Del FICMY 3 (Reflexión final)…

Seven Readers!!!..

La primera edición del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán estuvo acompañada de lo que a todos luces era una costosa campaña de publicidad. Se colgaron pendones a lo largo de avenidas tan importantes de la ciudad como lo es el Paseo de Montejo, se pudieron observar mensajes alusivos al evento en unidades del transporte público y en espectaculares puestos en sitios estratégicos de la ciudad. En contraste, la segunda edición careció prácticamente de una campaña publicitaria. Algo sucedió para que el la organización del evento no contemplara el bombardeo de mensajes para el público. Supongo que hubo una reducción importante en el dinero del festival. Ello quizá se deba a la poca asistencia que hubo el año pasado en los pasillos del Centro Convenciones Siglo XXI – sede principal del FICMY en 2015 – en el que los patrocinadores colocaron varios stands en los que prácticamente no se paró nadie. Especulando uno puede inferir que por circunstancias muchas de las empresas patrocinadores de la primera edición decidieron no arriesgar su dinero en la segunda. Eso fue en detrimento del Festival y por ende se trató de un acontecmiento que pasó desapercibido para la gran mayoría de los meridanos.

Además de la anterior, varias reflexiones pueden desprenderse de la segunda edición del FICMY. Van algunas de ellas en éste que será un largo post.

La Programación del Festival…

Otro problema del festival recae en esa pretensión de abarcar diversas temáticas en su Selección. Son siete las secciones en las que se divide la competencia lo que parece un intento para abarcar una mayor cantidad de propuestas cinematográficas. En un principio esto puede parecer como una buena idea, pero este año ha quedado claro que tantas secciones resultan en detrimento de la calidad de la competencia. Por poner un ejemplo El Festival de Cannes solo tiene 4 secciones en las que se entregan premios (la Sección Oficial, El Premio Una Cierta Mirada, Los Premios Cinéfondation y La Cámara de Oro), claro que es una desproporción comparar a Cannes con el FICMY, pero si existe la real aspiración de consolidar al Festival como un evento atractivo y que se coloque en el circuito de festivales nacionales como uno de los más importantes tiene que ser más especializado en cuanto a las categorías de su competencia. Existen dos temáticas que pueden aprovecharse: convertirlo en un evento destinado a la exposición del cine iberoamericano (algo que no hacen los festivales existentes en la región) o bien centrarse en alguna temática como puede ser el cine de carácter social. Ello mejoraría sin duda la oferta programática y elevaría la calidad de las películas en la misma.

My Festival, My Precious…

Uno de los grandes males que tienen los eventos que se realizan en Yucatán y que aspiran a ser referentes culturales de la región, es el excesivo afán de protagonismo de sus directores. Lo vemos todos los años con el Festival Internacional de la Cultura Maya cuyo director es bastante conocido por su afición a los reflectores y por esa ambición de pasar a como uno de los personajes más reconocidos de la historia del arte y la cultura yucateca (en realidad su camino va en un sentido contrario al que tienen sus proyecciones personales). Lo vemos también con el director de la Feria Internacional de la Lectura quien en los últimos días anda feliz anunciando autos de súper lujo y apareciendo, en una pose bastante soberbia,  en las fotos de sociales junto a los Reyes de España. Es decir, son dos personajes que han utilizado eventos culturales como plataformas para acumulación de poder e influencias.

La directora del FICMY aún no alcanza los niveles de los dos personajes citados anteriormente, pero su exceso de protagonismo en el festival resulta en detrimento del mismo. Es loable que haya impulsado la idea de un Festival de Cine para la ciudad, pero si algo nos han enseñado los grandes eventos culturales es que estos son más exitosos cuando sus directores evitan las luces de candilejas y realizan su trabajo tras bambalinas. En este caso parecería que el FICMY (y la supuesta Comisión Fílmica que dirige) es un tesoro personal que necesita de su presencia en todas las fotos, en todos los créditos de los cortos para el Short Film Race (fue presentada por el par de merolícos que hicieron como que conducían el evento como una “gran personalidad”), en todas las llamadas “alfombras rojas”. Uno intuye que nada, ni nadie se mueve en la organización del evento sin su aprobación y tanta concentración de poder está por al barco que se capitanea al naufragio.

Si en realidad a las autoridades culturales del estado les interesa tener un festival de cine fuerte, con presencia nacional e internacional (¿será que les interese?), es importante que tomen cartas en el asunto y se involucren más en la organización del mismo. Lo ideal sería restar poder y capacidad de decisión a la actual directora y crear un consejo conformado por gente de cine, gente con experiencia en organización de festivales, gente con experiencia en la obtención de recursos para la organización de grandes eventos culturales (no tienen que ser necesariamente yucatecos) para tomar las riendas del evento. Sería importante que la dirección del festival recaiga en alguna persona que sea nombrada por el Consejo y que ésta tenga que rendirle cuentas al mismo. Si ese cambio no se realiza y el FICMY sigue en manos de su actual directora, me temo que se va a convertir en un acontecimiento repetitivo, carente de interés general y sin la penetración social necesaria para generar una auténtica cultura cinematográfica en la entidad.

JAGUAR WEB

La urgente profesionalización del Staff…

El viernes pasado me dirigí al Centro Cultural Olimpo – sede principal del festival – con la intención de preguntar sobre algunas actividades del programa. Pregunté a dos de los chicos de la organización por la sala de prensa y ambos se miraron como si les hubiera preguntado por la fórmula para obtener carbono 14. Después de meditar que hacer por varios segundos apuntaron hacía una mesa en la que estaba otro de los muchachos del staff que – según me dijeron – era el encargado de atender a los medios. Detrás de una mesa, desparramado en su silla, se encontraba un muchacho que miraba sin cesar su celular. Al preguntarle por la sala de prensa apenas levantó la mirada del teléfono y me contestó que no había una (sí, en un festival que aspira a ser de los mejores del país no existe una sala de prensa para que los medios puedan realizar sus notas sobre el evento, particularmente aquellos que vienen de otras partes del país…¿o será que no hubo medios de otras partes?) y que no podía darme información porque simplemente no la tenía. Claro que podría haberme comunicado con el jefe de prensa del FICMY para obtener lo que requería, pero no lo hice porque en ese momento me pareció que un Festival tiene que tener un Staff con toda la información que requieran no solamente los representantes de los medios de comunicación sino el público en general.

