De Mi Caída Cósmica…

Seven Readers!!!..

Existe un pensamiento que me agobia pues mi cerebro es completamente incapaz de comprenderlo. Va así:

Nací en un día como hoy del año de 1972. Antes de ese preciso instante el mundo tuvo una historia, el hombre la tuvo y el universo también. Antes de que por casualidad yo llegara a sumarme a los habitantes del planeta estuve muerto por millones de millones años. No sé cuanto tiempo me quede exactamente, pero cuando me llegue la hora de colgar los tenis, estaré nuevamente muerto por una cantidad inimaginable de millones de años.

Eso me parece maravilloso pero a la vez siento una enorme presión en la cabeza cuando me pongo a pensar en la pequeña fracción de tiempo que uno tiene en la el cosmos . Nuestros años son absolutamente nada en el calendario cósmico, somos algo más que efímeros, somos tan pasajeros como el segundo que acaba de terminarse, somos un leve destello entre dos oscuridades uno que tuvo un principio y otra que quizá sea infinita. El adquirir conciencia de lo anterior te hace sentir verdaderamente humilde. No creo que exista un mayor acto de humildad que aceptar que en el concierto cósmico realmente uno es absolutamente nadie.

Lo paradójico es somos parte de una especie que ha evolucionado y se ha empeñado en hacernos sentir importantes, únicos y privilegiados, cuando en realidad somos completamente algo opuesto. Cada vez existe más evidencia de que somos parte de un universo que es completamente indiferente a nuestra existencia tanto individual como colectiva y ello no es ni bueno ni malo, simplemente así es aunque aceptarlo sea una empresa casi imposible.


Me encanta ver fotografías viejas porque siempre me ponen a pensar, particularmente fotografías que fueron tomadas mucho antes de que yo naciera. Fotografías como esta:

strand

Es una imagen tomada en México en los años treinta por un fotógrafo norteamericano de nombre Paul Strand. No estoy seguro de donde fue tomada y quizá ello es mejor. Cuando me topo con una imagen de este tipo siempre me detengo a mirar los rostros de aquellos que aparecen en la imagen. Lo más probable es que la mayoría de ellos ya estén muertos y no deja de asombrarme que también tuvieron sus segundos de eternidad en el planeta. Me pongo entonces a mirar los rostros de esas personas desconocidas que fueron capturados en un momento específico de su existencia, en una décima de segundo de su andar por el universo. Los miro y no dejo pensar en que también quizá ellos se sintieron especiales solamente por el hecho de estar vivos, que tuvieron metas, sueños, ambiciones, amores, tristezas y alegrías. Los miro tratando de escudriñar en sus miradas, en sus posturas para tratar de encontrar alguna pista de lo que fueron, de lo que soñaron con ser o de las frustraciones causadas por su propia condición y por aquella que les fue determinada por la sociedad en la que vivieron.

Y me queda entonces aún más claro que a pesar de que nos separe el tiempo, la distancia, las creencias, en realidad los seres humanos no dejamos de buscar la trascendencia de una forma u otra, de dejar eso que llaman “huella” en el mundo, en el universo. Las personas de la foto seguramente lo intentaron siendo mejores en sus trabajos, tratando de superarse al máximo, teniendo una familia, viajando o encontrando eso que llaman amor.


Volvamos entonces al principio, a ese pensamiento que me agobia e inquieta, a esa idea que nuestra vida dentro del calendario cósmico tiene el tiempo equivalente a lo que tarda una gota de lluvia en caer de las nubes hasta el suelo. Tengo entonces una solución para dejar de sentirme abrumado por ese pensamiento: lo importante entonces resulta en lo que se hace durante esa caída. La vida, toda la vida, se encuentra precisamente ahí en esos minúsculos instantes entre el principio y el final. Porque podemos mirar a un pasado perfectamente documentado por la naturaleza y por todas las ramas de la ciencia y solamente podemos imaginar lo que sucederá en el futuro una vez que al golpear al suelo nuestra conciencia se termine y nos evaporemos para que nuestros átomos formen de nuevo parte de ese indiferente universo.

Hoy me doy cuenta que, salvo que algo extraordinario o fuera de lo normal me suceda, estoy llegando a la mitad de mi propia caída cósmica. A las 2:24 de la mañana del día de mi cumpleaños varias cosas suceden. En mis audífonos suenan Simon & Garfunkel cantando sobre viejos amigos, sobre envejecer y sobre la importancia de preservar las memorias porque al final eso es lo único que nos queda. Mi perro le ladra al gato que acaba de pasar por la ventana, lo hace como si su vida dependiera de que el felino nos deje en paz. La casa está sumida en la oscuridad y en la habitación contigua duerme mi gran compañera de las aventuras de la vida misma. Tengo las rodillas desechas de dolorosa felicidad por haber jugado un día más al basquetbol y un bostezo emerge desde el sueño que me llama a la cama como sugiriéndome que es mejor descansar para rendir mejor en un trabajo que disfruto mucho. En otras palabras, en este momento me suceden cosas sencillas, cosas felices.

Entonces lo comprendo. Antes de nacer he estado muerto por millones de años, cuando muera volveré a ese mismo estado por otros miles de millones más. Me dirijo de manera inevitable a ese destino al que todos llegaremos. Me gusta entonces pensar que probablemente en el próximo siglo alguien hurgue en los archivos virtuales que hoy dejamos como huella y se encuentre con la foto de un desconocido, tomada en un momento muy particular de su existencia, en un lugar que para él o ella tal vez sea desconocido. Quizá se pregunte cómo era el tipo de la imagen, quién era, cuáles eran sus sueños, sus miedos y sus metas, quizá se sienta identificado con él por ser parte de una misma especie y porque también entendió que ningún ser humano en toda la historia es especial para el universo y en ello recayó parte de su felicidad; la otra parte, la mayor, quizá le permanezca oculta, escondida tras ese rostro porque ella la conforman los detalles individuales y propios que todos tenemos. Pero es posible que los infiera y si lo hace correctamente encontrará a un ser humano para quien lo mejor de su caída cósmica estuvo conformado por las cosas más sencillas  que se encontró en su muy efímero camino.

img_20170108_221347

Así las cosas hoy viernes…

Salud pues……

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About davidmalborn

Escribo sobre lo que vivo y me gusta. Soy un experto en nada y un aprendiz de todo...
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