonora?, ¿Qué posición sobre el mundo mantienen y presentan?, ¿Cómo construyen a sus interlocutores, cómo escenifican sonoramente un imaginario de los mismos a partir de la música programada, del lenguaje que utilizan quienes están detrás de los micrófonos? y sobre todo: ¿Cuál es el papel que ahora juegan los programadores radiofónicos en la generación de una propuesta comunicacional que retome todo lo antes mencionado?.


Los programadores de radio son una especie en extinción. La figura puede permanecer como tal en muchas estaciones, pero su papel se ha reducido a un mero acomodador de sonido. La tecnología, que debería ser un coadyuvante en generar la dimensión artística de la programación radiofónica, ha mecanizado y automatizado el proceso de programar para radio. Me temo que terminará sustituyendo al talento humano y el programador pasará a ser cualquier persona que pueda manejar una computadora para generar contenido.

Pero no solamente la tecnología está acabando con la figura del programador radiofónico. También la está matando la homogenización del cuadrante, particularmente del comercial. Si uno revisa las diferentes propuestas de los grupos radiofónicos se encontrará con estaciones cuyo perfil resulta prácticamente idéntico. Todas pasando el mismo tipo de programas, desaprovechando a la riqueza musical que se vive en nuestros días para centrarse solamente en algunos géneros. Ello está provocando que para ser programador de radio se conozca solamente una pequeña parte de un pastel infinito de propuestas sonoras.

Lo anterior genera programadores con una preocupante falta de conocimiento, de preparación y de pasión por aprender el arte de hacer radio. Porque, como ya hemos visto, la radio tiene una vertiente artística que le da forma, le genera contenido y provoca que el público se identifique y se reconozca en ella, se apropie de sus sonidos y los sienta como suyos.


Un programador debe ser alguien que conozca de géneros musicales, alguien que ame profundamente al quehacer musical y que se encuentre siempre en constante aprendizaje sobre el mismo. Tiene que ser una persona que viva en una búsqueda interminable de nuevas propuestas musicales y esté dispuesto a compartirlas con pasión a la audiencia y, al mismo tiempo, debe ser una especie de historiador dispuesto a rescatar a la herencia musical que le antecedió. Debe ser un lector empedernido, enterado de las noticias del mundo, de las noticias de su localidad tener la capacidad de contextualizarlas sonoramente hacerlas parte de su narrativa radiofónica. Un programador debe estar en constante contacto con otras formas artísticas, como la literatura o el cine, y debe tener la capacidad para incorporarlas sonoramente a su propuesta. Un programador debe ser alguien que entienda que no solamente es necesaria la pasión por el medio, sino que es importante conocer su lenguaje, aprender a manejarlo, generar sentido a través del mismo y con ello envolver al radioescucha, hacer que éste se mire al espejo a través de lo que escucha en la estación.


La programación de la radio de nuestros días está terminando con la otrora importante figura del programador. Es interesante mirar como incluso en la academia se pone especial énfasis en la producción radiofónica, pero la programación se encuentra prácticamente fuera de las asignaturas dedicadas a la radio en los planes académicos de las diferentes carreras relacionadas con la comunicación. Parecería también que las Universidades dan por hecho que el programador de radio se encuentra extinto y se dedican a incentivar una producción que refleje lo que sucede en el cuadrante radiofónico.

¿Dónde está entonces el futuro de la programación? Me gustaría pensar en dos vertientes: la radio en línea y la radio de servicio público. En el caso de la primera ésta aún se encuentra en pañales y en la mayoría de las ocasiones sus jóvenes productores se dedican a replicar los modelos de programación de las estaciones comerciales, sin embargo sigue representando una veta que puede ser explotada en muchos sentidos entre ellos el devolverle a la programación su carácter artístico y expresivo. En el caso de la radio de servicio público – sea universitaria, pública o comunitaria – ésta se encuentra muchas veces limitada por una burocracia anclada en viejos e inmóviles sistemas de programación y producción radiofónica, a lo que hay que añadir que en muchas ocasiones ésta se produce más por la ganas de hacer radio que por la idea de contar con una propuesta radial de carácter profesional.

El panorama para la figura del programador de radio es oscuro, sinuoso y prácticamente su destino parece ser la extinción. Sin embargo quiero pensar que aún existe cierta esperanza para el mismo en la medida en la que crezca la oferta radiofónica, lo que puede lograrse a partir de los procesos de digitalización del cuadrante y del crecimiento de la radio en línea. Nuestras fronteras sonoras se han ido ampliando junto con nuestras fronteras territoriales gracias a la irrupción tecnológica y, aunque como dije antes, ésta ha contribuido a acabar con la figura del programador de radio, de manera paradójica su supervivencia depende en gran medida de ella.

 

Así las cosas hoy martes…

 

Salud pues……

 

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About davidmalborn

Escribo sobre lo que vivo y me gusta. Soy un experto en nada y un aprendiz de todo...
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