El Staff está conformado en su mayoría por estudiantes universitarios que llegan al Festival con la promesa de que estarán viviendo “una gran experiencia” y sin devenir salario alguno trabajan cualquier cantidad de horas para la organización del FICMY, ellos no tienen la culpa de que no se les brinde la capacitación necesaria para atender las necesidades de las diferentes áreas del festival. El voluntariado es importante en todo gran acto cultural y artístico, pero el voluntario debe ser una persona preparada con meses de antelación para resolver cualquier contingencia que se presente en el área al que estará destinado a trabajar. Ellos son la imagen del festival y la organización tendría que preocuparse más por la que estos chicos dan del FICMY pues al final ellos son los pilares del mismo sobre todo en términos de logística y atención al público.

La ¿Prensa de Espectáculos en Yucatán?…

Hace un par de meses, la edición digital de la Revista Nexos publicaba un artículo de Mariana Mijares titulado Batman y Superman vs las Selfies: la Actualidad del Periodismo de Espectáculos. En él la autora narraba como cuando entró a trabajar como reportera de esa fuente, una de las primeras instrucciones que le dieron fue “nunca pedirle autógrafos, ni fotos al talento”. Mónica Mijares posteriormente cuenta lo siguiente:

“No voy a mentir: no voy a decir que nunca sucumbí a la tentación de pedir una foto; lo hice. Sin embargo, dejé de hacerlo en el instante en que noté que mi entrevistado me había perdido el respeto; ese respeto que me había costado ganarme luego de 30 minutos de entrevista. Fue en el instante en que le pedí la foto que dejó de verme como una periodista inteligente, tenaz o creíble. Había pasado a ser una simple fan.
Esta semana, después de ver lo que pasó en los medios y con los periodistas que cubrieron la visita de Ben Affleck y Henry Cavill a México como parte de la promoción de Batman vs. Superman, entendí, más que nunca, que el periodismo de espectáculos ya perdió credibilidad y está en crisis. ¿Por quéPorque ha dejado de ser una prioridad llevar la mejor nota para sustituirlo por lograr la mejor selfie”.

En Yucatán un evento como el FICMY deja ver aún con más fuerza, esa crisis por la que atraviesa la prensa de espectáculos. La mayoría de los medios de comunicación locales, de los representantes de los mismos, reducen su cobertura a un par de notas compuestas por generalidades relacionadas al acontecimiento. Lo que los trabajadores de los medios si hacen muy bien es llenar sus redes sociales con fotos en las que aparecen con actores y directores que vienen a presentar sus películas al Festival. Parecería que tienen la idea de que eso los legitima ante el público, que ello les hace tener presencia y los convierte también en protagonistas del evento cuando en realidad su función es la de informar y la de mantener una postura crítica ante lo que están presenciando.

Una de las cosas que más llamó mi atención es que nunca vi a nadie de la prensa en las funciones a las que asistí. Nunca leí en los periódicos, nunca escuché en la radio, nunca vi en la televisión local, una reseña sobre alguno de los filmes en competencia. Eso es porque entre la prensa de espectáculos no se tiene el más mínimo interés por el cine – el verdadero protagonista del Festival – ni quienes trabajan en los medios tienen la capacidad y/o la preparación para reseñar en medios electrónicos una película. En resumen: en Yucatán no existe el periodismo de espectáculos. Lo que se tiene es un grupo de reporteros dispuestos a salir en la foto y a acceder a cualquier fiesta o evento en la que puedan codearse y retratarse con alguien medianamente famoso. Eventos como el FICMY solamente sirven para exhibirlos de la peor manera.

Como una reflexión aparte, no deja de ser algo paradójico que la Secretaría de Cultura entregue cada 7 de Junio un premio al “Periodismo de Espectáculos”. En realidad, tal y como sucedió el año pasado, parece ser que se la dan a quien tenga más fotos junto a algún famoso pero que jamás ha hecho un periodismo de espectáculos serio. Es una vergüenza.

Colofón…

Estuve en varias funciones del festival. En la mayoría el número de asistentes a las salas en las que se proyectaron las películas no superaron las 15 personas. Ello es el reflejo de un Festival que la gente de Mérida desconoce, que no espera con ansia, que no ha hecho ni hará suyo, pues sigue siendo un acto que prefiere alejarse de los centros culturales para aislarse en haciendas lujosas y lejanas a la ciudad para realizar sus ceremonias de apertura y clausura. Un evento que se está convirtiendo en una empresa particular (¿exitosa en términos económicos? quien sabe)  y que parece no tener interés en generar un cambio en los paradigmas culturales de la entidad.

En el FICMY el cine no es de todos, es de unos cuantos, unos muy pocos, y ello es realmente una auténtica pena.

Así las cosas hoy jueves…

Salud pues……

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Del FICMY 2…

Seven Readers!!!…

El Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán comienza a vivir sus últimas horas. Mi balance de lo visto y vivido durante el que debería ser el fin de semana más importante para el cine en la ciudad lo haré en el siguiente post. Así que concentrémonos nuevamente en algunas de las películas que se proyectaron durante el evento, así como en el Short Film Race que por lo que pude ver, constituye el punto climático del festival aunque por las características del evento un teatro no lleno no significa necesariamente que el evento tenga gran trascendencia entre el público meridano.

