De Ex Machina…

Seven Readers!!!…

Una robot que comienza a desarrollar una personalidad propia, que se cuestiona la razón de su existencia, que poco a poco va generando la conciencia de su propio yo y, por lo consiguiente, que es un ser vivo, único e inteligente. Un programador que gana un concurso en su empresa para viajar a conocer al excéntrico y misterioso dueño de la misma, para que al llegar a su destino se encuentre ante la oportunidad única de realizar una prueba para determinar si está ante el primer caso exitoso de inteligencia artificial de la historia. Un misógino y controlador creador que junto a la grandeza de su genio vive un hombre encerrado en su mismo, con la certeza de que es una especie de dios creador de una nueva especie que está ahí para su servicio, para adorarle, glorificarle, junto con el resto de los mortales a los que desprecia por no encontrarse a su altura. Los tres personajes convivirán en una fortaleza tecnológica enclavada en un hermoso y contrastante paisaje natural. Es Ex Machina de Alex Garland y es una prueba de que la Ciencia Ficción, cuando está bien hecha, es el sub género cinematográfico idóneo para reflexionar no solamente sobre las posibilidades de la tecnología sino también sobre sus implicaciones con los seres humanos y, por ende, con sociedades que tienden a glorificarle cada vez sin importar las consecuencias que ese desarrollo tecnológico trae consigo.

Garland sitúa su película en un contexto único y original: una especie de monasterio tecnificado en el que Nathan (un exuberante y maravilloso Oscar Isaac), quien a los 13 años se hizo millonario al escribir el código para el buscador más exitoso de la historia de Internet, vive recluido para poder ampliar, sin mayor intervención externa, las necesidades que su genio y su ego le demandan. Los largos y fríos pasillos y habitaciones del lugar, contrastan con el verde bosque que le rodea. En cierta forma la residencia es una jaula simbólica que está esperando a ser abierta para alcanzar la libertad representada por la naturaleza en su estado más puro. Caleb (Domhall Gleeson), el programador, llegará al sitio como un agente externo, pero incrustado en el contaste devenir tecnológico de la sociedad actual, por lo que pronto será atrapado y seducido por los artilugios técnicos del lugar y por las paredes de cristal que forman muros en los que dividen a los personajes, pero que a la vez les permiten reconocerse a los unos en los otros. Esto será más notorio cuando comience a interactuar con Ava (Alicia Vikander con miradas precisas que invitan al espectador a adentrarse en lo que sucede al interior del personaje), la fascinante e intrigante creación de Nathan por la que Caleb va a desarrollar una atracción emocional y física hasta llevarle al punto de cuestionar a su propia condición humana y a ponerla a prueba en una de las escenas más dramáticas del filme.

La robot va a convertirse en el personaje sobre el que girará toda la trama. Garland lo presenta por primera vez a la audiencia mostrándolo en contraluz hacía una ventana en la que puede mirarse a la naturaleza, mientras Caleb le observa sorprendido a través de un cristal. Lo único que se distingue con claridad son los brillantes circuitos que forman los brazos, piernas y parte del torso de Ava. El espectador le descubrirá un par de tomas después cuando se acerque con curiosidad para conocer a Caleb. Se verá entonces el cuerpo: el rostro, pies y manos con una textura de piel humana, mientras que el pecho, parte de las piernas y las nalgas están cubiertas por una especie de cota de malla que parece esperar por una cubierta más cercana a la epidermis humana.

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Alex Garland va a desarrollar una película que está cimentada en uno de los fundamentos de la ciencia ficción: las ideas. Ideas que muestran como nuestras identidades de género están construidas a partir de una sociedad profundamente machista y trastornada, representada en este caso por el personaje de Nathan. Estamos ante un tipo que pretende no solamente jugar a ser Dios (queda fascinado cuando Caleb sugiere hipotéticamente la posibilidad de que sea comparado con un ser creador y superior) sino que es un hombre obsesionado con redefinir a la femineidad a su antojo e imagen.

Pero conforme el filme avanza, quedará claro que Ava no será un personaje fácil de controlar. Su “humanización” no solamente será en el aspecto físico (recurre al uso de pelucas y vestidos para ello) sino que también su conciencia la irá convirtiendo en un ser consciente de su propia individualidad. Garland utilizará la composición para clavar más esta idea en el espectador, presentando en muchas ocasiones a Ava y a su reflejo en los cristales que la rodean insistiendo de esta manera en una aparente doble personalidad del robot cuando en realidad se trata de una lucha interna entre las que son sus dos facetas fundamentales: la que responde a su creador, a su dador de vida, y la que poco a poco le abre la idea de la libertad como un propósito ulterior al que Nathan tenía originalmente para ella, es decir irá perdiendo la fe en su creador y ello le permitirá descubrirse a si misma, a sus posibilidades de pasar de ser un instrumento manipulado a un ser capaz de manipular las circunstancias para lograr sus propósitos.

Es fascinante mirar una película que no tiene los defectos que uno esperaría de una Ópera Prima. Alex Garland (guionista de filmes como “28 days later” y “Sunshine”) demuestra la madurez de un cineasta curtido en el oficio al ir construyendo lenta pero brillantemente un filme que va creciendo en tensión, en dramatismo, hacía una colisión final que resulta inevitable. El director posee un enorme talento en el manejo de elementos fundamentales del lenguaje del cine como la composición, la dirección de actores y la planificación; todos ellos enmarcados en un guión – escrito por él – en el que existen referencias a la ciencia, a la teología, la mitología y al arte. Es decir un guion que hace énfasis en aspectos que son propios del ser humano y que éste de alguna manera intenta proyectar en todas sus creaciones, incluida, en este hipotético caso, una nueva forma de inteligencia.

Ex Machina es una película perturbadora en la que tecnología es mostrada como una consecuencia del desarrollo humano pero, y he ahí la gran paradoja del filme, como una velada y callada amenaza que puede salirse de control si lo tecnológico es desarrollado por una mente inestable. Un poderoso e intimista filme, reflexivo, especulativo, enigmático, visualmente espectacular, que demuestra que una película debe ser contada no solamente por lo que sucede al interior del campo retratado en el plano sino también por lo que sucede fuera del mismo, formando así un retrato pleno de una realidad fílmica que se convierte en algo muy parecido a lo que puede ser nuestro muy cercano futuro.

 

Un logro….

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

 

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About davidmalborn

Escribo sobre lo que vivo y me gusta. Soy un experto en nada y un aprendiz de todo...
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One Response to De Ex Machina…

  1. Abril says:

    A mi me gustó muchísimo esa película, fueron de esas que me atraparon al primer instante. Y el final aunque un poco predecible fue excelso, me gustan mucho los diálogos.

    ¡Saludos!

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