Dentro de la Selección Oficial Mexicana se proyectó “El Placer es Mío” es el segundo largometraje de ficción de Elisa Miller. Una película que cuenta la historia de Rita y Mateo. Una pareja que busca construir una nueva vida en la que fuera la casa de campo de los difuntos padres de Mateo, un lugar enclavado en una pequeña comunidad rural y en el que la pareja creará lo que parece una armoniosa relación hasta que Rita le confiesa a Mateo sus intenciones de ser madre, iniciando así un lento proceso de desgaste de una relación que aparentemente era compenetrada y profunda pero que saca a relucir la superficialidad de la misma generada a partir de una intensa relación sexual y de las diferencias entre los deseos, sueños y metas de los dos protagonistas del filme.

el placer es mío

El filme resulta en un fallido estudio de las relaciones de pareja. Miller pretende mostrar el resquebrajamiento de una relación penetrando en una cotidianidad que resulta insulsa, lenta y poco empática con el espectador. Utilizará planos largos y pretenciosos, fotografiados con una exagerada sobriedad para tratar de introducir al espectador al conflicto que viven sus personajes, sin embargo el efecto es contraproducente pues los abruptos cortes de una escena a otra rompen con esa idea – influenciada sin duda por Terrence Mallick – de realizar un cine meditativo y cotidiano para ejemplificar verdades propias de quienes viven en sociedad de nuestro tiempo. Ni siquiera la solvencia actoral de Edwarda Gurrola salva a la película de su soporífera parsimonia.

Live From New York! es una película de Bao Nguyen que realiza un homenaje al legendario programa de variedades Saturday Night Live con motivo de su aniversario número 40. El filme – presentado en la competencia de Documentales – narrará la historia de uno de los programas más importantes de la televisión norteamericana, su importancia y trascendencia dentro de la cultura pop, así como algunos de los momentos más polémicos en términos políticos y contenido que durante cuarenta años se han vivido en los estudios de Rockefeller Center. La historia será contada por algunos de los protagonistas del show – como el legendario productor Lorne Michaels, Chevy Chase, Tina Fey, Jane Curtin o John Goodman – así como quienes han sido invitados a presentar el programa, políticos que han sido parodiados y músicos que han formado parte del elenco durante todos estos años.

live from

El filme se enfrenta a un reto: reducir 40 años de historia a 82 minutos. Por momentos lo consigue. Los protagonistas narran momentos culminantes en la historia del programa como la ruptura que significó para en términos de formato su irrupción en 1975, su crítica política como detonante de amplios debates en los Estados Unidos y la manera como el programa se fue convirtiendo en un símbolo de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, a la película le falta la emotividad que debe tener todo homenaje, le falta una dosis de humor, así como contar las historias de muchos de los grandes nombres que pasaron por el elenco para completar no solamente un homenaje sino también la trascendencia de Saturday Night Live más allá de las pantallas televisivas.

Al final, uno se queda con la sensación de que un fenómeno cultural como SNL, que aún sigue vigente y con fuerza en esta época en la que muchos auguran el final de la televisión abierta, merecía un tratamiento diferente en una película de esta naturaleza.

El Short Film Race es una idea muy interesante. Se trata de fomentar la producción de cortometrajes en la península de Yucatán. Se realiza una selección de proyectos enviados y al final 11 cortos son elegidos para competir por dos premios: el del jurado y el del público. La proyección de los trabajos realizados fue interesante y se registró ante un Teatro Daniel Ayala lleno de las porras de los productores, directores y actores participantes en los cortos. Al final el nivel de los trabajos fue variado, la mayoría de las películas languidece en materia de historias importantes y trascendentes pues caen en el lugar común o sus realizadores parecen más interesados en mostrar que dominan la técnica del lenguaje audiovisual que por tener historias originales.

Dentro de lo presentado destacaron tres películas: “Descafeinado” un corto realizado en un muy bien logrado plano secuencia; “Desirantúm” que narra la historia de un bailarín que decide reencontrarse con dos viejos amores: una mujer y la danza; y sobre todo “Sideral” una historia de Ciencia Ficción que fue el corto más complejo y más balanceado en términos de originalidad, historia, estructura, diseño de arte y dominio del lenguaje cinematográfico y que, para este escribidor, es el proyecto merecedor del premio del jurado.

Ya veremos…

Así las cosas hoy lunes…

Salud Pues……

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De Capitán América: Civil War…

Seven Readers!!!…

Capitán América: Civil War es un fantástico blockbuster. Insisto en esto: blockbuster. Porque una película de esta naturaleza no busca explorar psicológicamente a los personajes, tampoco plantea dramas existenciales, ni mucho menos contribuir a la reflexión sobre los problemas del mundo. Lo único que tiene como objetivo es entretener (y con ello generar dólares) y trasladar al espectador a mundos imaginarios en el que un tipo puede volar, aventar rayos o suspenderse de una telaraña mientras se columpia por los rascacielos neoyorquinos. Claro que al tratarse de un producto cinematográfico uno como espectador lo que espera es que te cuenten una historia con coherencia, agilidad y e inteligencia. Los tres aspectos los cumple con creces Civil War, convirtiéndola en una divertidísima épica de súper héroes que forma parte una saga que me parece va a sorprendernos más.

Civil War encuentra a los Avengers divididos. Sus recientes actos los han puesto en la mira de las Naciones Unidas que miran con recelo como un grupo de Súper Héroes actúa con total independencia para detener a las amenazas que se ciernen sobre el planeta. Preocupados por las catastróficas consecuencias, la ONU propone a los Avengers sumarse a los llamados “Acuerdos de Sokovia”, que obliga a los súper poderosos a ponerse a las órdenes de la comunidad internacional cuando se trate de entrar en acción, es decir serían unos mega poderosos cascos azules. Esto genera división entre los miembros del grupo. Por un lado están los que se apegan a la posición favorable a los acuerdos, encabezados por Iron Man y quienes se oponen a la firma pues no confían en los políticos para las decisiones que deben tomarse en torno a una amenaza global y que son encabezados por el Capitán América. A ello hay que añadir la irrupción del Soldado de Invierno quien es acusado de causar ataques terroristas, lo que ahondará más en la división entre los personajes pues mientras Tony Stark quiere darle caza, Steve Rogers ve que aún es posible la redención de su antiguo camarada adolescente.

civil war

Joe y Anthony Russo van a dirigir con habilidad y agilidad un bien estructurado guión de Christopher Markus y Stephen McFeely, guión que consigue un adecuado balance entre las escenas más cargadas de acción y aquellas que explican los motivos de los personajes. Las primeras resultan trepidantes y lo mejor es que al estar filmadas en su mayoría en escenarios que replican a la luz natural del día resultan más realistas y creíbles. Las segundas en cambio están siempre filmadas en interiores, llevando al espectador a la intimidad que genera mayor comprensión de los cambios que van sufriendo los personajes a lo largo de la película. Es una película equilibrada, sustentada en el conocimiento previo que el espectador tiene de cada uno de los protagonistas y que añade nuevos elementos a una trama que se va haciendo más compleja conforme avanza el filme, pero que no se pierde en complejidades y resuelve sus nudos dramáticos con sencillez, con credibilidad y sin mayores pretensiones.

La irrupción de nuevos personajes al universo cinematográfico Avenger es emocionante. El Spiderman de Tom Holland y el Ant-Man de Paul Rudd, generan empatía inmediata en el espectador. En el caso de Spiderman es refrescante verlo como adolescente que vive aún con la Tía May (Marisa Tomei: WOW por la tía May) esa frescura es proyectada al momento de ponerse el traje del amigable arácnido lo que provoca que el entrañable Súper Héroe regrese a sus orígenes sin la necesidad de que nos vuelvan a contar toda la historia una vez más. La colisión que tanto Spider – Man y Ant-Man tienen con el resto de los Avengers es grandiosa y la batalla entre los dos bandos, en la que participa también Black Panther, cumple con cualquier expectativa que de ella se haya creado: es jodidamente épica.

 Lo curioso de Civil War es que aunque se trate de una película en la que aparecen los Avengers, nunca deja de sentirse como un filme del Capitán América. Todo gira alrededor de Rogers y, a pesar de que existe un villano, el gran antagonista es – como era de esperarse – Iron Man.

El universo cinematográfico de Marvel se vuelve más interesante a partir de esta película. Los nuevos caminos que pueden tomar las historias que en ella se han planteado seguramente traerán más e incluso mejores filmes. Civil War no es un filme de transición, es un detonante a nuevas aventuras, a nuevas emociones, a salir del cine con la ilusión y el asombro infantil renovados. Porque al final, los filmes de Súper Héroes son para eso: para volver a ser los niños que crecimos admirando a tipos que volaban, que luchaban por la justicia, por defendernos y por hacer del planeta un lugar mejor.

Civil WOW…

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

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Del FICMY 1…

Seven Readers!!!..

Ver una película durante el primer día de la segunda edición del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán ha resultado en una travesía que me ha llevado de un lado a otro de la ciudad. La programación del primer día del festival estaba dispersa por salas ubicadas en diversos puntos de la ciudad. Un error, porque la logística debe estar pensada para que la gente – particularmente aquella que supuestamente viene al festival a realizar una labor periodística sobre los filmes programados – pueda ver la mayor cantidad de películas sin la necesidad de desplazarse de un sitio a otro. Para colmo al llegar a Cinemex Galerías no había información sobre las salas en las que se proyectaría la película, no había tampoco personal del festival para auxiliar a quien quiera ver uno de los filmes. Tuve que retirarme después de que la encargada de la taquilla me dijera que “esas películas comienzan a proyectarse después del 7 de mayo”.

El periplo terminó luego dos horas. Después de recoger mi acreditación con una chica muy amable que atendía a quien iba a recogerlas al Centro Cultural Olimpo – ubicado en el centro de la ciudad – tuve que trasladarme al poniente de la ciudad al Cinemex de Plaza Canek, anulando así mi idea original para el primer día del festival: ver dos de las cintas programadas.

Pero ha valido la pena. Pude ver – junto a otras siete personas en la sala –  Magallanes, ópera prima del experimentado actor peruano Salvador del Solar y que compite en la Selección Oficial del FICMY dedicada a las Óperas Primas Latinoamericanas.

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Protagonizada por un soberbio Damián Alcázar, Magallanes narra la historia de un ex militar peruano quien se dedica a conducir un taxi por las calles de Lima, al mismo tiempo que sirve de chofer para su ex superior en la milicia – un enorme Federico Luppi – con quien vivió un terrible capítulo durante su tiempo en el ejército. Capítulo que será recordado al recoger de manera casual a una mujer que fue violentada por el Coronel y que embarcará a Magallanes en una odisea en la búsqueda de la redención personal.

 Del Solar construye un relato cercano por momentos al thriller, ambientado en una Lima caótica, moderna y con una pobreza pululante, aferrada al pasado y que se debate entre la pobreza de seres que pululan por ella con la esperanza de dejar atrás atrocidades cometidas y/o recibidas en un pasado que se resiste a ser dejado atrás. Es una Lima en la que conviven los ex militares, los ricos hijos de los altos mandos, una policía poco confiable y un Magallanes que de alguna manera termina reflejando en sus propias inseguridades a una sociedad hundida en en perenne subdesarrollo y que busca salir del mismo a través de todos los medios posible.

Magallanes irá enredándose en sus propias mentiras, en una red de culpas que le atrapa, le tortura y de la que luchará por salir con una contenida desesperación reflejada siempre en su rostro. Del Solar no será ajeno a ello y por ello hará del primer plano un instrumento fundamental para que el espectador se adentre en los relatos que van marcando las intensas y desesperadas miradas de sus protagonistas.

Magallanes resulta en un violento y – paradójicamente – enternecedor filme sobre la necesidad de humana de perdonar y perdonarse, de redimirse ante las circunstancias más complejas, circunstancias que son planteadas en muchas ocasiones por el entorno en el que accidentalmente a uno le toca vivir.

Continuará entonces el FICMY. El segundo día de proyecciones parece menos complejo en términos de desplazamiento. Al margen de ello parece que estamos nuevamente ante un evento en el que el cine no es lo importante – no lo es tampoco para la prensa local, pero de ello hablaré en entregas posteriores – sino que, aunque aparentemente con menos presupuesto que el año anterior, se trata nuevamente de un evento para el lucimiento personal de sus organizadores.

Vamos a ver…

Así las cosas hoy viernes…

Salud pues……

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De Ex Machina…

Seven Readers!!!…

Una robot que comienza a desarrollar una personalidad propia, que se cuestiona la razón de su existencia, que poco a poco va generando la conciencia de su propio yo y, por lo consiguiente, que es un ser vivo, único e inteligente. Un programador que gana un concurso en su empresa para viajar a conocer al excéntrico y misterioso dueño de la misma, para que al llegar a su destino se encuentre ante la oportunidad única de realizar una prueba para determinar si está ante el primer caso exitoso de inteligencia artificial de la historia. Un misógino y controlador creador que junto a la grandeza de su genio vive un hombre encerrado en su mismo, con la certeza de que es una especie de dios creador de una nueva especie que está ahí para su servicio, para adorarle, glorificarle, junto con el resto de los mortales a los que desprecia por no encontrarse a su altura. Los tres personajes convivirán en una fortaleza tecnológica enclavada en un hermoso y contrastante paisaje natural. Es Ex Machina de Alex Garland y es una prueba de que la Ciencia Ficción, cuando está bien hecha, es el sub género cinematográfico idóneo para reflexionar no solamente sobre las posibilidades de la tecnología sino también sobre sus implicaciones con los seres humanos y, por ende, con sociedades que tienden a glorificarle cada vez sin importar las consecuencias que ese desarrollo tecnológico trae consigo.

Garland sitúa su película en un contexto único y original: una especie de monasterio tecnificado en el que Nathan (un exuberante y maravilloso Oscar Isaac), quien a los 13 años se hizo millonario al escribir el código para el buscador más exitoso de la historia de Internet, vive recluido para poder ampliar, sin mayor intervención externa, las necesidades que su genio y su ego le demandan. Los largos y fríos pasillos y habitaciones del lugar, contrastan con el verde bosque que le rodea. En cierta forma la residencia es una jaula simbólica que está esperando a ser abierta para alcanzar la libertad representada por la naturaleza en su estado más puro. Caleb (Domhall Gleeson), el programador, llegará al sitio como un agente externo, pero incrustado en el contaste devenir tecnológico de la sociedad actual, por lo que pronto será atrapado y seducido por los artilugios técnicos del lugar y por las paredes de cristal que forman muros en los que dividen a los personajes, pero que a la vez les permiten reconocerse a los unos en los otros. Esto será más notorio cuando comience a interactuar con Ava (Alicia Vikander con miradas precisas que invitan al espectador a adentrarse en lo que sucede al interior del personaje), la fascinante e intrigante creación de Nathan por la que Caleb va a desarrollar una atracción emocional y física hasta llevarle al punto de cuestionar a su propia condición humana y a ponerla a prueba en una de las escenas más dramáticas del filme.

La robot va a convertirse en el personaje sobre el que girará toda la trama. Garland lo presenta por primera vez a la audiencia mostrándolo en contraluz hacía una ventana en la que puede mirarse a la naturaleza, mientras Caleb le observa sorprendido a través de un cristal. Lo único que se distingue con claridad son los brillantes circuitos que forman los brazos, piernas y parte del torso de Ava. El espectador le descubrirá un par de tomas después cuando se acerque con curiosidad para conocer a Caleb. Se verá entonces el cuerpo: el rostro, pies y manos con una textura de piel humana, mientras que el pecho, parte de las piernas y las nalgas están cubiertas por una especie de cota de malla que parece esperar por una cubierta más cercana a la epidermis humana.

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Alex Garland va a desarrollar una película que está cimentada en uno de los fundamentos de la ciencia ficción: las ideas. Ideas que muestran como nuestras identidades de género están construidas a partir de una sociedad profundamente machista y trastornada, representada en este caso por el personaje de Nathan. Estamos ante un tipo que pretende no solamente jugar a ser Dios (queda fascinado cuando Caleb sugiere hipotéticamente la posibilidad de que sea comparado con un ser creador y superior) sino que es un hombre obsesionado con redefinir a la femineidad a su antojo e imagen.

Pero conforme el filme avanza, quedará claro que Ava no será un personaje fácil de controlar. Su “humanización” no solamente será en el aspecto físico (recurre al uso de pelucas y vestidos para ello) sino que también su conciencia la irá convirtiendo en un ser consciente de su propia individualidad. Garland utilizará la composición para clavar más esta idea en el espectador, presentando en muchas ocasiones a Ava y a su reflejo en los cristales que la rodean insistiendo de esta manera en una aparente doble personalidad del robot cuando en realidad se trata de una lucha interna entre las que son sus dos facetas fundamentales: la que responde a su creador, a su dador de vida, y la que poco a poco le abre la idea de la libertad como un propósito ulterior al que Nathan tenía originalmente para ella, es decir irá perdiendo la fe en su creador y ello le permitirá descubrirse a si misma, a sus posibilidades de pasar de ser un instrumento manipulado a un ser capaz de manipular las circunstancias para lograr sus propósitos.

Es fascinante mirar una película que no tiene los defectos que uno esperaría de una Ópera Prima. Alex Garland (guionista de filmes como “28 days later” y “Sunshine”) demuestra la madurez de un cineasta curtido en el oficio al ir construyendo lenta pero brillantemente un filme que va creciendo en tensión, en dramatismo, hacía una colisión final que resulta inevitable. El director posee un enorme talento en el manejo de elementos fundamentales del lenguaje del cine como la composición, la dirección de actores y la planificación; todos ellos enmarcados en un guión – escrito por él – en el que existen referencias a la ciencia, a la teología, la mitología y al arte. Es decir un guion que hace énfasis en aspectos que son propios del ser humano y que éste de alguna manera intenta proyectar en todas sus creaciones, incluida, en este hipotético caso, una nueva forma de inteligencia.

Ex Machina es una película perturbadora en la que tecnología es mostrada como una consecuencia del desarrollo humano pero, y he ahí la gran paradoja del filme, como una velada y callada amenaza que puede salirse de control si lo tecnológico es desarrollado por una mente inestable. Un poderoso e intimista filme, reflexivo, especulativo, enigmático, visualmente espectacular, que demuestra que una película debe ser contada no solamente por lo que sucede al interior del campo retratado en el plano sino también por lo que sucede fuera del mismo, formando así un retrato pleno de una realidad fílmica que se convierte en algo muy parecido a lo que puede ser nuestro muy cercano futuro.

 

Un logro….

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

 

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De Batman vs Superman (o de como encontramos al heredero de Michael Bay)…

Seven Readers!!!…

Alguna vez leí una cita muy incisiva del cineasta alemán Werner Herzog. Al director de Fitzcarraldo le preguntaron sobre películas como Transformers, a lo que, siempre inteligente y polémico, el alemán respondió: “ciertos fenómenos de masas hay que observarlos por repugnantes y extraños”. Supongo que Batman vs Superman: El Origen de la Justicia será un fenómeno de masas y por lo tanto de taquilla, un fenómeno que bien vale la pena observar porque a pesar de sus yerros, a pesar de su pobreza argumental, de lo poco interesante que son sus personajes y de la falta de talento en su dirección, no dudo que alguien salga del cine diciendo: “es la mejor película de Súper Héroes de la Historia”. ¿Qué es lo que lleva a alguien a afirmar semejante despropósito?, creo que son razones que poco o nada tienen que ver con el cine. Y los mayores problemas de Batman vs Superman recaen precisamente en sus inconsistencias como producto fílmico, provocadas por errores que son meramente cinematográficos, errores de guión, de montaje y sobre todo de dirección.

Michael Bay, el director de Transformers, ha hecho una gran carrera tratando de destruir al blockbuster veraniego. Zack Snyder parece tener una obsesión por continuar con ese legado. Ambos tienen en común privilegiar al artificio visual por sobre cualquier otra cosa en sus filmes, pero mientras Bay al menos es capaz de crear imágenes visualmente atractivas y con un buen sentido de la composición, Snyder tiene tantas limitaciones que sus fotogramas no resultan ni siquiera en algo engañoso para el ojo del espectador. Basta con recordar que en 300 apostó todo por lo visual y fracasó brutalmente al momento de convertir toda esa parafernalia en una historia bien contada. Esas gigantescas limitantes como narrador se acrecentan más en El Origen de la Justicia, pues para su infortunio filma un guión de Chris Terrio y David S. Goyer con grandes carencias de sentido, de lógica, de estructura, lleno de lagunas argumentales. Basta con ver la transformación de Batman de enemigo a mejor amigo de Superman en lo que debería constituir el segundo nudo de la trama. Es una transformación simplista, aderezada con un flashback innecesario y forzado, y que dispara la acción hacía el final con una total falta de motivaciones dramáticas fuertes, creíbles.

Snyder hace gala de su pobreza como director al llenar sus imágenes de efectos visuales generando secuencias en los que la iluminación es excesiva, salpicada de contrastes forzados, borrando cualquier detalle, cualquier reacción de sus protagonistas. Los hace perderse en explosiones, en rayos de luz, para que luego salgan de ellos en posiciones grandilocuentes que terminan por ser risibles (cuenten por ejemplo el número de veces que Superman aparece en el filme en el aire con una posición “mesiánica”) escenas que para colmo están aderezadas por una exagerada y ostentosa partitura de Hans Zimmer y Junkie XL. A ello hay que añadir serias fallas en el montaje del filme (aunque en detrimento del editor, ha de ser muy complicado montar algo que carece de estructura desde el guión) el cual nunca le proporciona a  Batman vs Superman de ritmo, de coherencia y parece simplemente el producto de unir plano tras plano sin importar que de tal unión debe nacer un nuevo sentido, generando una película con una estructura narrativa débil, llena de personajes unidimensionales y cuyos arcos de transformación son poco consistentes, son carentes de credibilidad.

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Creo que el enfrentamiento de dos de los personajes más icónicos entre los Súper Héroes de historieta merecía un mejor tratamiento. Incluso el producto final resulta más penoso porque en la trama aparece un intento de cuestionar como funciona el sistema político norteamericano, de cuestionar el trato que se le da a los inmigrantes en los Estados Unidos (Superman es un inmigrante) aunque estos se integren al máximo y defiendan con todo a esa supuesta democracia. Pero los guionistas, y en consecuencia Snyder, deciden irse por caminos más fáciles a los que tratan de vestir de una atmósfera sombría como si esa “oscuridad” hiciera de un filme algo profundo, algo serio.

El filme es también un desperdicio de buenos actores (lo mejor recae en los personajes secundarios: en el grandioso Alfred de Jeremy Irons, en el irónico Perry White de Laurence Fishburne y en la fanática Senadora Finch de Holly Hunter) con un Ben Affleck haciendo al mejor Bruce Wayne de toda la filmografía de Batman, un Henry Cavill que hace un esfuerzo ante un Superman al que Snyder parece odiar al máximo (lo filma con unas ganas enormes de demostrar que es un personaje anodino), con Amy Adams cuya Louis Lane por momentos evoca a la que hizo Teri Hatcher para la televisión, y con un Jesse Einseberg que entrega a un psicópata y alterado Lex Luthor que hace que uno siga extrañando la tranquila y elegante psicosis que Gene Hackman le imprimió hace 30 años al legendario villano.

 Zack Snyder ha llevado lo hecho por Michael Bay a nuevos niveles. Lo preocupante es que las grandes audiencias reciban a Batman vs Superman como un buen producto cinematográfico. Eso quizá quiera decir que nuestra capacidad de asombro ha sido maniatada y entrenada por un cine cada vez menos imaginativo, lleno de efectismo, de una pobreza visual camuflada por una pantalla saturada de elementos, por un cine que no solamente se aleja de los principios básicos del lenguaje audiovisual sino que los ignora por completo porque sabe que la taquilla está garantizada por genios de la mercadotecnia y la publicidad que nos bombardean disfrazando como arte algo que no lo es. No comparto  en términos generales la idea de González Iñárritu sobre que el cine de Súper Héroes sea un genocidio cultural, sin embargo después de ver El Origen de la Justicia uno tiene que darle cierta razón al director mexicano: estamos tan sobre expuestos a estas películas que estamos perdiendo nuestra capacidad crítica sobre ellas.

Evidentemente Batman vs Superman: El Origen de la Justicia, no es la mejor película de Súper Héroes de la historia, tampoco es la peor (para su fortuna Fox presentó de nuevo el año pasado a los 4 Fantásticos), pero si es un ejemplo de malas decisiones que llevan a un estudio a apresurarse a lanzar como sea a sus personajes a competir por los ingresos de boletaje. Billy Wilder decía: “Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas; no se puede convertir un excremento de gallina en chocolate”, ello sucede en Batman vs Superman que para colmo carece de un cineasta, de un buen narrador que al menos tenga algo de talento para no matar de aburrimiento al espectador con los adornos con los que pinta a tal excremento.

Así las cosas hoy viernes…

Salud Pues……

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De la Resaca del Óscar 2016…

Seven Readers!!!..

(Largo post a continuación)…

Entra las pizzas, la botana, la cerveza, los refrescos de cola o el vino tinto; los cinéfilos del mundo tuvimos nuestro Súper Bowl el pasado domingo. Porque tal y como su contraparte del fútbol americano, la entrega del Óscar siempre promete ser un gran espectáculo en el que los simples mortales vemos desde nuestros sillones caseros a nuestros héroes de la pantalla disputarse la famosa estatuilla dorada. Pero como sucede a veces en el emparrillado, los portadores de los vestidos y smokings más caros del mundo  en ocasiones pueden regalarnos grandes emociones, mientras que en muchas otras pueden aburrirnos al grado de que seguir mirando la entrega requiere una gran dosis de fanatismo.

El Óscar del 2016 fue similar a un partido de grandes altibajos. La gala tuvo momentos que nos hicieron saltar emocionados, pero también tuvo otros – quizá demasiados – que nos hicieron mirar al teléfono porque en redes sociales – particularmente Twitter – el asunto resultaba más divertido. Y es que algo que no parecen comprender los productores del show televisivo es que viven en una época de interacción cibernética en la que es muy complicado mantener durante más de tres horas la atención de un público que tiene muchos distractores a la mano. Mientras escribo estas líneas ignoro cual fue el rating global de la ceremonia, pero bastaba con mirar los “Trending Topic” en la red del pajarito del pasado domingo para darse cuenta que la gran mayoría de los usuarios de redes sociales estábamos viendo y hablando sobre la entrega. Y si su solución para hacerla más ágil y atractiva era poner una cintilla en pantalla con los agradecimientos de los ganadores, esa falta de entendimiento de los responsables del show resultó aún más notoria.

Pero bueno vayamos por partes, aquí algunas de los puntos que me parece valen la pena destacar del Óscar y todo lo que le rodeó en este año.

¿Boicot?…

La polémica armada en torno a la falta de actores afroamericanos entre los principales nominados hubiera quedado en lo que realmente fue – un berrinche del matrimonio Smith y de Spike Lee – de no haber sido el racial un tema recurrente por parte de los escritores del guión de la entrega. Chris Rock lo había hecho muy bien en el monólogo inicial al zanjar el asunto de manera contundente al recordar que en los sesenta tampoco nominaban a los negros porque en ese entonces éstos tenían “cosas más importantes por las que protestar”. “Si nos linchaban, ¿qué más nos daba quién ganaba el Oscar al mejor director de fotografía? “, diría Rock quien reconocía así el avance que ha tenido una sociedad como la norteamericana en materia de igualdad de oportunidades para las minorías, pero que – evidentemente – sigue dejando mucho que desear en muchos campos como lo son la vida productiva de la nación y sobre todo los derechos humanos, por ello es que Rock terminaría pidiendo más oportunidades para los actores negros (olvidando a otras etnias como los latinos y los asiáticos) para tener una industria más equitativa. Y sí la cosa hubiera terminado ahí el asunto se hubiese cerrado por completo. Pero la insistencia en el tema le convirtió en un protagonista y justificaba así la pataleta de Will y Jada que no era otra cosa más que frustración porque el primero no alcanzaba una nominación.

Al final creo que Chris Rock pudo haberlo mucho mejor pero se fue diluyendo con la ceremonia y la fuerza del monólogo inicial se perdió por completo. Uno terminó extrañando a personas como Hugh Jackman o Neil Patrick Harris que son capaces de montar un gran espectáculo como anfitriones o – viajando un poco en el tiempo – a legendarios conductores de la gala como Billy Cristal o Whoopi Goldberg.

 El Óscar en los Tiempos de Trump…

No faltó quien criticara la reacción de muchos mexicanos al alegrarse por los triunfos de Emmanuel Lubezki y Alejandro González Inñárritu en las categorías de mejor cinematografía y mejor dirección, respectivamente, por su trabajo en The Revenant. Creo que enorgullecerse por el triunfo de un compatriota en alguna actividad no le hace daño a nadie. Incluso llegué a leer la reacción de una videoblogera quien decía que no le agradecían a México porque “no le deben nada a México”. Reacción equivocada pues tanto “El Chivo” como “El Negro” comenzaron a aprender de cine en nuestro país (la UNAM incluso publicó la credencial de Lubezki cuando fue estudiante de cine en el CUEC a manera de homenaje al cinematógrafo) y gracias a producciones realizadas en México es que pudieron dar el salto a un industria que – sobre todo – les permite vivir holgadamente de su arte y, lo más importante, tener una gran libertad para realizar sus creaciones.

Ambos han hecho historia y sus leyendas han crecido no solamente en Hollywood sino en el mundo entero. Creo que Lubezki se reafirma como el mejor cinematógrafo del planeta y que Iñárritu aún nos va a sorprender pues creo que aún no llega al cenit de su quehacer cinematográfico.

iñárritu

En tiempos en los que un racista y fascista como Donald Trump ha dejado de ser una mala broma para convertirse en un serio aspirante a la Casa Blanca, el triunfo de los mexicanos en una de las industrias que tradicionalmente ha sido bandera ideológica y política de los Estados Unidos es aún más relevante. En su brillante discurso de aceptación Iñárritu dejó en claro que si algo puede vencer al racismo es el arte. Jesús Ruiz Mantilla lo decía mejor que nadie en El País: “Grande entre los grandes, Iñárritu representa una voz y una mirada que ya ha marcado la historia global, desde una enriquecedora óptica de mestizaje latino”. En vísperas de una elección en la que el racismo en contra de los mexicanos será un tema de campaña, el triunfo de dos compatriotas se convierte una gran bandera política. Y eso tiene que alegrarnos a todos los mexicanos sin importar de que lado del Río Bravo estemos.

Morricone y DiCaprio…

Leía por ahí a otro indignado porque la gente celebraba más el primer Óscar a Leonardo DiCaprio que el primero al genio Ennio Morricone. No hay que ser tan exagerados. DiCaprio es una figura mucho más mediática que la del Gran Maestro italiano y es normal que la gente le identifique más. Lo que ambos comparten es que quizá la estatuilla les debió haber llegado antes: a Morricone por cualquiera de sus colaboraciones con Sergio Leone y Giusseppe Tornatore, y a Leonardo por The Wolf of Wallstreet. No he visto The Hateful Eight, así que no puedo opinar sobre el trabajo que el italiano hizo para esta cinta, pero si puedo decir que DiCaprio tuvo todos los merecimientos para ganar el premio por The Revenant. El uso que el actor hizo de su físico para transmitir dolor fue simplemente impresionante. Se trata de una actuación sin grandes matices emocionales salvo uno: el deseo de venganza como mecanismo de supervivencia. Es, sin embargo, una interpretación explosiva en la que todo ese deseo tiene que manifestarse a través del físico, algo que requiere de un talento enorme y de una comunión especial con el director para llevar a buen puerto a un personaje que esconde bajo una capa de sencillez una complejidad bárbara para hacerlo creíble y, sobre todo, para que su travesía en la propuesta fílmica sea catártica para el espectador.

Disfruté mucho del Óscar a Ennio Morricone. Es uno de los reconocimientos más importantes para un músico en toda la extensión de la palabra. También disfruté mucho del premio a Leonardo DiCaprio. Poco queda de aquel actor que sin mucha fuerza se subió al Titanic cinematográfico de James Cameron. Estamos ahora ante un actor maduro, capaz de llevar sus hombros un proyecto tan complejo en términos actorales como lo es The Revenant. Estoy seguro que también vamos a ver más de DiCaprio en los próximos años. Ojalá y podamos disfrutar de su talento por mucho tiempo más.

Spotlight…

No es la primera vez que La Academia premia a una película como la mejor del año mientras que sus actores y su director no son reconocidos en sus respectivas categorías. Pero a diferencia de otras ocasiones en lo que aquello era un lamentable error (¿se acuerdan de Shakespeare in Love?) parecería que en un año en el que hubo mucha calidad dentro de las películas nominadas, los académicos del cine norteamericano decidieron irse por lo salomónico y dividir la entrega de premios entre los filmes nominados. En este sentido creo que Spotlight merecía más premios – Mark Ruffalo por ejemplo pudo haberse llevado en el premio en la categoría de mejor actor de reparto – pero no hay duda que su triunfo como mejor cinta del año es muy merecido.

Ya he discutido en un post anterior las virtudes temáticas de Spotlight que la convierten en un filme necesario porque en estos tiempos de caudales de información reivindica al periodismo, y a su rigor, como un instrumento de denuncia, como un mecanismo solidario con aquellos que han sido víctimas de abusos. Pero además de eso hay que añadir que el filme, por supuesto, también tiene grandes virtudes cinematográficas. Su guión está perfectamente escrito, investigado y desarrollado – no en balde Tom McCarthy y Josh Singer ganaron el premio como mejor guión original – y tiene una narrativa envolvente sustentada por un montaje que le brinda a la película de un ritmo extraordinario, además de que su reparto funciona perfectamente logrando una película coral, ensamblada a la perfección. Spotlight representa a lo mejor del cine norteamericano, a sus posibilidades intelectuales y al uso que tiene el séptimo arte como un instrumento de denuncia pero también como uno de reconocimiento a quien pone todos los días su oficio al servicio de su comunidad.

Es el final del año cinematográfico. Un año contradictorio para un Hollywood acaparado por el cine de Súper Héroes, pero que es capaz de regalarnos joyas como las que estuvieron nominadas en la entrega de premios más importante en términos comerciales. Sí el Óscar ha servido como plataforma para que las películas generen ingresos en taquilla, ojalá y eso suceda con los filmes que se han llevado los premios. Porque uno de los aspectos que ha resaltado esta entrega es el hecho de que se trata de películas hechas por una comunidad que ha dejado de ser estrictamente estadounidense (cosa que si sucede con las películas de Súper Héroes que dominan la taquilla) y que comienza a ser el reflejo de una sociedad diversa y que históricamente se ha nutrido de otras culturas, de otras maneras de sentir el arte para lograr sus mejores productos.

Venga el nuevo año…

Así las cosas hoy miércoles…

Salud pues……

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